El juego en familia: motor del aprendizaje

El juego en familia: motor del aprendizaje

El que los padres se diviertan con sus hijos ayuda a los niños en los procesos de socialización.

notitle
29 de diciembre 2015 , 04:35 p.m.

Por esta época de vacaciones, es posible que muchos padres compartan más tiempo en casa con sus niños, y qué mejor que hacerlo jugando en familia y compartiendo tiempo de calidad con ellos, en medio de la diversión.

Sin lugar a dudas, el juego es una forma natural de aprendizaje. Por medio de él, los niños exploran el mundo que los rodea y viven cada etapa de su infancia con un toque lúdico y creativo, que les permite aprender con la experiencia. Además, las actividades que divierten, como lo hace el juego, enseñan también las primeras formas de relación con los demás y con los pares, es decir, establecen las primeras relaciones de socialización.

Un binomio creativo

La familia es el elemento que acompaña al niño durante toda la vida. Los padres facilitan a sus hijos la educación, la crianza y el aprendizaje desde que están muy pequeños; son los mediadores y el ejemplo para seguir. Y en el juego pasa igual. Son los adultos quienes deben proveer los elementos necesarios para que el niño explore, se divierta y se relacione.

En conclusión, no existe nada mejor que jugar en familia; además, no existen límites. Desde que los niños nacen, los padres pueden hablarles, acariciarlos, contarles un cuento y llevarlos a establecer contacto con el mundo que los rodea.

Más grandes, padres e hijos pueden lanzar un balón, ir al parque, cantar o bailar. Luego, montar en patines, bicicleta, y tantas ideas como lo permita la imaginación, sin indicaciones ni reglamento establecido, lo importante es que se compenetren, compartan tiempo juntos y se diviertan. Pero el principal beneficio del juego en familia es que se fortalece el vínculo existente y que a través de él se posibilita un aprendizaje sano, dinámico y enriquecedor.

Ahora, lo importante es que ese tiempo compartido sea de calidad, pues los padres no solo brindan a sus niños momentos de placer, sino que les transmiten conocimientos como los relacionados con las formas, los colores, el tamaño, la posición, el tiempo, la cantidad, el lenguaje y el esquema corporal, entre otros valiosos aprendizajes.
Los padres, entonces, son los que proveen las situaciones y los elementos que van a estimular y a afianzar todos los conocimientos básicos del niño sobre la percepción y los conceptos.

Al respecto, la psicóloga clínica Cecilia Zuleta, especialista en desarrollo y crianza, señala que detrás del juego hay una intención de comunicación y de vínculo con mamá y papá, quienes les dan significado a las sensaciones del pequeño. Según ella, a la hora de escoger los juegos hay que tener en cuenta los gustos, necesidades y habilidades del niño en cada etapa de su evolución.

Se encaminan las emociones

Los padres también son los encargados de fomentar la madurez emocional, puesto que orientan a sus hijos y los ayudan a sobrellevar las emociones de la frustración, la competencia, las derrotas y las victorias. El juego en familia también estimula la creatividad, el pensamiento y la capacidad de espera.

En este sentido, es fundamental promover el esfuerzo de los niños por ganar las cosas, así como el hecho de conocer sus fortalezas y debilidades, pues de esta manera aprenden a reconocer para qué son buenos y en qué casos deben luchar más por alcanzar una meta y lograr los objetivos.

Con el juego familiar también se refuerzan y asimilan mejor conceptos como la noción de cantidad, espacialidad y temporalidad. Así mismo, los colores, los tamaños y las formas.

Por edades y a la medida

La idea no es imponer, sino respetar el proceso de desarrollo del niño. Por ejemplo, en los primeros meses no se debe jugar bruscamente, sino hacerle masajes, cantarle, hablarle. El juego se inicia, incluso, desde que los niños nacen, y se involucran gestos, caricias, palabras y movimientos.

Después, al crecer, aparece otro tipo de habilidades físicas y cognitivas en el infante que dan la pauta para la puesta en marcha de diferentes actividades lúdicas.

En los primeros años, es posible distinguir los gustos. Por ejemplo, hay unos pequeños a los que les gusta más leer, otros se enfocan en el arte y hay algunos que prefieren los juegos de mesa.

Cuando ya pueden moverse solos, no hay que pensar mucho. Los juegos pueden ser muy sencillos, los cotidianos. Cocinar, saltar, correr, jugar a las escondidas, tirarse al piso y salir al parque del barrio. Además están las adivinanzas, los túneles caseros, los títeres, los trabalenguas, etc.

Ahora, en el día a día también se presentan espacios que permitirán jugar, como el momento de la comida, la hora del baño, la hora de vestirse, antes de dormir, obviamente, sin dejar a un lado el objetivo del momento, pero se puede hacer una antesala o inventar un juego o contar un chiste después de cada hábito.

“En esos momentos especiales con los niños, se les debe permitir que piensen, ejecuten y hagan cosas cotidianas. Ellos necesitan que los toquen, ‘patanear’ y tener actividades especiales”, indica Zuleta.

Para el adulto, además, es una oportunidad de volverse un niño de nuevo. De crear, imaginar, inventar, representar personajes. Puede ser una muy buena experiencia para desinhibirse, conocerse más y conocer a su hijo.

El juguete es lo de menos

Para jugar con los hijos no es necesario tener los juguetes más sofisticados del mercado ni los que están de moda. Lo importante es que el uso del juguete cuente con la instrucción del adulto y que deje en el pequeño una enseñanza, ya sea operativa o de valores.

También los espacios juegan un papel importante en el ejercicio lúdico: el patio de la casa puede ser un lugar espectacular para acampar; la sala, el espacio ideal para una obra de teatro, y unas simples cajas de cartón, la ventana a la imaginación, de donde nacen autos, barcos o míticos castillos. Las posibilidades no tienen límites, todo está en el ingenio para guiar a su hijo a que disfrute del juego y de la compañía familiar.

Integrarse y socializar

Cuando se juegue en familia, es aconsejable y dinámico cambiar de equipo; es decir, no jugar siempre con los mismos miembros para apoyar la socialización y la integración.
• A partir de los 2 años, una opción es hacer grupos de niños, según sus intereses, lo que tengan en común, para que compartan sus conocimientos y gustos.
•  Más grandes, alrededor de los 3 y 4 años, ya se pueden hacer dinámicas lúdicas en el parque, o que se acerquen a las actividades deportivas para que los niños empiecen a experimentar este tipo de juegos.
•  El adulto siempre debe promover un liderazgo sano: respetar y mantener las reglas, no pensar siempre en ganar y sobrepasar a los demás, fomentar el respeto y el compañerismo, entre otros aspectos. Debe recordar que es el ejemplo a seguir.

ABC del BEBÉ

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.