Más batallas que deberá ganar la generación verde

Más batallas que deberá ganar la generación verde

Profesionales en Colombia luchan contra la degradación ambiental con proyectos eficientes.

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19 de diciembre 2015 , 06:38 p.m.

Arquitectos, biólogos, ecólogos y agrónomos son algunos de los profesionales que día a día con su trabajo buscan mitigar el deterioro de los recursos naturales en Colombia. Con propuestas amigables pretenden acabar con la sed industrial y de urbanización, causante del cambio climático, tema central, hace un par de semanas, de la Cumbre de París, que terminó con la aprobación de un acuerdo para limitar a 2 grados centígrados el aumento de la temperatura del planeta, en relación con la era preindustrial, hasta finales de este siglo.

Adaptar edificaciones con sistemas de aire acondicionado natural o cultivar alimentos en los techos de viviendas en sectores vulnerables son algunas iniciativas con las que se quiere disminuir el impacto ambiental de la contaminación en el país.

El estado del medioambiente en las principales ciudades de Colombia es crítico, según los recientes resultados del Índice de Calidad Ambiental Urbana (Icau). Medellín, Bogotá e Ibagué fueron las únicas ciudades que alcanzaron un rango medio en este estudio. Las demás urbes analizadas por el Ministerio de Ambiente (se estudiaron nueve ciudades con más de 500.000 habitantes y otros 32 centros urbanos de menor tamaño) se rajaron.

Desde la academia

Ante la problemática mundial y local en torno al medioambiente, las universidades colombianas están ofreciendo programas académicos que pretenden aminorar la contaminación en las organizaciones y desarrollar entornos para ayudar a disminuir el consumo de agua, energía y materias primas.

La generación verde se está preparando dentro y fuera del país. Carreras como arquitectura bioclimática, biología, ingeniería civil, ingeniería ambiental, agricultura, agroecología, entre otras, se plantean entre sus objetivos luchar contra el cambio climático.

Jorge Álvaro Ramírez, máster en arquitectura bioclimática, energética y urbana en la Ecole D’architecture de Nantes (Francia), es uno de los profesionales de la generación verde, que le apostó al diseño de un sistema de ahorro de recursos en las nuevas construcciones.

“Al adaptar una edificación a condiciones climáticas, vegetales o sociales se consiguen ambientes interiores confortables y saludables, con climatizaciones naturales, –explica Ramírez–. Esto se logra con la creación de equipos pequeños de eficiencia energética, que no usen refrigerantes que contaminen las capas superiores de la atmósfera”.

El equilibrio verde también es el propósito de Juan Martín Hoyos Escobar, biólogo de la Universidad de Caldas y fundador del Taller 361 Grados, un proyecto fundamentado en la biología conservacionista, y cuyo objetivo es limpiar el planeta.

Esta iniciativa nació con el afán de encontrarles utilidad a llantas y neumáticos desechados en quebradas y terrenos baldíos de Manizales. “Al empezar a jugar con el material, surgieron ideas para la realización de productos como mesas y muebles, que funcionan bien y son resistentes”, comenta.

De la tierra a la mesa

La idea de aprovechar los techos de las casas para enriquecer las condiciones de seguridad alimentaria, en especial de las comunidades más vulnerables llevó a Carolina Forero Cortés, ecóloga de la Pontificia Universidad Javeriana a fundar Ecotechos, una organización que promueve el cultivo de hortalizas como lechuga y rábano en los techos de las casas, un lugar donde las plantas se nutren fácilmente de energía natural y agua lluvia.

“La posibilidad de tener alimentos orgánicos e intercambiarlos con otras personas genera ahorro. Además, se reutilizan botellas plásticas para convertirlas en materas para sembrar vegetales y legumbres”, cuenta Forero Cortés.

Por su parte, José Humberto Gallego, ingeniero agrónomo de la Universidad de Caldas y director del Jardín Botánico de la misma universidad, asegura que la agroecología, fusión de la agronomía con la ecología, trae muchos beneficios al planeta.

“Trabajar una agricultura que favorezca el medioambiente, al tener en cuenta las condiciones ecológicas y culturales, ayuda a conservar el patrimonio natural como el agua, suelo, biodiversidad, y, también, refleja respeto a las culturas de las regiones”, dice Gallego.

Agrega además que, “la producción agroecológica o de alimentos utiliza la biodiversidad, por tanto, es bueno conocer qué recurso botánico hay en una región y saber cómo se puede aprovechar mejor”.

Mientras el mundo decide qué medidas tomar para contribuir con la disminución de las emisiones de gases de efecto invernadero, en Colombia no solo el Gobierno o los empresarios evalúan cómo cumplir con el compromiso acordado en París para aportar en la lucha contra el cambio climático; la academia, por su parte, propende también por reducir la contaminación, el impacto de la industria y por proteger la biodiversidad y los ecosistemas.

La vitalidad de esta causa se basa en obtener niveles sostenibles por medio de procesos sociales y económicos que protejan y cuiden el planeta.

MARÍA ANTONIA RAMÍREZ
Redactora guiaacademica.com
antram@eltiempo.com

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