Las 'feminazis'

Las 'feminazis'

Tal vez el feminismo en el siglo XXI es de 'feminazis', como había dicho su amigo.

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25 de diciembre 2015 , 08:31 p.m.

“El feminismo ya no es necesario”, le dijo su amigo mientras le lanzaba una mirada rápida. Ella pensó que tal vez tenía razón y que no era cierto que la situación de la mujer fuera igual que hace cincuenta o cien años. La verdad es que ella tuvo acceso a la educación, había conseguido un trabajo decente, podía votar y no estaba condenada a servirle la cena a su marido, como le ocurrió a su madre.

Al final de la cena, su amigo insistió en pagar la cuenta y bromeó, “no te preocupes, yo sé que tienes un salario, ahora no me vas a llamar machista, pues, como esas ‘feminazis’ ”. Ella sonrió y le dijo, por supuesto, que no. Así que él pagó. Al salir del restaurante se dieron un abrazo y él le tocó el abdomen, “estás en forma, ¿no?, ¡mira que si no estás casada, te hago la vuelta con toda!” Ella, acostumbrada a comentarios con carga sexual por parte de sus amigos, colegas de trabajo y jefes le respondió: “Ay, tan bobo, chao”, y se alejó, de camino al parqueadero.

Mientras caminaba, pasaron dos hombres a su lado y tras mirarle el busto, le susurraron: “Está muy buena, mamita”. Ella no respondió, asustada, pues la calle estaba desierta. Al subirse a su carro, recordó a su jefe iracundo gritándole por un error que había cometido él, pero que insistía en endilgárselo a ella. Su estómago gruñó;, casi no había comido nada porque debía ser lo más delgada posible, sin cadera, sin busto, con la clavícula marcada y grandes ojeras. Tenía hambre, siempre tenía hambre. Comía poco porque así tenía que ser. Las mujeres con sobrepeso eran unas fracasadas, se lo había dicho siempre su padre.

Su marido solía devorar inmensas hamburguesas y decir que “un hombre sin barriga es como una playa sin mar”. ¿Por qué ella no podía tener barriga, caderas anchas y comer lo que se le antojara? Antes de prender su carro se quitó los tacones que le causaban un dolor permanente en la planta del pie. Pero no se quitó su abrigo porque eso podría atraer a posibles atracadores.

Una mujer sola y bonita era la presa perfecta. Su marido, después de unos minutos, empezó a mandarle mensajes de texto donde le preguntaba a qué hora iba allegar a la casa, y esperaba que fuera pronto, “¿o es que te volviste una mujer de mala vida, mi amor?” El comentario no la alteró. Su marido la amaba, la protegía, y el mensaje de texto era inofensivo. Prendió la radio. En un programa hablaban de la esposa de un oyente, y el hombre produjo una carcajada general al referirse a ella como “la fiera”.

Sí, tal vez el feminismo en el siglo XXI era de “feminazis”, como le había dicho su amigo. Recordó que, años atrás, había abortado en una clínica privada y no pudo compartir su experiencia con nadie, pues el procedimiento daba hasta tres años de cárcel. Se sintió como una criminal. ¿Por qué?, se preguntó, mientras esperaba que el semáforo cambiara a verde. ¿Por qué me sentí como una criminal? A los pocos segundos, un hombre aprovechó que la mujer había bajado el vidrio del carro y le cortó la mejilla izquierda con un cuchillo, obligándola a bajarse del carro. Días después, con su rostro destrozado, recordó el término que había usado su amigo, “feminazi”.

MARÍA ANTONIA GARCÍA DE LA TORRE
@caidadelatorre

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