Orry-Kelly, el secreto a voces del vestuario del Hollywood dorado

Orry-Kelly, el secreto a voces del vestuario del Hollywood dorado

La vida del diseñador ganador de tres Óscar llega a la pantalla grande en 'Women he's undressed'.

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27 de diciembre 2015 , 08:55 p.m.

Ginger Rogers lloró en su hombro cuando su prometido la plantó, Bette Davis forjó la personalidad de sus fuertes heroínas en sus prendas y Marilyn Monroe nunca lució más voluptuosa que con sus diseños. Perfiló los guardarropas de estrellas como Humphrey Bogart, Rosalind Russell, Dolores del Río, Errol Flynn y Jack Lemmon. Vistió a los personajes de 282 películas y ganó tres premios Óscar al mejor diseño de vestuario por ‘An American in Paris’ (Vincente Minnelli, 1951), ‘Les Girls’ (George Cukor, 1957) y ‘Some Like it Hot’ (Billy Wilder, 1959). Un documental sobre la vida y obra de Orry-Kelly reivindica su talento y supone un alegato por la valentía con la que defendió su identidad sexual. El estreno de ‘Women He’s Undressed’ en su Australia natal coincidió con la publicación de sus memorias, ‘Women I’ve Undressed’, y la inauguración de una muestra de sus diseños en Melbourne.

Durante los años 30 y 40, Hollywood era uno de los lugares más homófobos del mundo, pero el artista decidió vivir con libertad su homosexualidad y cuestionar las convenciones; incluso, en pleno apogeo del Código Hays, un conjunto de normas restrictivas y puritanas aplicadas al cine que iban desde limitar la duración de los besos en pantalla a 2 segundos hasta prohibir la exhibición del ombligo. (Lea también: La cruel y dura realidad de envejecer en Hollywood

“Con la imposición de la censura se obligó a los diseñadores de vestuario a contraer matrimonio para guardar las apariencias, pero Orry se negó, mientras que los otros dos grandes diseñadores del periodo, Adrian, de MGM, y Travis Baton, de Paramount, aguantaron por el bien de su carrera. De ahí que Orry fuera menos famoso, porque una vez se casaban alcanzaban proyección en la prensa con apariciones permanentes en revistas, mostrando sus casas y sus adorables mujeres”, explicó la directora de la película, Gillian Armstrong, durante una entrevista en el pasado Festival de Toronto.

El filme relata el viaje de Orry-Kelly, hijo de un sastre, desde Sídney hasta la meca del séptimo arte. Con 24 años, el australiano cruzó el océano Atlántico para llegar a Nueva York, donde hizo sus primeros pinitos como actor en Broadway, pero no le fue muy bien, por lo que tuvo que cambiar de oficio. Comenzó a diseñar corbatas y tocados, y a pintar murales.

Escena de 'Casablanca'. / Foto: Archivo particular.

Fue entonces cuando se cruzó en su vida el bello pero pobretón acróbata inglés Archibald Leach. Durante nueve años compartieron sueños, habitación en Greenwich Village, el dinero que la madre de Orry le enviaba y los ingresos que Leach lograba con su trabajo como acompañante de mujeres ricas. Se marcharon juntos a Hollywood para buscar mejor fortuna, pero, una vez allí, el británico cambió su nombre artístico a Cary Grant y a medida que fue subiendo los peldaños del Olimpo cinematográfico se fue alejando de su entonces amante y amigo, hasta el punto de avergonzarse de su existencia compartida.

“Orry sintió traicionadas su amistad y lealtad. Cary lo bloqueó por completo, no lo menciona en ninguna biografía. En aquel entonces podías ser arrestado por ser gay y en el trabajo debían ocultar su condición sexual, pero Orry tuvo el coraje de vivir una existencia auténtica. Grant, en cambio, encubrió su homosexualidad hasta el final. En 1980 llegó a interponer una demanda contra Chevy Chase por referirse a ello. Me apena muchísimo”, menciona Armstrong. (Vea aquí: El peluquero colombiano de Hollywood)

Después de años de menosprecio, Cary se puso en contacto con Orry, y luego de conversar amigablemente, como en los viejos tiempos, le preguntó si era cierto que estaba escribiendo unas memorias y le conminó a no hablar de la relación que habían mantenido en el pasado. Paradójicamente, en el momento de la muerte de Orry, Cary Grant, junto con Tony Curtis y los directores George Cukor y Billy Wilder fueron los portadores del féretro.

Ninguna de las dificultades impidió que el diseñador de vestuario fuera abriéndose un espacio en los grandes estudios. Entre 1932 y 1944 lideró el departamento de vestuario de Warner Bros, al frente de la creación de los atuendos de clásicos de la gran pantalla, como el musical ‘La calle 42’ y el hito del cine negro, ‘El halcón maltes’.

“Cada estudio tenía una naturaleza particular: MGM realizaba musicales elegantes; Paramount, películas exóticas en blanco y negro; y Warner fichaba a gente real, actores que no eran galanes, como Edward G. Robinson y James Cagney, más realistas, procedentes del teatro. Solo cuando empezó a incorporar actrices, como Bárbara Stanwyck y Ruth Chatterton, necesitó vestuario”, menciona el productor y asistente de dirección de ‘Woman he’s Undressed’, Eric Sherman.

Las claves del estilo de Orry- Kelly eran la elegancia, la valentía, la simplicidad y la clase. De ahí que sus diseños hayan resistido la prueba del tiempo. (Además: La actriz que se inventó una carrera en Hollywood con imágenes falsas)

Eran tiempos de hedonismo y éxito. Frecuentó cenas VIP en el hogar de Jack Warner, se zambulló en fiestas gays organizadas por George Cukor y Cole Porter y fue invitado asiduo de los glamurosos fines de semana que el magnate de la prensa Randolph W. Hearst organizó en su palacio San Simeón, y que en 1941 inspiraron ‘Ciudadano Kane’, de Orson Welles.

Entre sus prendas más icónicas destaca el vestido rojo que Bette Davis lucía en Jezabel (William Wyler, 1938). Como la película se rodó en blanco y negro, Orry simuló el encarnado dándole un tono gris al atuendo. “A menudo, los diseñadores procedían del mundo de la moda, para ellos lo importante era el vestido, pero Orry había sido actor y adoraba los personajes y la trama, de modo que estaba deseando que los intérpretes fueran valientes. Las actrices siempre querían lucir bonitas, nunca feas o gordas, y el diseñador ayudó a Bette a emprender esa lucha”, argumenta la directora del documental.

Para la película de Michael Curtiz ‘The Private Lives of Elizabeth and Essex’, tanto la protagonista como Orry quisieron plasmar un look que reflejase el estilo del maestro del retrato del siglo XVI, Hans Holbein. “Orry era muy respetuoso del periodo histórico, al contrario de los estudios, para los que primaba que el diseño favoreciera a la actriz; ellos no objetaban si el vestuario no se ajustaba a la época. De hecho, aunque la historia transcurriera, por ejemplo, en el siglo XVIII, los peinados de las intérpretes eran de los años cuarenta. Bette, en cambio, no quería ser embellecida en exceso, porque tenía un sentido arraigado de la autenticidad, así que mantuvo su cabello corto para interpretar a la reina”, detalla Gillian Armstrong.

Con Curtiz repitió en 1942 en ‘Casablanca’, pero aunque el vestuario de Ingrid Bergman fue un acierto, tanto por su elegantísimo y al mismo tiempo sobrio y discreto aspecto como por el predominio del blanco en el caluroso escenario de Marruecos, ha sido el abrigo que lucía Humphrey Bogart el que ha pasado a la historia. Según la directora australiana “El rumor es que la gabardina que llevó Humphrey estaba inspirada en el vestuario militar y que cuando se vio en ‘Casablanca’ se convirtió en tendencia”.

Otra prenda revolucionaria fue el vestido transparente de Marilyn Monroe en ‘Some Like It Hot’. El desprecio de la legendaria actriz por la ropa interior era vox pópuli y había sido revelada por ella misma: “Para dormir solo necesito unas gotas de Chanel Nº 5”. De ahí que Orry, que siempre adaptaba el vestuario a la silueta y la personalidad de sus portadoras, diseñara un vestido nude que no dejaba nada a la imaginación. “Yo fui a ver la película por ver a Marilyn en esa escena, y no soy gay. Me gustan esos pechos”, asegura Jane Fonda.

El maestro de la aguja falleció de un cáncer de hígado en 1964, dejando como testamento fílmico dos películas. Una intrascendente, llamada ‘In the cool of the day’ (Robert Stevens, 1963), una película con dejes de culebrón protagonizada por Fonda que pasó sin pena ni gloria. “Ninguna de las películas que hicimos juntos fue demasiado buena, pero quizás se hizo amigo mío porque sabía que era hija de Henry Fonda y que ese vínculo familiar me suponía una enorme presión, era vulnerable y me faltaba confianza, así que trataba de animarme”, opina la actriz.

El otro filme fue la comedia de Billy Wilder ‘Irma la Dulce’, donde volvía a dar una lección de estilo con la mixtura entre el negro y los colores pastel, un contraste que, por ejemplo, pudimos revisar en ‘Edward Manostijeras’.

La influencia de Orry-Kelly en nuestra cultura cinematográfica y en nuestros armarios es un hecho, pero ha sido un secreto que al fin se ha revelado a las nuevas generaciones.

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