El arte se deslizó entre las rejas

El arte se deslizó entre las rejas

Son 16 internos en Jamundí que muestran su talento a través del teatro.

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19 de diciembre 2015 , 01:59 p.m.

A las 5:30 de la mañana se despierta para comenzar su rutina. Se trata de la chica de 24 años, la de nariz respingada, esa que se viste de ilusiones y se alimenta de arte. Ella ¡La de vocabulario elegante! es la caleña que ya no tiene pesadillas con su pasado porque ahora sueña y vive su presente, el teatro.

Después de despertar de los sueños que la motivan, de cinco en cinco, empiezan a hacer la fila. En el conteo, a ella no le interesa saber cuántas son sus compañeras del Centro Carcelario y Penitenciario de Jamundí, mejor cuenta las horas los días lunes, martes, miércoles y jueves, para encontrarse con el actor Lisímaco Núñez, quien le enseña a actuar junto a 15 compañeros, que también se encuentran privados de la libertad.

Quién iba pensar que, en los talleres y ensayos teatrales, que comienzan a las 11:00 a.m., la chica, de nariz respingada, encontraría un escape a su encierro, una forma de alejarse de factores de riesgo como la droga o simplemente le haría el quite a la depresión y la tristeza.

Y es que ella, Astrid, la que sonríe más que cualquiera sin importar el lugar en donde esté, es un llamado a la gente, para que se elimine el estigma que acompaña a los privados de la libertad y, como ella lo afirma, “esto significa que sí podemos hacer algo bueno por la sociedad”.

En Colombia, el teatro carcelario se empezó a impulsar como innovación social desde 2013, con la ayuda de las actrices Johana Bahamón y Victoria Hernández, quienes crearon la Fundación Teatro Interno con el objetivo de mejorar la calidad de vida de la población carcelaria, usando el teatro para la reconciliación, la reinserción social y la transformación personal.

“Creo en el teatro como herramienta de resocialización porque en el patrón delictivo uno pierde la confianza en uno mismo y en los demás, entonces esto nos enseña a ser personas no confiadas sino confiables. Además, se aprende que no hay placer inmediato sino que hay trabajo diario, para obtener objetivos a mediano y a largo plazo”, dice Victoria Hernández.

La propuesta inédita tiene el apoyo del CAF, banco de desarrollo de América Latina, que impulsa la integración regional financiando proyectos como el de Teatro Interno y su II Festival Nacional de Teatro Carcelario, para el cual Astrid se está preparando.

Según Ana María Hernández, ejecutiva de innovación social del CAF, el teatro carcelario es una innovación social y una experiencia inédita en Colombia, a lo que agrega que “en el II Festival participan las ciudades Armenia, Bogotá, Cúcuta, Itagüí, Jamundí y Montería, generando un total de seis agrupaciones teatrales”.

Astrid hace parte del elenco teatral de Jamundí, conformado por 11 hombres y 5 mujeres. Para llegar al selecto grupo tuvo que participar en un casting, que se realizó en septiembre con la compañía de las directivas de la fundación y quien hoy es su maestro teatral, Lisímaco Núñez.

“La obra que el elenco va a realizar se llama Los Bandidos del alemán Friedrich Schiller, que expone la injusticia social y la venganza, pero es traída a un contexto latinoamericano e invita a reflexionar sobre nuestras acciones y la coyuntura del proceso de paz ¿Vale la pena la guerra?”, se pregunta un inspirado Lisímaco.

La idea es que, en febrero, los seis elencos de sus respectivas ciudades participen en el concurso del II Festival Nacional de Teatro Carcelario. Se realizarán presentaciones al interior de los Centros y al exterior. Diferentes jurados tomarán la decisión de cuál fue la mejor obra y el grupo ganador tendrá la oportunidad de presentarse en el marco del Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá. Pensar en ese objetivo teatral es lo que le roba incontables sonrisas a Astrid, mientras desayuna un pan con café y un pedazo de queso que, milagrosamente, pueda ser sustituido por un huevo. Eso es lo que la mantiene radiante, al igual que a sus compañeros, entre ellos la lituana Sigita Milaknyte, de 27 años, quien aprendió a hablar español entre rejas.

Con su acento atropellado y su rostro enrojecido de emoción, Sigita está agradecida “por esta oportunidad porque mucha gente de afuera nos juzga por nuestros errores, pero no se dan cuenta de todo lo que podemos dar. En Colombia, cada día he aprendido de mis compañeros. Aquí me aceptan a pesar de mi pasado ¡Vamos pa’ adelante!”.
Son 32 años los que Astrid debe pasar en el Centro Carcelario y no tiene sentido escarbar en su pasado. Ni en el de ella, ni el de ninguna otra persona. Hoy, lo que importa de Astrid son sus habilidades y su talento y, como lo afirma Victoria Hernández, “hay que aprender a no juzgar, a no preguntar qué pasó sino qué quieres hacer hoy y a dónde quieres llegar. Pasado tenemos todos, a mí me interesa su hoy”.

Vale la pena preguntarse qué sucedería con personas como la chica de nariz respingada si este tipo de acciones no se siguen realizando. Solo queda recordar las ganas y la luz en los ojos de Astrid, mientras decía con emoción: “Para mí, lo más importante de esta experiencia ha sido la voluntad porque quiero hacer teatro y voy a lograrlo, no voy a desistir ¡Voy a ensayar! Me voy a aprender los libretos y haré lo que quiero, para mantenerme, para no desfallecer”. 

LUISA MARÍA BOLAÑOS

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