Cuba-EE. UU., un año de esperanza

Cuba-EE. UU., un año de esperanza

Los dos países aún se enfrentan a un panorama desconocido. Cualquier cambio puede afectar a miles.

18 de diciembre 2015 , 08:57 p.m.

Un año después del histórico anuncio de que Cuba y Estados Unidos restablecían sus relaciones, tras décadas de hostilidad, son muchos los avances políticos que se han constatado, pero también mucho es el trabajo que queda por hacer, como para que ese nuevo tono entre los dos grandes exenemigos de la Guerra Fría empiece a beneficiar a las poblaciones en general, pero en especial a la cubana, tan acostumbrada a la austeridad y a las limitaciones impuestas por el sistema isleño.

Hoy, Cuba ya no está en la lista de países patrocinadores del terrorismo; tiene embajada en Washington, recibe a funcionarios estadounidenses de todo nivel y ha firmado múltiples convenios con su vecino. Un 50 por ciento más de turistas llegan a la isla, un incipiente sector privado está a la expectativa y el servicio aéreo regular entre los dos Estados acaba de ser restablecido.

Pero aún hay muchos obstáculos, entre ellos el embargo, al que La Habana culpa de todos sus males, y la devolución de Guantánamo. Bien lo dijeron en sendos mensajes tanto Obama como Castro en el sentido de seguir adelante en su compromiso con el proceso de normalización, que ha tenido padrinos del nivel del papa Francisco.

Incluso, Obama dijo recientemente que estaría dispuesto a viajar a la isla si el clima del respeto por los derechos humanos mejora y puede sostener conversaciones con la disidencia, algo que es visto con recelo por el gobierno de Castro.

En esa órbita, los derechos humanos son una gran preocupación. La disidencia denuncia que en los últimos tiempos se han intensificado los hostigamientos, al tiempo que el alto comisionado para los DD. HH. de la ONU, Zeid Ra’ad al Hussein, expresó su inquietud por “cientos de arrestos arbitrarios y detenciones de corto plazo”. Capítulo aparte merece la avalancha migratoria por el temor de que la nueva situación quite los privilegios de los cubanos al llegar a Estados Unidos.

Pero nadie dijo que iba a ser fácil, y los dos países se enfrentan a un panorama desconocido, en donde cualquier pequeño cambio puede beneficiar o afectar a miles. Así que de la paciencia como antídoto contra la ansiedad y de no forzar procesos dependerá que esta nueva historia tenga un bonito final.

editorial@eltiempo.com

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