Con capoeira buscan promover los valores en Pereira

Con capoeira buscan promover los valores en Pereira

La estrategia tiene el propósito de reconstruir el tejido social y la convivencia.

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27 de diciembre 2015 , 10:21 a.m.

Al ritmo del tambor, el berimbau y las palmas, los cuerpos empiezan a danzar en un duelo sin contacto. La fuerza, la concentración, la habilidad y el ritmo son esenciales para la fluidez de los movimientos, los giros y los saltos propios de la danza que alguna vez fue de los esclavos.

Los pies descalzos se acoplan al piso tosco y se dejan llevar por la música. En la ciudadela Salamanca de Pereira son muchos los pies que danzan y giran con la capoeira.

La capoeira es un arte marcial que viene desde la esclavitud, y que tiene una gran carga ancestral, y ahora, un grupo de casi 40 niños y jóvenes de Salamanca está entregado a su práctica, guiados por 'Capoeira Nativos' en Pereira.

Este aprendizaje hace parte de una estrategia que busca la reconstrucción del tejido social y convivencia.

La ciudadela Salamanca es un proyecto de vivienda gratuita, consta de 825 apartamentos que fueron entregados a una población diversa: desmovilizados, reintegrados, afrodescendientes, indígenas y reubicados, lo que ha generado un encuentro de culturas.

Es por ello que se creó la estrategia 'Vivir en Salamanca es una nota', propuesta por el gobierno municipal a través de la Secretaría de Gestión Inmobiliaria, y que es apoyada por el Ministerio de Vivienda, y con esta se busca trabajar temas de urbanismo social, respeto por los espacios comunes y públicos, y sobre todo, promover la sana convivencia en propiedad horizontal, pues la diversidad en las poblaciones que habitan en este lugar, por sus culturas y costumbres genera situaciones de conflicto.

‘Vivir en Salamanca es una nota’ hace parte del macro proyecto 'Gonzalo Vallejo', que es un proyecto de vivienda, y lo que hace también es generar recursos para que en esa urbanización de vivienda gratuita se fortalezcan los componentes sociales.

Así, a través de la danza, la pintura, el teatro, la música, y ahora la capoeira, se promueven valores y civismo.

Por su parte, incorporar la capoeira como reconstrucción del tejido social es una iniciativa que se viene replicando en el mundo por organizaciones como la Unicef, y ONG que están trabajando de la mano de la Unesco en poblaciones vulnerables como Palestina, Franja de Gaza o Irán, cuyas comunidades pasan por situaciones difíciles.

En Colombia es una iniciativa reciente, y Salamanca es uno de los proyectos más fuertes, además de que la inclusión de este arte marcial es, prácticamente, una prueba piloto.

El proyecto social 'Vivir en Salamanca es una nota' lleva un año, y la práctica de capoeira, aproximadamente dos meses.

Francisco Javier Hincapié es un comunicador social-periodista que practica capoeira hace 13 años y que junto a tres personas más lideran los entrenamientos en Salamanca.

"Estamos trabajando a través de la capoeira, que es un arte marcial que viene desde la esclavitud y que ofrece una liberación emocional y enérgica. Aquí trabajamos la disciplina, el respeto, el amor por los demás, el compañerismo y una sana convivencia con los estudiantes", explica Hincapié.

Cuenta también que el impacto de su trabajo ha sido fuerte, y considera que les ha ido muy bien con el proyecto. Son alrededor de 35 y 40 niños y jóvenes muy comprometidos; el grupo está conformado por niños desde los 5 años hasta adolescentes de 18 años.

"Llegamos sin buscarlo, y nos encontramos un grupo muy irrespetuoso, no se les podía decir nada porque era para problemas y no dejaban dictar las clases. Entonces el respeto hacia los demás y hacia nosotros mismos se convirtió en prioridad. Ahora logramos que hasta el espacio se vuelva importante, y no les cuesta organizar jornadas de limpieza", dice el comunicador.

Julián Andrés Martínez, de 26 años, es el guía del grupo Capoeira Nativos Pereira, y describe su paso por Salamanca como una experiencia espectacular al ver a los niños enamorados de la capoeira.

El éxito se lo atribuye a que la capoeira es muy cultural, y al inyectarle cultura a las actividades, la gente se compromete más, además de que llevarlos a otros espacios a que compartan con otros su aprendizaje, y mostrarles un mundo fuera de Salamanca crea lazos más fuertes entre los guías, los niños y la capoeira.

Y gracias a la acogida que ha tenido entre los niños y jóvenes, las clases que antes eran dos veces por semana, se han ampliado a clase de samba, y los domingos los integran a la comunidad pereirana, porque entrenan en el Obelisco de la Villa.

"Integrarlos los domingos ha sido la estrategia para que ellos conozcan y la ciudad los conozca, que se den cuenta que son personas juiciosas, comprometidas, y que pueden construir ciudadanía. Es visibilizarlos y hacerlos importantes en esta ciudad que tiene la capacidad de incluir y acoger", explica Francisco.

El gusto que los chicos han adquirido por este deporte los ha llevado a avanzar en el aprendizaje. Iniciaron conociendo su cuerpo, sus capacidades y sus límites. Trabajaron acondicionamiento físico, estiramiento y los movimientos básicos.

Su talento y el dominio del nivel básico llevó a los guías a subir la exigencia, ahora hay muchos que están en nivel intermedio, además de que incluyeron lecciones de lengua básica en portugués, como canciones, saludos y números, y les enseñan a tocar los instrumentos, todo el pro de que se apropien de otra cultura, y aprovechar la capacidad de asombro tan propia de esa etapa de la vida.

"Los profesores nos dicen que hemos avanzado mucho, y que aprendemos fácil todo lo que nos enseñan. Es un deporte muy bueno y acá en Pereira casi nadie lo practicaba. Fue un gusto empezar a entrenar y aprender a trabajar con personas de otros lados, nos acostumbramos y trabajamos el respeto, nos llevamos bien. La capoeira significa un estilo de vida", dice Rafael Mosquera Romero, un joven de 18 años que asiste a los entrenamientos.

Con los padres de familia el balance también es positivo. Francisco manifiesta que al inicio estaba el temor de que la capoeira era una religión, que les iban a quitar la fe católica o cristiana, y manejaban el tema como un tabú.

Así que tuvieron que acoger a los padres para que asistieran a los entrenamientos y conocieran. Y además acercarse a sus hogares para que supieran quiénes eran las personas que estarían con sus hijos.

Los padres expresaron su temor por el imaginario del contacto y la agresión en la capoeira, y entendieron que es al contrario, que allí cuidan a la otra persona, se dan amor y respeto. Ahora quieren conocer cómo será el proceso el próximo año porque prefieren que los niños entrenen a que se involucren en actividades perjudiciales.

Samanta Pérez tiene 11 años y cuenta que sus padres han tenido mucha confianza de dejarla ir a entrenar con tantos hombres, porque todos han demostrado respeto y responsabilidad.

"Mi colegio es femenino y a mis compañeras casi no les gusta que yo entrene porque creen que es solo para hombres. A veces entrenar es duro porque los grandes aprenden más rápido y fácil porque tienen fuerza, pero nuestro cuerpo se va adaptando con el entrenamiento", explica.

Por su parte, Nelson Serna, tío de Samanta, expresa que se siente muy agradecido porque en esa ciudadela necesitan el apoyo para enseñar deportes a los niños, entretenerlos y ocuparlos sanamente, y así no dejarlos pensar en los malos caminos. "Me parece bien y yo la incentivo, a que siendo femenina también entrene, porque está en crecimiento y es importante para su desarrollo emocional. Es un buen deporte", dice.

La transformación de la comunidad ha sido notable, desde los niños, los padres y los guías. Estos últimos han evolucionado con el proceso, pues ya no solo están involucrados con la formación en capoeira, sino que han estrechado lazos de apoyo con sus pupilos, a quienes aconsejan. "Estamos transformando la vida de algunos, y no lo esperábamos, no pensamos en llegar a tantas personas.

Es un proceso grande, bonito e importante para ellos. Lo estamos haciendo por pasión y de la manera que sea vamos a seguir porque recuperamos un espacio para una actividad física. No es posible cortar estos lazos de afecto tan súbitamente.

Este un refugio para todos", dice Francisco, quien señala que ese grupo le ha tocado el alma, y lo han apropiado tanto que ha cambiado muchas cosas de su vida por Salamanca. "Es un momento para entregar todo lo que tenemos sin reservas".

La música empieza y todos, en círculo, comienzan a aplaudir marcando el ritmo, y los cuerpos empiezan a moverse. En parejas van al centro y muestran sus mejores giros, se paran en las manos, hay patadas, vueltas y cero agresividad.

Las raíces son las mismas, a pesar de los colores de piel, el lugar de origen y las condiciones que los llevaron a estar en el mismo lugar. No hay conflicto entre ellos, aprenden por medio de actividades a convivir, a compartir, a formar lazos.

THALIA YUMBLA RUIZ
PEREIRA

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