El año de los pequeños / Hablemos de vinos

El año de los pequeños / Hablemos de vinos

Algunos de los mejores vinos que dejó el año que termina.

19 de diciembre 2015 , 06:22 p.m.

Hora de recuentos. Este 2015, al menos en vinos, yo lo recordaré por la cantidad de nuevos proyectos que han aparecido en el mercado, tanto de Argentina como de Chile. La sensación que me deja es que, por fin, la idea de hacer vinos no necesariamente tiene que ver con grandes inversiones o con grandes volúmenes de ventas, sino con otras motivaciones menos, digamos, monetarias.

Y esas motivaciones se relacionan con una idea, la simple idea de hacer un vino –sea en la cantidad que sea– que muestre una visión. Recientemente, por ejemplo, se lanzó en Chile el movimiento Slow Vino Chile, que agrupa a un grupo de enólogos cuyos vinos –como vinos– no tienen mucho que ver entre sí, pero que los une la idea de entregar algo más que una botella para beberla, vinos con una historia detrás, con un relato que es lo que falta en el vino sudamericano.

Por ejemplo, está Andes Plateau, de los enólogos Maite Hojas y Felipe Uribe. Con una sola botella, pretenden explorar el potencial de viñedos de altura en Chile, algo de lo que aún se habla poco por esos lados. “En la medida que vayan naciendo más grupos, nos ayudará como país a mostrar que las cosas están cambiando, que estamos dejando de ser una industria de grandes volúmenes y comenzando a enseñar que sí somos capaces de tener identidad de origen y por ende diversidad. Lo que mostramos es una nueva cara de Chile”, dice Stefano Gandolini, el vocero de Slow Vino.

Bajo esa misma mirada se puede ver al grupo del Movimiento de Viñateros Independientes, Movi, o al más iconoclasta Chanchos Deslenguados, dos agrupaciones que miran al vino chileno de una manera completamente distinta, buscando diversidad y lejos de las grandes aspiraciones de hacer del vino un negocio redondo, que nunca lo ha sido.

Menos organizados, pero igualmente dinámicos, los pequeños productores de Argentina también alzaron la voz en 2015. Y la lista es larga. Manuel Michelin y sus deliciosos Plop, la sommelier Agustina de Alba con su Blanc de Alba que es para chuparse los dedos. Ariel Angelini con su jugoso pinot noir Island Terroir, el periodista Federico Schneidewind con su proyecto Confuso o el enólogo Lucas Niven con Pala Corazón, un malbec refrescante y veraniego.

Todos estos pequeños proyectos, algunos de apenas unos centenares de botellas, por el momento solo se comercializan en sus respectivos mercados locales. Y es obvio que sucede así. Los gastos de exportar no se justifican. Sin embargo, y como ya lo hemos dicho muchas veces, falta el importador colombiano que se dé una vuelta por Argentina y por Chile, que se salga de los circuitos turísticos oficiales, y le eche una mirada a lo más nuevo que Suramérica está ofreciendo en vinos. La sorpresa será total, y los consumidores colombianos serán los más beneficiados. Cruzo los dedos para que eso ocurra.

PATRICIO TAPIA
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