Entre lobos y sirenas

Entre lobos y sirenas

La paz enmudece entre tanto murmullo y alarido.

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21 de diciembre 2015 , 07:03 p. m.

Llevo más o menos –más que menos– un mes jodido de la mano derecha; y yo, que me presumo de izquierda, aunque aborrezco a los políticos que me representan ideológicamente, añoro mi derecha, no la política, sino aquella con la que hacía la mayoría de las cosas claves de la vida, como peinarme, cepillarme los dientes, escribir un par de líneas e incluso limpiarme aquello. Entre derecha e izquierda, literalmente, se ha movido mi vida en estos eternos últimos días. La sensación de impedimento, ineptitud o incapacidad –o como lo quieran llamar– le cierra el cielo a lo que tal vez quisiera opinar. Sin embargo, no sé, pero es así, mi lóbulo diestro o el siniestro siguen trabajando, oyendo y pensando. Agradezco al doctor Édgar Pinilla su manual trabajo por ir sacándome de este lío ideológico.

Y es así como, de noche, medio dormido y algo deprimido, oí los aullidos de los lobos que gritaban en contra del proceso de paz. Al amanecer, todavía en circunstancias similares, oí los cantos de sirena provenientes del otro lado del bochinche. En cuanto a los primeros, a dichos aullidos se sumaban maullidos de medianoche del londóñico grecoquimbaya y graznidos pliniescos al amanecer, así como el sonido aquel indefinible de ciertas palomas de la guerra. Por el otro, el de las sirenas, se escuchaban de cerca y a lo lejos croares de Roys por aquí, y más allá los balidos de Gabriel Silva silbando a favor del mentado proceso y los rebuznos de ciertos senadores costeños.

Mucho ruido. También hacen alharaca, por contradictorio que suene, los arrogantes zumbidos robledescos (a favor y en contra), ciertos mugidos cabalmente fedeganescos y algunos, pocos, bufidos pétreos. Hay además cacareos; incluso las jirafas, que no tienen cuerdas vocales, patalean para hacerse oír; hay píos y trinos, muchos trinos histéricos… agresivos gorjeos de tórtolas, un género de aves columbiformes de la familia 'Collumbidae'. La paz enmudece entre tanto murmullo y alarido.

Voy a decir algo que me cuesta trabajo expresar: entre la derecha y la izquierda colombiana no me quedo con ninguna. Así como tampoco acepto esta mano derecha inepta que soporta con dificultad un cigarrillo, mientras la izquierda, algo temblorosa, trata de sostener una agüepanela hirviente. Y, para terminar, me quedo con las sirenas.


Mauricio Pombo

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