Editorial: Las 'bacrim', en la mira

Editorial: Las 'bacrim', en la mira

Hay zonas donde son tan poderosos que su capacidad es comparable a la de los antiguos 'paras'.

20 de diciembre 2015 , 10:25 p. m.

Hablar de las nuevas bandas criminales es referirse a tenebrosas organizaciones –rurales y urbanas– dedicadas al narcotráfico, las oficinas de cobro, la minería ilegal y, en general, el crimen en muchas manifestaciones, respaldadas por unos 3.500 hombres, muchos entrenados en tácticas de guerra y con sofisticadas armas, que hacen presencia en al menos 13 departamentos de Colombia. La más poderosa es el ‘clan Úsuga’, bajo el mando de alias Otoniel y otros, pedidos en extradición y que figuran en la lista Clinton.

Estos son los monstruos surgidos de los problemas del proceso de desarme de las Autodefensas, en el gobierno Uribe, y constituyen una amenaza creciente para la seguridad nacional.

Tales grupos tienen alianzas con las Farc y el Eln, pues no están en combate con la guerrilla sino que han llegado a pingües arreglos para manejar y enriquecerse con todo un portafolio de actividades criminales. Y si bien es cierto que desde que aparecieron empezaron los grandes golpes de las autoridades, sobre todo de la Policía, también lo es que la amenaza se ha mantenido, especialmente en cabeza de ‘los Úsuga’, que cumplen aquella frase de ‘a rey muerto, rey puesto’.

Hay zonas donde son tan poderosos que su capacidad de fuego es incluso comparable a la de los antiguos ‘paras’. En particular esta última banda, en el noroccidente del país, mantiene enclaves en los que hay grandes campamentos y grupos de irregulares fuertemente armados.

Son, pues, un peligro grande para la sociedad y las instituciones, y no pueden seguir creciendo. De allí la importancia del acuerdo con la Fiscalía para blindar a los uniformados que participen en eventuales bombardeos contra estas organizaciones.

Se sabe que los ataques desde el aire son la máxima arma del Estado. Así que, sin que ello implique darles reconocimiento político alguno, era un imperativo poder usar el recurso aéreo en su contra, allí donde su criminalidad lo haga necesario. Mucho más ahora, cuando ya se asoma el final de la guerra con las Farc y surge la posibilidad de que las ‘bacrim’ terminen absorbiendo a los que, como pasa en los procesos de paz, acaban siguiendo el camino de la violencia.

EDITORIAL
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