Editorial: El diez ha caído

Editorial: El diez ha caído

La caída de Platini, es la caída de un héroe que un día tuvo el valor de retirarse de las canchas.

25 de diciembre 2015 , 08:31 p.m.

Era común ver afiches del armador Michel Platini, ‘10’ de la selección francesa y del Juventus de Turín, en sus mejores días como futbolista: sus seguidores del mundo entero admiraban su consistencia, su visión, su técnica; sus remates, más propios de un goleador que de un mediocampista. Su carrera en el campo de juego lo llevó a ser campeón de Italia y Europa; lo hizo merecedor del Balón de Oro para el mejor futbolista del mundo, en 1983, 1984 y 1985, de acuerdo con el criterio de la revista France Football; lo condujo a recibir, de manos del Gobierno francés, el representativo título de Caballero de la Legión de Honor. Su imagen de hombre serio lo convirtió desde su retiro, en 1987, y en especial en las dos décadas pasadas, en uno de los dirigentes más respetados del planeta.

Fue el entrenador del equipo de su nación. Dirigió la federación de su país. Administró la Uefa. Pero justo ahora, cuando su nombre sonaba fuerte y claro para reemplazar en la presidencia al controvertido Joseph Blatter, por “pagos desleales”, el Comité de Ética de la Fifa –redescubierto, hay que decirlo, luego de años de rumores sobre los desmanes del mundo del fútbol y después de meses de investigaciones del FBI y de condenas de la justicia norteamericana– acaba de sancionarlo, junto con Blatter, por un período de ocho años alejado de cualquier actividad relacionada con su deporte. Platini ha denunciado la condena como “una farsa patética” y ha anunciado que buscará apelación en la corte de arbitraje del deporte.

La salida del señor Blatter, a cargo de la Fifa en los multimillonarios tiempos del fútbol transmitido por televisión, es un recordatorio de que el negocio del balompié quiso vivir y prosperar por encima de la ley en gracia de su popularidad. Pero la caída del confiable Platini, metido hasta la médula en los tejemanejes de las ligas y los campeonatos más exitosos, es la caída sin nada de gloria de un héroe que un día tuvo el valor de retirarse de las canchas porque ya no encontraba placer en el deporte, porque el objetivo del fútbol tenía que ser –según declaró– divertirse, alegrarse.

EDITORIAL
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