El éxodo de los refugiados sirios hacia América Latina

El éxodo de los refugiados sirios hacia América Latina

En los últimos cuatro años varios países de la región han acogido a quienes escapan de la guerra.

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20 de diciembre 2015 , 05:31 p. m.

Era ingresar al ejército del régimen o huir de Siria. Essa Hassan eligió la segunda opción. Para él no existe una facción buena o mala en la guerra que se libra en su país desde marzo de 2011. “Todos son unos matones. No importa si matan de uno u otro bando, todos son iguales”, opina en inglés el joven de 26 años, quien hoy vive en Aguascalientes, en el norte de México.

Hassan llegó al país norteamericano el pasado 23 de septiembre. Ese día en el aeropuerto Benito Juárez, del Distrito Federal, varios periodistas lo esperaban. Estaban atentos a las declaraciones del primer refugiado sirio que viviría en México.

Como él, ya son miles los ciudadanos sirios que han viajado a América Latina en busca de nuevas oportunidades. No hay un cálculo exacto de cuántos son, pero no sobrepasan los 10.000, según la Agencia de Naciones para los Refugiados (Acnur).

La mayoría pasa primero por Líbano, Turquía o Jordania antes de llegar a países de la Unión Europea o cruzar el Atlántico, como es el caso de Hassan. Su éxodo comenzó en marzo de 2012, un año después del inicio de los enfrentamientos entre el ejército de Bashar Al Asad, actual gobernante de Siria, y los rebeldes que buscan derrocar su régimen.

Para ese entonces cursaba el último año de universidad en Damasco –donde vivía-, trabajaba en restaurantes y era profesor de árabe para extranjeros. Estaba a un mes de prestar el servicio militar, pero se rehusó a hacerlo. “Me fui antes de la fecha límite que tenía para unirme al ejército. Desde un inicio me negué a ser parte de esta guerra civil, en la que la gente se mata entre sí”, dice Hassan, testigo del surgimiento de este conflicto que, según Naciones Unidas, ha dejado más de 250.000 muertos.

La crisis económica de 2008 empeoró las condiciones de los sirios. Muchos perdieron sus empleos y se estaban sumiendo en la pobreza. Además, existía censura contra la prensa y todo aquel que hablara mal del régimen. “El ambiente empezó a cambiar. Sabíamos que algo iba a pasar”, afirma a través de una charla por Skype.

Con algo de dinero ahorrado, huyó rumbo a Turquía, país vecino a Siria y donde han llegado más refugiados desde que se desató el conflicto. Organismos internacionales estiman que más de dos millones cruzaron la frontera entre ambas naciones. Muchos están indocumentados y viven en campamentos, cuenta Hassan. Sin embargo, las cosas se le facilitaron por tener pasaporte.

“Trabajaba en un café, con eso pagaba el arriendo y la comida. Tuve que dejar todo atrás: mi familia, mis amigos, mis sueños y los recuerdos de mi patria”, rememora. Allí duró pocos meses, ya que viajó a Líbano -otro país vecino de Siria- donde duraría dos años. Para sobrevivir volvió a ser profesor de árabe para extranjeros y colaboró con la organización Acción contra el Hambre.

Hassan anhelaba retornar a su país. Quería estar de nuevo con sus padres y ocho hermanos, pero la guerra se recrudeció. Los bombardeos y ataques fueron más constantes. Al ver ese escenario, solicitó una visa de turista para ingresar a Italia.

No pidió el estatus de refugiado como lo han hecho muchos de sus compatriotas, pues asegura que las oportunidades son más escasas cuando se tiene esa condición. “Prefiero estar en un país donde la gente me considere una persona normal y no un refugiado o un migrante”, puntualiza.

Pero Italia le negó el visado, así que entró de forma ilegal al país europeo. Permaneció un año, tiempo en el que no trabajó. La falta de documentación y el desconocimiento del idioma se lo impidieron. Pagó sus gastos con el dinero que ganó en Líbano, hasta cuando no tuvo fondos en su cuenta.

Cruzar el Atlántico

Durante la temporada que estuvo en Italia, Hassan participó en el desarrollo del Proyecto Habesha, una iniciativa sin ánimo de lucro que pretende llevar a 30 estudiantes sirios con estatus de refugiado a México y así darles la oportunidad de finalizar su formación académica. A través del proyecto solicitó ayuda para trasladarse hasta el país norteamericano.

“Vemos que hay interés por parte de ciudadanos sirios en venir a América, pero la estadística demuestra que la prioridad es Europa, con particular atención en Austria, Alemania y los países del norte”, asegura Francesca Fontanini, vocera de Acnur para América Latina.

Aunque no son comparables las cifras de inmigrantes sirios entre el continente europeo y el americano, ya son varios los países de la región que le han abierto las puertas a los refugiados. En Brasil, por ejemplo, es donde más se concentra el número de sirios con ese estatus en el continente. En los últimos cuatro años han llegado 2.077, según datos del Comité Nacional para los Refugiados (Conare).

Hace tan solo tres meses, en septiembre, el Conare –una dependencia del Ministerio de Justicia brasileño- anunció la entrega de visas humanitarias a ciudadanos sirios o de otras nacionalidades que se hayan visto afectados por el conflicto en Siria, lo que convierte a Brasil en el primer país latinoamericano en adoptar una medida como esta.

¿Pero por qué eligen una zona tan apartada del Medio Oriente para rehacer sus vidas? Fontanini lo justifica de esta manera: “En Brasil existe una numerosa comunidad árabe. Esto permite tener cierto conocimiento previo del país”. Acnur estima que cerca de 3 millones de brasileños tienen ascendencia siria.

Por su parte, Uruguay le brindó asilo a 42 sirios, que componen cinco familias, en octubre de 2014 y prepara la llegada de 72 más en el marco del Programa de Reasentamiento de Familias Sirias. Sin embargo, la iniciativa estatal no ha sido del todo exitosa. Los refugiados se quejaron de los precios de los alimentos y la inseguridad, y pidieron ante el Ejecutivo uruguayo que los regresaran a Líbano, primer país al que huyeron para escapar de la guerra.

Argentina también ha recibido refugiados del país árabe en los últimos tres años. Desde el 2012, el Ministerio de Relaciones Exteriores ha otorgado asilo a 263 ciudadanos sirios, y en octubre de 2014 puso en marcha el Programa Siria, con el que dará visado humanitario.

“En el resto de países del continente también hay refugiados, pero no son cifras de relevancia. Cinco o diez sirios, como ocurre en Ecuador y Chile”, explica Fontanini.

En Colombia no existe una política o programa para acoger a los refugiados sirios, como sucede en Argentina, Brasil y Uruguay. Pero la Cancillería le comunicó a ELTIEMPO.COM que ha recibido 24 solicitudes de asilo desde 2012 hasta noviembre de 2015, de las cuales solo aceptó siete. Las demás no continuaron o desistieron del proceso.

Hasta el momento, Hassan es el único sirio que goza del estatus de refugiado en México. El Proyecto Habesha le ayuda con la manutención: recibe cada mes cerca de 6.000 pesos mexicanos (unos US$ 345). Ese dinero le alcanza para pagar su vivienda en Aguascalientes y la alimentación.

El próximo año empezará a estudiar una maestría. Mientras ingresa a la universidad, aprende español en un instituto y se adapta a su nuevo entorno. Desea regresar a Siria para dictar clases y volver a ver a su familia. Jamás para servirle a la guerra. “No creo que mi país vaya a cambiar dentro de cinco años, quizás las cosas vayan a empeorar. Todavía no hemos alcanzado el punto más alto del conflicto”, comenta.

JOSÉ DARÍO PUENTES y SOPHIE FOGGIN
Redacción ELTIEMPO.COM
En Twitter: @josedapuentes y @TIEMPOfuera__

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