Si va a tomar, no tenga relaciones / Sexo con Esther

Si va a tomar, no tenga relaciones / Sexo con Esther

Aunque digan lo contrario, el alcohol y la cama no son compatibles.

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26 de diciembre 2015 , 06:59 p.m.

El alcohol, para qué negarlo, es un invitado natural en la mayoría de las celebraciones, particularmente las de fin de año.

Es más: salvo que medie una restricción médica, que haya personas que prefieran celebrar sin tomar o que son abstemias conversas (es decir, de aquellos que en algún momento eran capaces de tomarse hasta el agua de los floreros, pero que hoy se desmayan frente a una copa), prácticamente todo el mundo acata la licencia de beber en diciembre. (Lea también: Mujeres: más orgasmos, pero menos polvos)

El problema es que el licor y la cama son incompatibles, aunque muchos tengan interiorizada la falsa idea de que unas copas son los mejores aliados a la hora del polvo, además de cómplices de primera en la tarea previa de invitar a alguien al catre.

Pues no hay tal. El alcohol es un depresor del sistema nervioso, lo que traducido en una columna como esta quiere decir que todo se hace a media máquina y las funciones del departamento inferior no son la excepción.

Dirán algunos que unos tragos regalan una actitud alegrona, que empuja a aflojar hasta la ropa, pero esa percepción, valga decirlo, también es parte del juego perverso del alcohol.

Sin tanto misterio, se los explico: el alcohol primero deprime lo que inhibe, por eso parece avivar en las primeras de cambio, pero una copa más y el desenlace no puede ser más vergonzoso. (Vea: ¡Sin lubricante no, señores, por favor!)

En los señores, por ejemplo, la preciada erección literalmente se va al suelo, y cuando permite la acción, la eyaculación se retarda eternidades o puede diluirse hasta desaparecer.

Y eso, cómo no, causa frustración total, en medio de una ansiedad que puede tornarse en aburrimiento, irritabilidad y agresión, ingredientes peligrosos sobre una cama.

En las mujeres (muchos estudios lo respaldan) el alcohol va más allá, porque la sensibilidad en el abajo casi desaparece, lo que hace que se deslicen hacia una anorgasmia que se acompaña de ganas de salir corriendo del catre, con el agravante de que nos deja vulnerables ante los abusos y los excesos.

Por supuesto que todo esto va de la mano con la cantidad de tragos que se consumen, lo que no quiere decir que todas estas desgracias se eviten con una sola copa; en todo caso, el llamado es a la prudencia y a la moderación.

Es necesario entender que de nada vale aumentar las ganas, orientar los impulsos y querer desbaratar al otro en medio de una faena sexual, si el disfrute sale en estampida con unos tragos de más.

Así que métanse esto en la cabeza: si van a tomar, mejor no se encamen. Y si lo hacen, apliquen para todo trago la dosis de los martinis; estos tragos son como los senos: uno es muy escaso y tres son demasiados. Feliz Año. Hasta luego.

ESTHER BALAC
Para EL TIEMPO

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