Editorial: Puntos suspensivos en España

Editorial: Puntos suspensivos en España

Con el triunfo del PP en las elecciones legislativas, cambia el panorama político hispánico.

20 de diciembre 2015 , 10:25 p. m.

España cumplió una nueva jornada electoral ayer, con una notable participación del 73 por ciento, cifra que demuestra, ante todo, una manifestación de la confianza en el sistema democrático como el camino para buscar mejores rumbos para el país.

El triunfo por escaso margen obtenido por el Partido Popular (PP) en las elecciones legislativas, lógicamente sin lograr la mayoría absoluta, deja un escenario en el que será muy compleja la tarea de conformar gobierno.

Algo inédito para una democracia que todavía resiste el apelativo de joven. Todo esto ocurre luego de una campaña marcada por la irrupción de dos nuevas fuerzas –Podemos, de centroizquierda, y Ciudadanos, de centroderecha– y por una confrontación entre las cabezas de los partidos tradicionales, el PP y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que alcanzó una intensidad nunca antes vista, a tal punto que penetró, como en el último debate, en el terreno de la ofensa personal.

Fue como si el temor ante la realidad inminente de que la histórica hegemonía de ambos estaba por diluirse se tradujera en salidas en falso. Y es que en lo único en que había algún grado de consenso era en la percepción de que la disyuntiva para muchos electores no estaba planteada en términos de izquierda-derecha, sino entre el continuismo del bipartidismo y la posibilidad de permitir un parlamento en el que otras fuerzas tuvieran un rol mucho más determinante del que hasta ahora han tenido las colectividades distintas a estas dos.

Esto, como resultado de un agotamiento de los partidos tradicionales como representantes de los intereses y reivindicaciones de la gente. Un fenómeno que es bien conocido en estas latitudes y que ahora toca a un país que se esfuerza por dejar atrás la crisis económica que lo estremeció hace apenas un lustro y se manifestó, sobre todo, en el desempleo de los jóvenes, que llegó a ser el más alto de Europa. Y es claro que muchos de los votantes de las nuevas opciones pertenecen a esta franja.

Todas las miradas estarán a partir de hoy en el movimiento liderado por Pablo Iglesias, Podemos, ahora la tercera fuerza. Pues, de concertar una alianza con el PSOE –una alianza de las fuerzas a la izquierda del espectro–, podría poner fin a la indefinición respecto al futuro político de este país. Conviene recordar que es necesario que el candidato para ser presidente del Gobierno que proponga el rey alcance una mayoría absoluta o una simple, en caso de darse una segunda vuelta.

Y es justamente el monarca el otro actor que, ante el resultado que arrojaron los comicios, cobra inesperada importancia. La Constitución le asigna el papel de mediador y favorecedor de la negociación entre las corrientes políticas con representación en el Parlamento. Ahora muchos consideran que Felipe VI puede tener la pieza que le falta al rompecabezas en el rol que entrará a desempeñar en el nuevo escenario. En caso de que ninguna de estas alternativas se materialice, no quedaría más opción que volver a convocar elecciones.

Ante la incertidumbre política, nada mejor que unas instituciones sólidas. Las de la democracia española son hoy puestas a prueba, desde sus cimientos hasta lo más alto. Por supuesto, es de confiar que saldrán fortalecidas.

EDITORIAL
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