Regreso literario a una juventud ida

Regreso literario a una juventud ida

Análisis del libro 'Jardines sin flores', del escritor Alfonso Carvajal.

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25 de diciembre 2015 , 05:06 p.m.

‘Jardines sin flores’ es un homenaje a la memoria antes de que la memoria, como los jardines, quede sin flores. Eso, en gran parte, es el motivo de la escritura y el autor lo sabe muy bien. El libro también es un homenaje a la infancia y a la locura, es decir, a lo mismo con distinto nombre: a la infancia se le permite la locura, pero cuando el adulto es niño lo acusan de loco. El niño y el loco son el mismo personaje. De igual manera, la infancia es un paraíso, se ha dicho hasta el cansancio, pero tal vez como con suspicacia lo afirma el gran poeta mexicano López Velarde, también un edén subvertido, un paraíso escamoteado o invertido, a veces un infierno.

La niñez y sus lecturas, los cuentos de niños –nos dice Alfonso Carvajal– son mucho más de lo que parecen. Quizá todas las historias de niños, al igual que el paraíso, guarden un envés, otra cara del espejo y nos conduzcan con suerte a otros mundos menos castos y correctos. El autor interviene, palabra de moda, estos cuentos, los hace girar aún más con Alicia, el lobo, Caperucita, El flautista de Hamelín, etc. En sus manos estas púdicas historias cobran otro vuelo, otro sentido. Habría que leer estos relatos en los colegios al lado de las originales para confrontar con los lectores sus emociones e interpretaciones.

Estos textos también nos hablan de una ciudad desaparecida, de trozos de ciudad que sucumbieron al tiempo, pero que aguardan agazapados en el recuerdo de algunos que los vivieron como el autor y que hacen parte de su educación sentimental. En ese sentido este libro es además un libro de formación, de formaciones. El teatro Imperio y su oscura escuela de iniciación sexual; el colegio, algún inquilinato, las primeras lecturas, la hierba, los hongos frutos todos de los jardines y de su jardinero mayor Alfonso Carvajal.

Pero hay otro homenaje y es a los seres que lo habitan. Marginales, trashumantes, flaneurs, sabios, locos, drogos, suicidas, una corte de excéntricos sobre los que el autor llama la atención como señalándonos que allí hay una sabiduría desperdiciada, unas experiencias fantásticas que ignoramos con mezquindad porque ellos hacen parte de ese desecho humano que puebla las ciudades modernas. Son parte del paisaje, pero lo ensucian, son caballeros de la mancha.

Creo que Alfonso los envidia y por eso habla de ellos de manera tan entrañable. Le debe atraer de ellos su descarada libertad, su desparpajo ante la solemnidad, su soledad llena de enigmas, su voluntad para escapar de la racionalidad, su cotidiana condición aventurera.

GUIDO TAMAYO*
Especial para EL TIEMPO
Novelista y gestor cultural*

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