Días de sueños

Días de sueños

No vale la pena preocuparnos ahora por lo que ni siquiera sabemos si sucederá.

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28 de diciembre 2015 , 06:49 p.m.

Cada día trae su afán, dicen por ahí, con esa sabiduría popular que se repite de generación en generación, que cala, que convence: se trata nada menos que de la filosofía profunda traducida en dichos y refranes al alcance de todos.
Y este dicho que cito puede tener varias lecturas. Una de ellas, lo inútil, lo absurdo y lo desgastante de preocuparse por eventos que aún no han de llegar y sobre el curso de los cuales nada podemos hacer. ¡Solo preocuparnos! Y preocuparse, como lo dice la palabra, es ocuparse antes de tiempo.

Y sí, solemos vivir preocupados. Quizás sea por las exigencias económicas y sociales del mundo moderno y por la incertidumbre permanente de una vida que cambia de manera acelerada. Lo cierto es que el estrés se ha vuelto endémico. Un estrés que afecta las buenas maneras, que altera las relaciones con los demás, que entorpece los rituales cotidianos, que impide el gozo de las pequeñas cosas, que daña la salud, que enturbia la mente.

No sé si lo han notado: en estos días excepcionales que transcurren entre la Navidad y el nuevo año el estrés logra los niveles más bajos, mientras que la amabilidad parece alcanzar la cima. Andamos todos más relajados –ya ni siquiera nos estresan esas compras navideñas de última hora–, sin el acoso de tantas preocupaciones, algunos dedicados al descanso en tierras lejanas y otros viendo cómo sus propias ciudades adquieren por unos días un cierto tono paradisiaco, agradeciendo los logros del año que termina y soñando con un nuevo año bañado de felicidad...

Quizás sea eso en buena medida: el espacio que se le abre en estos días a la posibilidad de soñar con tiempos mejores. Un sueño que, además, parece llevar implícito el compromiso de convertirnos en mejores personas: más amables, más tolerantes, más amplias, más generosas.

Es como si en estos días de finales de año estuviéramos convencidos de que cada día trae su afán, y no vale la pena preocuparnos ahora por lo que ni siquiera sabemos si sucederá. Esa actitud es parte del encanto de esta semana, y valdría la pena tratar de alargarla un poco, de extenderla hasta que el nuevo año empiece a dejar atrás la fiesta. Y, por qué no, convertirla en filosofía de vida, en uno de los pilares de los meses por venir.

Les agradezco su amable lectura durante el 2015 y les deseo un nuevo año lleno de momentos gratos.


Fernando Quiroz

@quirozfquiroz

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