Miss Universo: dos minutos de felicidad

Miss Universo: dos minutos de felicidad

Esa escena de comedia nos recordará que no hay que tomar a pecho los reinados de belleza.

21 de diciembre 2015 , 07:23 p.m.

Paulina Vega, la Miss Universo saliente, le entrega la corona a Ariadna Gutiérrez después de que, por error, fuera anunciada como la ganadora del certamen. Foto: Reuters.

Hoy, casi nadie se acuerda del nombre de la Miss Universo filipina. Pero todo el mundo tiene claro cómo se llama la reina colombiana, que por una ridícula y terrible equivocación de Steve Harvey, el presentador del decadente concurso, tuvo la corona de la ganadora sobre su cabeza y el ramo de flores en el antebrazo durante dos largos minutos de felicidad: la señorita Colombia Ariadna Gutiérrez ha estado recibiendo mensajes de apoyo desde todos los lugares del planeta (“tú eres Miss Universo para todas nosotras, Ariadna”, declaró la candidata peruana), pues tuvo que ser una experiencia estremecedora aquella de pasearse como la reina universal por la pasarela del Hollywood Resort & Casino de Las Vegas, y dejar escapar un par de lágrimas de emoción, para después oír las palabras “debo disculparme: la ganadora no es Miss Colombia, sino Miss Filipinas...”. Algo nunca visto.

El señor Harvey, que no solo asumió la responsabilidad, sino el protagonismo, pidió perdón vía Twitter: “Quiero disculparme con Miss Philippians y Miss Columbia”, escribió. Luego corrigió la ortografía de su trino. Pero ni siquiera entonces fue fácil olvidar el desconcierto y la felicidad incómoda de la señorita Filipinas, ni mucho menos la imagen de la valiente Ariadna Gutiérrez, que se ha valido de la idea de que “las cosas pasan por algo...” para encarar la situación, paralizada en el centro de la tarima a la espera de que alguien le dijera qué estaba pasando, dónde estaba la Miss Universo anterior, la colombiana Paulina Vega, para descoronarla, y por dónde podía salir de allí de una vez por todas.

Si por lo menos hubiera sucedido el 28 de diciembre; en fin, habría dolido menos esta “inocentada” contra un país y mujer dedicada en cuerpo y alma a su trabajo. Servirá esa escena de comedia negra, que resulta un gran ejemplo a la hora de definir lo ridículo, para recordar que no hay que tomarse a pecho ni en serio los reinados de belleza.

Es un oso universal, criticable, claro. Y la reina de Colombia recibe justa solidaridad, pero hay que criticar también los torpes brotes nacionalistas y las reacciones virulentas y racistas contra el presentador errado. Esa también es una equivocada lectura.

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