San Jacinto (Bolívar) llora al padre José Prudencio Padilla

San Jacinto (Bolívar) llora al padre José Prudencio Padilla

El sacerdote era, desde hace cinco años, párroco de San Jacinto.

22 de diciembre 2015 , 05:41 p.m.

El Padre José Prudencio Padilla Arrieta, párroco de San Jacinto (norte de Bolívar), murió este lunes de un infarto mientras reposaba en la casa de una vecina.

En casa de Nancy Tapias, mientras veía las fotos de la celebración de la Eucaristía, el padre que desde hace 5 años era el párroco de San Jacinto, inclinó su cuerpo hacia atrás. “Ella pensó que se estaba riendo y al ver que el padre no hablaba, llamó a su esposo”, cuenta Rafael Reyes, entrañable amigo del padre quien cuenta que segundos después Prudencio quedó tendido en el suelo.

Después lo ingresaron a la ESE Hospital de San Jacinto donde dictaminaron que murió de un infarto fulminante.
No presentó síntomas

La muerte del padre tomó por sorpresa a la comunidad de San Jacinto debido a que el padre lucia contento y fuerte durante sus presentaciones.

Padilla quien estudió en el Inem de Cartagena y tenía menos de 50 años, había participado la noche anterior al deceso en un concierto con la Arquidiócesis en San Jacinto.

“En ese concierto navideño en la parroquia bailamos, brincamos, y en el intermedio de esa pachanga el padre hizo la Adoración al Santísimo”, relata Reyes, quien hace parte del grupo de ‘Hombres de San José de San Jacinto y quien conoce desde hace cinco años la labor del líder eclesiástico.

De hecho, a las 5 de la mañana realizó la tradicional eucaristía de la novena, en un lote, con el fin de recorrer el pueblo. “Él nos preguntó que a qué horas eran los bautizos de las muñecas, nosotros le dijimos que a las 4 y él respondió que a esa ahora no podía porque interrumpiría las confesiones, que muchas personas están en pecado y le querían meter un gol evitando confesarse”, afirma Reyes.

El bautizo de las muñecas, una tradición navideña que poco a poco se ha ido perdiendo, era uno de los objetivos del padre en estas navidades. A las 10 de la mañana realizó el bautizo masivo frente a las niñas del pueblo y pocas cuadras del lugar fue donde finalmente murió.

“Para mí era un gran amigo, un orientador, nos dejó una enseñanza, hacia una reflexión de los evangelios enorme. Ese hombre con los niños, jóvenes, adultos era especial”, describe Rafael Reyes a Padilla quien el próximo enero cumpliría 13 años de haberse congregado como padre.

Aún se conoce el lugar y la fecha de las honras fúnebres.

CARTAGENA

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