La otra muerte de Bolívar

La otra muerte de Bolívar

Análisis del libro 'La carta que cambiará la historia' que dice que el Libertador fue "fusilado".

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18 de diciembre 2015 , 07:42 p.m.

Se ha escrito tanto sobre la figura de Simón Bolívar que ya no cabe un libro más sobre su vida, pasión y muerte; tanto, que, al parecer, habiéndose agotado lo que de él se ha podido decir en libros de historia, novelas, biografías, textos poéticos, ensayos, películas, etc.,

Festinando su ser histórico, sus panegiristas, interesados en contraponer políticamente una nación con otra y en socavar figuras de la historia con otros idearios y otras formas de mirar el mundo, se han adentrado por el fácil, escabroso e inverosímil terreno de la especulación histórica, que no precisa de documentos y coordenadas geográficas, sociales, científicas y testimoniales para sustentarse.

Basta con exponerlas, así sean extravagantes, y pasar el sombrero para recoger los réditos (a veces políticos) previstos. Estos pensamientos nos han venido a propósito de la conmemoración de otro aniversario de la muerte del Libertador, y de lo que al respecto plantea, como novedoso, un historiador venezolano, quien considera que se trató de un “magnicidio” cometido por el imperio.

El presidente Hugo Chávez fue reiterativo y vehemente al afirmar que a Simón Bolívar lo mandó asesinar la oligarquía colombiana: “Creo que lo asesinaron. Lo digo y asumo mi humilde responsabilidad ante el pueblo y ante la historia. No tengo pruebas. No sé si las tendremos”. (Lea también: ¿Cómo actuó Santander frente al atentado a Simón Bolívar?)

¿Cambiar la historia?

Mostrando en su programa ‘Aló Presidente’, el libro La carta que cambiará la historia expresó: “Aquí está el polémico libro, lleno de especulaciones, ciertamente, pero también de documentos”.

Se refería a la obra de Jorge Mier Hoffman, historiador venezolano con más de 15 libros publicados, creador en su patria de la ‘Bolivarianología’, como “ciencia especializada en la vida de Bolívar”, y Premio Nacional de Periodismo 2011 por la serie radial de 200 capítulos “Un enigma llamado Bolívar”.

Mier, quien murió asesinado por sicarios en Margarita, el 17 de julio del presente año, dejó, él sí, un enigma tras su muerte.

Que el Libertador murió por envenenamiento premeditado o por impericia en la práctica médica del doctor Reverend, es algo que se ha considerado aquí y allá.

Con benevolencia lo expresó Salvador de Madariaga, en su obra Bolívar, al referirse al doctor Reverend y sus cuidados con el ilustre paciente: “Cuidó a Bolívar con más abnegación que ciencia”.

Pero de ahí a plantear, como lo hace Mier, que, víctima de una conjura entre Estados Unidos, España y el Vaticano, murió “fusilado”, por orden de Andrew Jackson, quien había enviado el barco de guerra ‘Grampus’ para que en alta mar abordara al bergantín ‘Manuel’, en que viajaba Bolívar, es una desbordada afirmación que pasa con demasiada ligereza sobre hechos, documentos y juicios admitidos sobre este asunto que ya no es novedoso.

Esto que ahora se dice desde Venezuela tiene más bien visos de ser un delirio fantasioso sobre un hecho que ha sido documentado, evaluado, revaluado y sometido a las más severas interpretaciones de la historia y a la luz de todas las ideologías.

La prima Fanny

Quién lo mató, cuándo, dónde y las coordenadas en donde está enterrado –dice Mier–, quedó señalado en lenguaje cifrado de códigos y signos masónicos en la carta de Bolívar a su prima Fanny du Villars; carta que antes del fusilamiento pidió como última gracia que lo dejasen escribir y que luego entregó a sus verdugos norteamericanos.

Afirmación que se cae sin sacudir el árbol, pues el Libertador no podría haber dicho, en la carta que escribía, el lugar en donde estaba sepultado.

Visos de fantasía tiene esto, cuando, llevando al extremo su teoría sobre el complot que aún persiste, en una entrevista del 9 de mayo de 2010, para el blog FAN, “Blog no oficial de la gloriosa Fuerza Armada de la Patria de Simón Bolívar”, dijo: “Este año (2010), las Farc presentan una espada que perteneció al Libertador y fue recuperada en las catacumbas de una casa que fue ubicada mediante las mismas coordenadas que están en la carta (a Fanny). Inmediatamente eso encendió las alarmas y movilizó grupos de la CIA y el Mossad (Agencia de Inteligencia de Israel) y hubo enfrentamientos armados. Lo que significa es que hay un gran temor de que se presente el verdadero cuerpo de Bolívar”. (Vea: Falleció el último bisnieto del general Francisco de Paula Santander)

Si se eso llegase a pasar, “¿Cómo queda la Quinta de San Pedro Alejandrino?”, se pregunta extrañamente Mier en la entrevista.

‘Bolívar en Capilla Ardiente’, pintura de Francisco Quijano realizada en 1912. El Libertador tenía 47 años cuando murió.

Concretando lo que plantea Mier: Inducido a embarcarse en Sabanilla en el bergantín ‘Manuel’, de propiedad José Mier, el 2 de enero de 1830 Simón Bolívar llegó a Santa Marta en donde fue capturado por el capitán del ‘Grampus’ y fusilado en la selva, el día 6.

El abordaje al ‘Manuel’ por el ‘Grampus’, para apresar a Bolívar, consta en la bitácora del barco yanqui (cuya copia autenticada obtuvo Mier en Washington), cuaderno que, en 1962, el representante de la Armada de Estados Unidos, Fulton Freeman, entregó en un microfilm a la Academia Colombiana de Historia, y que desapareció misteriosamente, por no convenirles, dice, “a los fundamentalistas de la historia, interesados en ocultar la verdad sobre el asesinato de Bolívar por el imperio”.

Siendo así, según Mier Hoffman, el testamento de Bolívar es apócrifo (se hizo para apoderarse de su fortuna); sus despojos mortales no reposan en el Panteón Nacional de Venezuela; lo que hay ahí son los restos de un infeliz, que los hicieron pasar por los de Bolívar; en su velatorio, en la antigua casa de la aduana, lo cubrieron para que no se pudiera ver la suplantación del cuerpo. Lo de la repatriación de sus restos, en 1843, fue una farsa, y lo que de allí llevaron a Caracas fueron los manipulados restos de un desconocido.

Sigue la novela

En consecuencia, todo lo que se ha escrito, a partir del apresamiento de Bolívar en Santa Marta, es apócrifo: la carta de Peru de la Croix a Manuelita Sáenz, el 16 de diciembre, contándole el triste estado en que ha visto al Libertador; su última carta al general Justo Briseño, rogándole que “se reconcilie de buena fe con el general Urdaneta”; falso su testamento, su última proclama, su autopsia, el diario de Reverend (comprometido en la conjura y a quien después, tal vez, “eliminaron” para que no hablara), lo que en adelante pasó con los restos mortales del Simón Bolívar, falsa también su partida de defunción, etc.

En cuanto a Santander, la prueba de estar comprometido en el “magnicidio”, según Mier, fue la amistad que tenía con Joaquín de Mier, y su viaje de Santa Marta a Washington al regreso de su exilio. Por otra parte, decir que murió en la Quinta de San Pedro Alejandrino (que era un ingenio azucarero con un trapiche para destilar ron) –sigue diciendo el margariteño–, no fue sino una forma de promocionar ese predio que nadie quería adquirir, y que después, convertido ya en “altar de la patria”, la municipalidad de Santa Marta lo compró en 24.000 pesos. “Fue un excelente negocio para los Mier”.

Puestas así las cosas por Mier, el presidente Chávez, por el Decreto 5.834, del 28 de enero del 2008, creó una comisión “para despejar las importantes dudas que se tejen en torno a la muerte del Libertador, por medio de una investigación científica e histórica exhaustiva de su fallecimiento y del traslado de sus restos mortales a Venezuela”.

El desenlace

El 25 de julio de 2011, en la sala central del Parque Nacional de Caracas, el vicepresidente Elías Jaua presentó los resultados de la Comisión, cuyo trabajo se sustentó en el análisis del ADN de fragmentos de huesos y dientes del Libertador, comparados con los de restos de su hermana María Antonia.

La Comisión concluyó que el esqueleto que reposa en el Panteón Nacional (exhumado el 16 de julio de 2010) es del Libertador; además, en una entrevista, Elías Jaua señaló:

“No pudimos establecer que la muerte haya sido por causa no natural o por envenenamiento intencionalmente provocado. Pero queda abierta en la interpretación de la documentación la posibilidad de envenenamiento o intoxicación no intencionada, producto de la aplicación de tratamientos contaminados”.

La causa de su muerte fue por “un desequilibrio hidroelectrolítico”, que se produce “cuando existen pérdidas elevadas de agua, sodio, bicarbonato y potasio a través del intestino”, causado, en este caso, por el exceso de enemas aplicados a Simón Bolívar por el doctor Reverend.

El resultado de la Comisión devaluó y dejó sin piso la teoría del “magnicidio” propuesta por Mier en La carta que cambiará la historia. En su blog personal, el historiador objetó el informe por lo “banal” de sus argumentos de conclusión; pues “no se trataba solo de una investigación histórica –manifestó–, sino de una investigación criminal”, y cargó a la Comisión con 43 interrogantes que debió haber resuelto, sobre asuntos previos al fallecimiento, durante la agonía, la muerte, después de fallecer y sobre el traslado de los restos del Libertador a Caracas.

El aporte de Mier

Si “el principal enemigo era España contra quien combatía el Libertador –dijo– (…) nunca se debió depositar en España la carga científica de la investigación”. Esto porque la identificación de los restos de Bolívar se hizo en el Laboratorio Genético de la Universidad de Granada.

Al final, hay que reconocer que el historiador venezolano coadyuvó, con sus lucubraciones sobre el “magnicidio” de Bolívar, a que el presidente Chávez (aún considerándolas especulativas) integrara la alta Comisión oficial para despejar las dudas en torno a la muerte del prócer caraqueño; con lo que se dio –a contrapelo de los deseos de Mier– por concluidas las dudas sobre la autenticidad de sus restos mortales en el Panteón Nacional de Caracas, y las maliciosas e interesadas especulaciones sobre su asesinato" por la oligarquía colombiana, aunque no se tengan pruebas.

El historiador británico Edward Halle Carr en su libro ¿Qué es la historia? dice que “Nadie está obligado a leer o escribir historia; pueden escribirse libros excelentes acerca del pasado, que nada tienen que ver con la historia”.

CARLOS BASTIDAS PADILLA
Especial para EL TIEMPO

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