El abismo entre Europa y Sudamérica

El abismo entre Europa y Sudamérica

Lo que ahonda la pena es que las estrellas de los poderosos conjuntos europeos son suramericanas.

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20 de diciembre 2015 , 10:25 p.m.

River debió jugar 14 partidos para ganar la Libertadores. Y cobró por ello 5,1 millones de dólares de la Conmebol. Juan Ángel Napout pagó él solo 20 millones de fianza al ser arrestado. Semejante obscenidad explica en gruesa medida por qué el fútbol sudamericano ha declinado tanto frente al europeo hasta convertirse en simple ‘sparring’ de este. Con cada dirigente denunciado por el FBI pasó igual. Todo el dinero que no fue para el fútbol recaló en bolsillos inescrupulosos.

Hace tiempo que a nuestros jerarcas no les interesa en absoluto el desarrollo del fútbol, su crecimiento, la excelencia. Hay una voracidad insana por vender derechos de TV, firmar contratos de ‘marketing’ y publicidad. A los clubes, miguitas. Que compitan como puedan. De los últimos diez mundiales de clubes, Europa ganó nueve. Corinthians sacó la cara por el continente en el 2012 venciendo ajustadamente 1-0 al Chelsea, el más flojo de todos los últimos rivales. Los equipos sudamericanos ya no van al Mundial orgullosos y confiados, como antes, a ganarlo; ahora juntan las manos y rezan plegarias para que no les hagan más de tres o cuatro goles. Cuando del otro lado está el Barcelona los hinchas de este lado, íntimamente, tiemblan, suplican que no les hagan ocho. Y que el baile no sea muy apabullante.

River llevó 20.000 hinchas a la final. No ganaron, pero al menos no se devuelven humillados. Se trajeron tres goles nada más. Y conocieron Japón. “Fue digno”, dicen. Es lo que hay. Por suerte, el Barcelona tuvo misericordia. No quiso sangre y se sintió satisfecho con el 3 a 0. Si apretaba el acelerador, sabe Dios cuántos eran. Pero el Barça, que tiene más partidos que semanas, vive regulando. Cuando ve el asunto definido, Luis Enrique saca soldados y los guarda para otras guerras. Si tuviera cinco cambios, los aprovecharía todos. Quince minutos menos de Neymar o de Rakitic o de Iniesta son quince minutos más de frescura en el siguiente reto. Y una posibilidad menos de lesión. Para los próximos cinco meses le quedan 23 partidos de liga y, si llega a las finales, siete de Copa del Rey y siete de Champions. Treinta y siete choques en 23 semanas. Mucho. Demasiado para un equipo con poco banco, al que la sanción de la Fifa le impidió fichar durante un año y medio. Ese es el rival más temido por el Barça: el calendario. Siempre llega a mayo asfixiado, con el motor echando humo. Pero es tan maravilloso este equipo, tan noble y ganador, que aguanta y gana, resiste y levanta otra copa.

Lo que ahonda la pena es que las estrellas de los poderosos conjuntos europeos son sudamericanas. De acá surgen, allá se van, luego nos ganan con ellos. Los tres goles del Barça fueron ‘made in’ Sudamérica: Messi el primero, Luis Suárez los restantes. Y Neymar tejiendo filigranas, Dani Alves dando clases por el lateral, Mascherano liderando desde el fondo, y ese tremendo arquerazo que es Claudio Bravo blindando el arco azulgrana. “Ronaldinho convirtió al Barça en un club global”, analizó el presidente Josep María Bartomeu ante la prensa japonesa. Indiscutible verdad. Otro de acá. Luego agregó: “Podemos estar orgullosos, tenemos a Messi, el mejor de la historia”. Bartomeu afirmó que el plan estratégico del club contempla ingresos por 1.000 millones de euros de aquí al 2021 en concepto de ‘marketing’. Luego esos ingresos serán volcados a la construcción del nuevo Camp Nou y, como siempre, a reforzar el equipo para mantenerlo en la cima. Barcelona es el tercer club que más camisetas vende en el mundo: 1’250.000 al año.

En contrapartida, Marcelo Gallardo, DT de River, dijo que el de ayer fue un final de ciclo “porque muchos jugadores se irán”. Kranevitter fue transferido al Atlético de Madrid, Carlos Sánchez firmó contrato con Rayados de Monterrey. Funes Mori ya milita en el Everton. Seguramente habrá ofertas por el goleador Lucas Alario. Son dos modelos de gestión completamente opuestos. Unos importan y fortalecen el producto que venden, otros entregan su materia prima para seguir sobreviviendo.

Las estadísticas del partido son coherentes con el resultado: 64 % de posesión de pelota barcelonista, 625 pases el cuadro catalán, 332 River. Y la coincidencia general de que el Barça levantó el pie del acelerador, terminó disfrutando el paisaje. River fue a Japón con el rótulo de campeón de todo en América del Sur: ganador de la Copa Sudamericana, de la Libertadores y la Recopa. Sin embargo, no había ambivalencias. El Barça le dio un ‘chocolate’, como grafican los brasileños.

“Le hacen goles al Getafe y al Granada nada más”, intentan demeritar desde acá. “Ganan porque la liga española es una risa”, “Messi y Neymar se florean porque en Europa no marcan”. La realidad es que estamos frente a un equipo de época, que entre el 2005 y el 2015 encadenó 26 títulos, entre ellos siete ligas de España, cuatro copas de Europa y tres coronas en el Mundial de Clubes. Eso sin contar el juego espectacular, vistoso y contundente.

¿River…? Pobre. Aguantó hasta que Messi abrió la lata. Y cuando Suárez marcó el segundo al minuto del segundo tiempo, se derrumbó. Pero, modestias aparte, uno espera de River otro juego, más grandeza. Salió con el mismo libreto que le alcanzó para ser monarca continental: lucha, sudor, pierna excesivamente fuerte, tratando de llevar el juego al terreno de la rispidez, donde el menos apto puede equipararse al más capaz. Sin embargo, para vencer a tan fabuloso Barcelona hay que mostrar bastante más. Nos recordó una frase de Pepe, aquel potentísimo puntero izquierdo del Santos de Pelé. Le preguntamos cuál era el equipo más duro que debieron enfrentar en sus tiempos de oro. Respondió:

-Peñarol nos daba trabajo. Era un equipo fuerte, con gran técnica y además pegaban lindo. Con ellos eran batallas. Siempre venían con el cuento de que “te vamos a quebrar” y esas cosas. Pero el Santos estaba preparado para sobreponerse a todo.

Barcelona también. Por algo son los dos mejores equipos de la historia.

JORGE BARRAZA

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