Un auto eléctrico para las masas

Un auto eléctrico para las masas

El nuevo modelo de Tesla tendrá una potencia muy parecida a la que tienen los carros de gasolina.

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18 de diciembre 2015 , 05:40 p.m.

Hay muchas razones para no comprar un carro eléctrico. Los vehículos alimentados por baterías son costosos, incluso después de los generosos incentivos del gobierno. Además del dinero extra, los usuarios deben convivir con autonomías restringidas y una limitada infraestructura pública para recargar las baterías. Tampoco a todos les gustará el estilo estrafalario de los modelos eléctricos de los grandes fabricantes mundiales de autos. No obstante, en marzo próximo, Tesla revelará el Modelo 3, un pequeño sedán eléctrico para el mercado masivo que deberá estar muy cerca de un auto convencional y que hace que conectarlo al tomacorriente sea tan atractivo como detenerse en la bomba de gasolina.

Elon Musk, el pomposo director de dicho fabricante de autos que se considera a sí mismo como una firma de tecnología, ya ha reescrito muchas de las reglas del negocio que él mismo revolucionó.

Tesla, fundada en el 2003, se ha bandeado sin necesidad de vastos presupuestos destinados a mercadeo y publicidad atractiva. Su Modelo S, un sedán de lujo que se lanzó en el 2012, y el Modelo X, una camioneta que salió al mercado en septiembre del 2015, se apoyan en las redes sociales y propietarios enamorados del producto para difundir su mensaje. Los modelos exhiben grandes pantallas de contacto en lugar de los tableros convencionales. Las órdenes y los pagos se pueden llevar a cabo completamente por internet. Las vitrinas en centros comerciales abarrotados se parecen más a las tiendas de Apple, en lugar de a los sombríos concesionarios en los suburbios de las ciudades. La compañía vende directamente, en lugar de usar una red de concesionarios, y evita dar descuentos.

Tesla ha prosperado al abordar dos fallas básicas que les quitan brillo a los vehículos eléctricos rivales. Las baterías de ion de litio son costosas, en parte porque los fabricantes de autos desarrollan sus propias celdas de gran tamaño.

Tesla juntó cientos de baterías como las que usan la mayoría de computadores portátiles y mantuvo los costos bajos mediante compras al por mayor. En lugar de instalar las baterías en pequeños vehículos urbanos de alto precio y poca autonomía, Tesla las puso en grandes berlinas para ejecutivos, en las que el peso y el costo podrían ser mejor absorbidos. El resultado es que el Modelo S es un carro veloz y lujoso, además de que los modelos de mayor precio recorren más de 480 kilómetros entre cada recarga.

La compañía debe repetir el truco con un vehículo mucho más barato. El señor Musk dice que el Modelo 3 costará cerca de 35.000 dólares (antes de incentivos). Eso se acerca más al precio de los modelos tope de esa gama, como el Nissan Leaf, que es hoy el vehículo eléctrico que mejor se vende en el mundo. El voluptuoso BMW i3 comienza en 40.000 dólares. El (relativamente) bajo precio depende del éxito de la ‘gigafábrica’ de baterías de Tesla, que está actualmente en construcción en el estado de Nevada, Estados Unidos. Al fabricar baterías en grandes cantidades, Musk espera que los costos bajen un 30 por ciento y permitan una expansión planeada para fabricar 500.000 carros para el 2020, en comparación con las 55.000 unidades que se producen en el 2015.

Los autos eléctricos por lo general ofrecen rangos entre 80 y 100 millas de autonomía, aunque una nueva versión del Leaf promete más de 150 millas. Tesla espera que el Modelo 3 recorra 250 millas entre carga y carga. Y si nos atenemos al Modelo S, su estilo tendrá mucha clase y sobriedad, lo que podría ser atractivo para que los conductores dejen de lado el Leaf con ojos de escarabajo, el futurista i3 de BMW o el Kia Soul, e imite la tendencia de lanzar versiones eléctricas de modelos ya establecidos, tales como el Volkswagen e-Golf.

Credibilidad en la calle

No todos los problemas de la movilidad eléctrica se solucionarán. Recargar un Modelo S es rara vez una desventaja para los propietarios acaudalados (la versión con mayores especificaciones cuesta más de 100.000 dólares), quienes tienen su propio garaje y estación de carga. Los compradores del modelo más barato podrían tener dudas respecto de depender de los supercargadores de Tesla y otros sitios públicos. No obstante, la compañía hará lo que esté a su alcance para convencer a muchos compradores asiduos, quienes quieren un vehículo con los atributos del modelo convencional que están reemplazando, así como a los ‘gomosos’ de la tecnología, ansiosos de un nuevo dispositivo.

SIMON WRIGHT
Editor de Industria de ‘The Economist’

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