Hoy también

Hoy también

La historia de la conversión de Saulo me ha encantado siempre. Hoy es buen pretexto para recordarla.

notitle
23 de diciembre 2015 , 07:22 p.m.

Hay en Atenas, muy cerca de la Acrópolis, un peñasco de mármol que reverbera con el sol y con la luna, da igual. Abajo está un bosque, los pájaros lo agitan. Los turistas llegan del Partenón y se sientan en sus piedras, unos tocan guitarra, otros toman vino, los demás se hacen fotografías con un bastón estirado: las desechables selfis en las que se ha convertido la vida de todos.

Ese monte –que es casi azul, con incrustaciones rojas, como heridas– se llama el Areópago y muchos de los que lo visitan, guitarra y botella en mano, bastón de selfi en la otra, no saben o no recuerdan, o no les importa, por qué habría de importarles, que en él fundó San Pablo o Saulo de Tarso el cristianismo. O mejor: que allí lo definió para siempre al predicarles a los atenienses el evangelio, la buena nueva.

Se sabe que Saulo (Pablo) era judío y ciudadano romano, pero con la formación cultural propia del oriente del Imperio, de las provincias helenísticas cuya lengua común era el griego, aunque también hubiera quien hablaba en latín y los judíos arameo. Esa había sido la semilla que clavó e hizo florecer Alejandro Magno tres siglos antes: un mundo riquísimo atravesado por pueblos y dioses y sangres que allí se cruzaron.

Saulo, cuenta la Biblia, era un fariseo, y uno de los más vehementes de su comunidad. Tanto que cuando empezó la sigilosa expansión del cristianismo, fue él uno de los primeros en coger su caballo y salir a perseguir a esos judíos que se alejaban de la fe verdadera en nombre del Mesías. En una de esas feroces persecuciones iba Saulo, camino de Damasco, cuando el famoso rayo lo tumbó del caballo y lo cegó.

El resto de la historia ya se sabe: Saulo se convierte al cristianismo –el rayo era la voz de Jesús, o eso decía ser– y empieza él también a predicar el evangelio, solo que su prédica lo va a llevar con el tiempo a un enfrentamiento con las comunidades cristianas apostólicas, para las que el mensaje de Cristo tiene sentido solo entre los judíos dispersos por el Oriente Próximo y el Medio Oriente, entre Antioquía y Jerusalén.

La idea de Pablo (o Saulo: el Areópago arde con el sol o con la luna, da igual) es muy distinta, y en ella está quizás la idea fundacional del cristianismo tal como lo conocemos hasta hoy. Porque para Pablo, gracias al evangelio, ya no tiene ningún sentido la diferencia entre los judíos y los gentiles; ya no sirve trazar la frontera entre la sinagoga y el oráculo. Cristiano es todo el que cree en Jesús como hijo de Dios, sea judío o no.

Por eso, para la historia del cristianismo, fue tan importante esa prédica de San Pablo en Atenas, parado sobre una piedra en el Areópago: porque allí, como ya lo había hecho en muchas otras partes de ese mundo bilingüe y agitado por la duda y por la fe, les dijo a los paganos, a los atenienses, que él venía a hablarles de ese “dios desconocido” al que ya hacía mucho le habían levantado un altar.

Ese diálogo ocurrió en griego, que es la lengua de la filosofía en la Antigüedad y que es también la lengua en que se escribió el Nuevo Testamento, no en vano. Y en él había estoicos y epicúreos, como cuenta la Biblia (Hechos 17:18), porque nada interesaba más a los atenienses “sino en decir o en oír algo nuevo”. La tradición filosófica por excelencia: disputar con las palabras la verdad.

No es que yo haya empezado a fumar mariguana con usos medicinales; no así. Pero esta historia me ha encantado siempre y hoy es un buen pretexto para recordarla, porque en ella brilla uno de los orígenes fundamentales de la tradición cristiana, el paganismo. Homero es el otro Antiguo Testamento, como dijo una vez un sabio. Jesús es un dios griego, decía Oscar Wilde.

Eso explica el vino y la guitarra en el Areópago.


Juan Esteban Constaín

catuloelperro@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.