¿Golpe blando a alternativas progresistas?

¿Golpe blando a alternativas progresistas?

Se produjo un 'desenamoramiento' del proceso revolucionario que no tuvo moral.

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27 de diciembre 2015 , 09:55 p.m.

Una aproximación desde las Ciencias Sociales al proceso electoral del 06 de diciembre en la República Bolivariana de Venezuela nos debe conducir –en equilibrado tratamiento y previo descarte de las emociones compulsivas, intereses económicos y prejuicios ideopolíticos–, a identificar los factores que determinaron tales resultados. Desde luego, no derivan ellos de una única circunstancia atribuible a procesos endógenos –indescartables, por supuesto–, sino también a externalidades complejas. Venezuela es el quinto productor de petróleo en el mundo, pero el primero en reservas, y ha orientado un realineamiento regional con un fuerte tono social y democrático, en el cual basa su proyecto de emancipación sociopolítica.

Este país se ubica hoy en el puesto 71 del Índice de Desarrollo Humano (IDH) –ponderado por el PNUD, 2015, que toma en cuenta variables sociales y económicas–, al situarse en el rango de los países que han logrado mayor índice de igualdad social.

La circunstancia histórica de que en 19 años de revolución bolivariana se hubieran realizado 17 procesos electorales –dos de ellos desfavorables al chavismo– que las auditorías internacionales declararon impecables generó una estrategia reactiva de Estados Unidos ante la aparente consolidación del régimen “socialista”, e impulsó dispositivos simbólicos propios de la psicología política, como la “guerra de cuarta generación”, principalmente instrumentalizados a través de alianzas mediáticas privadas, la exaltación de los sectores de oposición y el desprestigio sistemático del régimen.

Además, había que reinventar su debilitado Consenso de Washington, con instrumentos económicos como el Área de Libre Comercio para las Américas (Alca), para asegurar el acceso de sus corporaciones transnacionales al mercado regional con gran rentabilidad y bajos costos laborales, cuyas cláusulas anexionistas le permitirían disponer de la enorme gama de recursos naturales, la propiedad intelectual y la privatización y monopolio del conocimiento y la tecnología, incluyendo ámbitos como la genética y la biodiversidad.

Entonces, fue evidente que EE. UU. no terminaría de lamentar la derrota del Alca en Mar del Plata (Argentina), en 1995, cuando el presidente Chávez proclamó con resonante grito “¡Alca, al-carajo!”, respaldado por 34 mandatarios de América Latina y el Caribe.

Por ello, la sistemática ofensiva lanzada por Estados Unidos para restaurar su escenario de influencia estratégica en la región convertiría a América Latina y al Caribe en teatro de operaciones de confrontación, con la finalidad geopolítica de disputarles espacios a China y Rusia, potencias con dinámico influjo en la región.

La preocupación de las élites económicas y de los actores políticos norteamericanos se habría de centrar en el papel económico cumplido por el Estado en Argentina, Brasil y Ecuador: “países que, en general, desarrollaron novedosas políticas sociales de rescate directo de segmentos importantes de la población en extrema pobreza con resultados inéditos en términos históricos”. Fue la única región del mundo que registró en el período referido una significativa disminución de la desigualdad en la distribución del ingreso monetario. Sin embargo, las medidas adoptadas no abandonaron del todo el credo neoliberal y allí empezó el endémico traspiés.

La oposición venezolana había tenido un comportamiento de crítica al sistema con argumentos propios de la ideología de derecha sin violencia aparente, pero en la oportunidad en que Maduro derrotó a Henrique Capriles en febrero de 2014, este dirigente no aceptó el veredicto popular proclamado por el CNE, se alzó contra la institucionalidad democrática y llamó a la violencia, acción que dejó un saldo de víctimas humanas y daños materiales.

Esas circunstancias constituyeron el pretexto para que, el lunes 09 de marzo, la Casa Blanca declarara la “emergencia nacional” por la situación política venezolana e indicara que ese país “constituye una seria amenaza para la seguridad nacional estadounidense”: http://www.infobae.com/2015/03/09/1714778-obama-declara-venezuela-una-amenaza-contra-la-seguridad-los-eeuu. Este hecho atemorizó a gran parte de la población y empezó a producirse un ‘desenamoramiento” del proceso revolucionario, que aunque tuvo enormes logros en el campo social no tuvo su equivalente moral, como lo reconoció el propio presidente Nicolás Maduro.

Sin duda, la caída del precio del petróleo y la corrupción fueron la causa eficiente del desastre económico. Además del sabotaje económico, las múltiples formas de acaparamiento, contrabando y especulación promovidas por el poderoso gremio empresarial en impúdicas alianzas con sectores corrompidos del gobierno contribuyeron al fracaso electoral. A ello se agrega la manipulación desde Colombia del comercio legal e ilegal (ver información de El Tiempo 19-12-05), y la presencia comprobada de mafias y paramilitarismo.

ALPHER ROJAS

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