Jaime Jaramillo y el campo de la historiografía profesional colombiana

Jaime Jaramillo y el campo de la historiografía profesional colombiana

Su vida y profesión en torno a los estudios sobre las Ciencias Sociales y la historia.

18 de diciembre 2015 , 04:23 p.m.

 …. me he referido especialmente al liderazgo intelectual de Orlando Fals Borda, como investigador de temáticas referentes al campesinado y fundador y primer decano de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, en la inicial conformación de un campo de la sociología en Colombia.

Con fines contrastativos, y sin el nivel de profundización que he desarrollado para dar cuenta de la incidencia del profesor Fals en los años sesenta, en la constitución de la sociología como disciplina y profesión en el país, me referiré… a ciertos aspectos de la relación del profesor Jaime Jaramillo-Uribe con la sociología y a su incidencia en la inicial conformación de un campo académico de la historiografía en Colombia, también concebido como saber disciplinar, organizado dentro del sistema universitario y, de modo correlativo, como una práctica profesional, reconocida y legitimada. Así, cuando la Universidad de los Andes le confirió a su Profesor Jaime Jaramillo Uribe, el título de Doctor Honoris Causa en 1.994, expresaba con justicia: “En el curso de los últimos treinta años, los estudios históricos en Colombia han entrado por el seguro camino de las Ciencias.

Nacido en Abejorral (Antioquia) en 1.917, Jaramillo Uribe estudió Ciencias Sociales en la Escuela Normal Superior (ENS), en Bogotá. En ella, señala Bernardo Tovar: “Percibió que no había estudiosos dedicados en una forma sistemática y profesional a la historia; que era necesario investigar la historia nacional con nuevos métodos y abordar los aspectos desconocidos: los económicos, sociales y culturales; por último, que no existía, prácticamente, la historia colonial, que la colonia era completamente desconocida”. Tras graduarse de la Escuela Normal Superior (ENS), en 1.941, Jaramillo Uribe, uno de sus más talentosos egresados, recibió la responsabilidad de dictar en ella la cátedra de Sociología. Al respecto señala Jaramillo: “Creo haber sido la primera persona que enseñó Sociología moderna aquí; en la Escuela Normal Superior primero, y luego, en la Universidad Nacional. Lo que se llamaba Sociología era una historia de las ideas sociales, pero no se tenía la visión de que la Sociología era una disciplina muy precisa, incluso muy técnica”.

En efecto, en los años 20 y 30 del siglo pasado habían dictado cátedras universitarias de Sociología, en Facultades de Derecho en Colombia, Diego Mendoza Pérez, Diego Montaña Cuéllar y Germán Arciniegas, entre otros, pero es en la cátedra de Jaramillo Uribe en la ENS, a comienzos de los años 40, cuando esta disciplina académica es concebida no como teoría social, sino como una ciencia social, que poseía unos postulados teóricos y metodológicos específicos.

Además de los fundadores de la sociología, en el curso de este joven profesor se estudiaba con atención a Durkheim y a Max Weber, piedras miliares del pensamiento sociológico, así como 3 figuras recientes de esta disciplina en Europa y los Estados Unidos. Así mismo, este actualizado docente hablaba en su asignatura sobre la “teoría de los grupos”, propia de la sociología norteamericana, corriente nacional de este saber que, vinculada a la “geopolítica del conocimiento”, alcanzaría un carácter paradigmático después de la Segunda Guerra Mundial, en Latinoamérica.

El encuentro o interfecundación entre la Historia y la Sociología, expresados en la obra historiográfica y ensayística de este notable intelectual, esta sinergia entre miradas, conceptos y metodologías de dos disciplinas científicas modernas, constituyen un aporte decisivo del autor, no sólo para el desarrollo de la historiografía sino para las ciencias humanas en Colombia. Además, Jaime Jaramillo creó las primeras directrices, sólidamente construidas, de la historia social y cultural en el país, al tiempo que él ha sido una fuente de referencia significativa para autores de la sociología histórica en Colombia. “Después de todo – ha escrito Immanuel Wallerstein – ser histórico no es propiedad exclusiva de las personas llamadas historiadores, es una obligación de todos los científicos sociales. Ser sociológico no es propiedad exclusiva de ciertas personas llamadas sociólogos sino una obligación de todos los científicos sociales.”.

Confluyen en la innovadora visión del académico colombiano los mejores aportes de la sociología histórica europea y de la historiografía de aquel continente, como también de algunos investigadores sociales latinoamericanos, permitiéndole establecer puentes entre estas dos disciplinas, cuando un segmento de los historiadores actuales parece encerrarse en sus límites disciplinarios, planteando así frente a los practicantes profesionales de otros saberes cercanos, pleitos de “legitimidad” académica para “defender” límites simbólicos de su conocimiento especializado y establecer definiciones unilaterales de la realidad social. De Max Weber (sociólogo, jurista, historiador y politólogo alemán, uno de los autores fundamentales reconocidos de las ciencias sociales en el siglo XX), el profesor Jaramillo conoció su pensamiento y metodología al asistir al ciclo de conferencias que dictó José Medina Echavarría sobre dicha personalidad, en la Universidad Nacional en 1.945, invitado por el rector Gerardo Molina. En ese periodo, este sociólogo hispano-mexicano (uno de los pioneros de la sociología profesional en Latinoamérica), presentaba en Bogotá la primera traducción completa de la monumental obra del autor alemán: Economía y sociedad (Weber, 1944).

La Revista Universidad Nacional, en 1.945, registraba con entusiasmo la presencia en el país de este transterrado español, convertido ya en una figura de la emergente Sociología latinoamericana, anunciando que el mencionado intelectual iniciaría un curso regular de Sociología en la Facultad de Derecho, así como un Seminario con el fin de realizar: “Un estudio profundo de la Sociología de Max Weber. Ella fue editada por la editorial Fondo de Cultura Económica, antes de que fuera traducida de manera íntegra, al inglés, al francés o a cualquier otro idioma diferente al español. Lector omnívoro y disciplinado, en la formación intelectual de Jaramillo Uribe influyó tempranamente el marxismo, al cual se adhirió en su primera juventud, como lo hicieron otros intelectuales de su generación, y al cual después abandonó como ideología totalizante, pero conservó de Marx algunas de sus enseñanzas en la historia social y económica de la sociedad moderna.

Desde Bogotá, comenzó a realizar el estudio de la obra de Weber y Durkheim, entre otros autores, y en sus estudios en Francia le interesaron los historiadores alemanes sociales, Henri Pirenne y, por supuesto, la Escuela de los Anales (Ernest Labrousse, que fue su profesor, Marc Bloch, Lucien Fevre), cuyos miembros renovaban, entonces, los estudios de la disciplina histórica. Pero no se ha enfatizado suficientemente en la influencia, en su formación como historiador, del citado Max Weber. En conversación con él, Jaramillo Uribe nos reconocía el hondo impacto que le causaron las mencionadas conferencias de Medina Echavarría, en 1945, que lo incitaron a estudiar Economía y sociedad (1944), la obra central de Weber. También nos aludía al impacto duradero, en su formación intelectual, de la obra del autor alemán.

En el conocido texto de este intelectual y académico: Ensayos de historia social colombiana (1968), libro renovador en la historiografía nacional de su época, algunas de las categorías y el enfoque histórico-sociológico de Weber se traslucen en la obra, especialmente en sus análisis sobre la estratificación social en la colonia neogranadina.

Respecto del Fondo de Cultura Económica, notable editorial mexicana aún vigente (en Bogotá se halla situado, hoy en día, en el tradicional barrio La Candelaria, el Centro Cultural Gabriel García Márquez, donde funciona una de las grandes librerías del país, la del Fondo de Cultura Económica), ha expresado Jaramillo Uribe: “Los que hemos puesto algún granito de arena en la transformación de los estudios históricos y sociales en Colombia le debemos mucho al Fondo de Cultura Económica. A través de esta gran casa editorial nos pusimos en contacto con las figuras más importantes de la historia, la sociología, la antropología y la filosofía modernas y, sobre todo, con el pensamiento alemán, un hecho bastante significativo en nuestro país, ya que éramos subsidiarios del pensamiento francés y, en alguna medida, del pensamiento inglés (....) El Fondo nos trajo a Ranke, Mommsen, Burckardt, Weber, Meyer y (....) “La presencia del gran sociólogo Medina Echavarría ha sido un alto y luminoso acontecimiento de la Universidad de Colombia”.

El Fondo de Cultura Económica acogió a varios de los “transterrados” españoles (que tuvieron un nicho académico privilegiado en el Colegio de México), realizando las traducciones señaladas por Jaramillo Uribe, y otras más, en una labor perseverante de versión al español de obras clásicas y contemporáneas de las ciencias sociales europeas y norteamericanas, así como, posteriormente, latinoamericanas. Debe mencionarse también en los años formativos de Jaramillo Uribe y de su generación, en el periodo de entreguerras, sobre los órganos difusores de nuevos autores y corrientes intelectuales, casi desconocidos entonces en España e Hispanoamérica, a la Revista de Occidente que fundara y dirigiera José Ortega y Gasset.

Esta publicación cumplió también en el mundo de habla hispana un papel central en la traducción de autores y en la divulgación de corrientes y personalidades renovadoras en la cultura alemana, así como de otros países europeos. “A las ediciones del Fondo y de la Revista de Occidente - sostiene Jaramillo Uribe - debimos nuestro contacto con muchos autores importantes, más que a la promoción de la Universidad”. En 1.946, con otros profesores de la Escuela Normal, Jaramillo viaja a Francia en donde realiza estudios en la Sorbona, en su Escuela de Ciencias Políticas. Allí fue discípulo de personalidades destacadas en el campo académico francés e internacional.

La experiencia en la Escuela de Ciencias Políticas, según sus palabras, marcó su definición vocacional. Jaramillo Uribe decidió entonces dedicarse profesional e intelectualmente a la historiografía, buscando enérgicamente su desarrollo e institucionalización en Colombia. Entonces, este saber se hallaba representada por autodidactas y aficionados (vinculados a Academias que funcionaban como espacios de una representación histórica oficial), sin expresarse aún como una disciplina científica y un campo académico autónomo. En éste, es imperativo recordarlo, coexisten paradigmas, teorías, métodos y técnicas de investigación para el manejo y transformación de la información, registrándose también luchas en su interior por la legitimidad intelectual y el reconocimiento.

El autor de El pensamiento colombiano en el siglo XIX (1964), tiene ocasión de viajar a Alemania en 1.953, donde es Profesor extraordinario de la Universidad de Hamburgo. Asiste a cursos de Sociología y Filosofía y viaja por varios países europeos, para regresar en 1.955 a la Universidad Nacional de Colombia, asumiendo las cátedras de Historia Moderna e Historia de Colombia. Comienza entonces un período en el que Jaramillo Uribe desarrolla una fecunda labor intelectual y organizativa, fundamental para la institucionalización y definición profesional de los estudios históricos, en Colombia. Al respecto, escribe Bernardo Tovar, en un meditado ensayo de biografía intelectual del autor: “Con el propósito de otorgarle a la historia un espacio institucional que, a su turno, le abriera las perspectivas de su profesionalización, empezó las gestiones para la creación del Departamento de Historia (de la Universidad Nacional), el cual se hizo realidad en 1.962.

Considerando la importancia de contar con un medio de difusión y de estímulo para las nuevas investigaciones sobre la historia colombiana fundó, en el mismo año, el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura, cuyo primer número vio la luz en 1.963. Antes había dirigido la revista Ideas y valores, de la Facultad de Filosofía y Letras, dependencia de la que fue decano entre 1.962 y 1.964.” Jaime Jaramillo Uribe se constituyó así en un verdadero “Padre fundador” de la comunidad de historiadores profesionales en Colombia.

Como sucedió, también, con Orlando Fals, fue un líder “carismático” de su tribu académica, considerándoselo el maestro reconocido de aquellos a quienes se ha agrupado en la corriente denominada Nueva Historia, conformada por algunos de sus discípulos y coetáneos de éstos, quienes, desde la década de los setenta, llevaron a cabo una renovación de los temas, las interpretaciones y las metodologías de análisis en la producción historiográfica del país, que ya había comenzado el profesor Jaramillo Uribe. En el campo académico se suceden luchas por la hegemonía intelectual e institucional, que enfrentan a representantes de diversas generaciones, así como de distintas corrientes intelectuales o de distintas lealtades universitarias o políticas, quienes compiten por el monopolio de las interpretaciones legítimas en el campo de la disciplina y de la profesión, por el poder de la “nominación” (Bourdieu 1.995), por la posibilidad de crear los relatos históricos que devengan canónicos, consagrados.

Nuevas generaciones de historiadores en el país se formaron en la Universidad Nacional pero también, de modo creciente, en diversos departamentos de Historia creados en otras universidades de Bogotá y en varias capitales regionales del país. Surge y se consolida la figura social del historiador profesional, el cual adquiere diversos roles y funciones, no solamente en el campo académico. La producción bibliográfica en la historiografía se amplía notablemente, así como el número de revistas históricas, sobre todo universitarias. El historiador profesional tiene acceso, hoy en día, a un público lector ampliado, produciendo además de libros y ensayos, artículos periodísticos, fascículos y libros de texto y asesorando la producción de películas y seriados televisivos. Por supuesto, una posición muy importante del historiador con formación universitaria la constituye la enseñanza, en la educación escolar y superior.

De este modo, el saber historiográfico va siendo reconocido y asimilado por sectores sociales ajenos a la academia. La historiografía colombiana, en consonancia con lo sucedido en otros centros académicos de este saber disciplinario en el mundo, se ha diversificado en nuevos campos temáticos, verdaderas subdisciplinas como son la historia de la vida cotidiana, de las mujeres, de la ciencia y de la técnica, de los movimientos sociales, de los problemas ambientales, de la sexualidad, las artes o la política. La historiografía, como campo académico, disciplina y profesión que supera los relatos de aficionados, comienza su instauración en los años sesenta del siglo XX, como sucedió también con la Sociología o la Antropología. En un campo recién constituido como aquel surge desde los años setenta, con timidez es cierto, la “rebelión contra el padre”.

Nuevas generaciones de historiadores reexaminan los textos canónicos y buscan reinventar su tradición, interrogar su propio devenir y construir nuevos relatos. Así, estudian, o reestudian aspectos de la obra del profesor Jaramillo Uribe. De este modo, se han rebatido sus estimaciones demográficas sobre la población indígena prehispánica. Se ha señalado que en su obra, que tiene como uno de sus ejes de referencia el mestizaje (en su decisiva dimensión sociocultural), sin embargo no ha reconocido suficientemente la importancia del múltiple aporte indígena y afroamericano en la conformación de las sociedades latinoamericanas (y de su país, en particular). Esta incidencia, en relación a las representaciones sociales, la culinaria, la música, la sexualidad, la religiosidad, las formas familiares, el saber etnobotánico, los patrones de acción política y las lógicas de la actividad económica, entre otras áreas sociales relevantes. Se han discutido también las interpretaciones de Jaramillo Uribe sobre corrientes y personajes del devenir histórico colombiano, acerca de su visión de la Escolástica, la Ilustración, el Liberalismo radical, el Positivismo o sobre Núñez y Caro.

En particular, dentro de un campo disciplinar pluralista donde hoy coexisten diversas orientaciones académicas y políticas, hay quienes han confrontado su particular versión del liberalismo, concebido como una actitud política, tanto como vital y cultural, encontrando homologías entre opiniones e interpretaciones suyas y sus posiciones partidistas. De hecho el profesor Jaramillo, tras unas simpatías comunistas en su primera juventud, ha pertenecido al Partido Liberal, habiendo ocupado no sólo cargos académicos-administrativos en su vida, sino también diplomáticos y en entidades privadas. Como es propio de un campo académico y profesional en permanente transformación de paradigmas, áreas temáticas, metodologías y espacios de desarrollo profesional, sus miembros han buscado la especialización en subcampos o subdisciplinas, tal vez con excesivo celo, desarrollando y controvirtiendo, en muchos casos, las interpretaciones del profesor Jaramillo Uribe.

Sin embargo, existe un amplio consenso en la creciente comunidad de los historiadores acerca de que dos de las grandes áreas temáticas de la historiografía colombiana contemporánea, las denominadas historia social e historia de la cultura, se han desarrollado teniendo como uno de sus referentes centrales las hipótesis e interpretaciones exploradas por Jaramillo Uribe, desde los años cincuenta del siglo anterior, lo que no niega los notables aportes teóricos, metodológicos y empíricos desarrollados por los mejores exponentes de estas nuevas promociones de historiadores. Para la existencia de un campo social, como un conjunto de posiciones, recursos y agentes organizados e interrelacionados, es necesaria una creencia en unas “reglas de juego” comunes, considerando que vale la pena una “inversión” de tiempo y energía para participar en sus luchas específicas y en sus particulares recompensas (Bourdieu. 1.995).

La adhesión a unas reglas de juego supone aceptar ciertos principios y formas de clasificación y jerarquización, explícitos o implícitos. Puede decirse que las diversas corrientes historiográficas en Colombia - diferenciadas en razón de las formas de relatar los acontecimientos, de sus distintos marcos teóricos, del uso de alternas metodologías y de la producción de contrastados resultados de la investigación - reconocen en Jaime Jaramillo Uribe a una verdadera figura fundacional de la disciplina y la profesión de la historiografía, en el país.

*Del capítulo: “La formación de campos académicos en las ciencias sociales en Colombia”, que aparece en el texto de mi autoría elaborado para la promoción a Profesor Titular de la Universidad Nacional de Colombia (Este intertítulo está inédito).

*Tomado de la revista Alep 175, octubre diciembre (Apartes)

 

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