Telecentros, más que redes y aparatos

Telecentros, más que redes y aparatos

El proyecto de Apropiación de las TIC busca incentivar el uso de la tecnología.

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18 de diciembre 2015 , 12:12 a.m.

“Todo tiempo es un tiempo de aprender”, dijo en alguna ocasión Flor Liliana Cortés, una entusiasta participante del proyecto Apropiación de las TIC en el suroccidente colombiano. Flor Liliana falleció en pleno desarrollo de este proyecto, liderado por el grupo de Investigación en Comunicación para el Desarrollo de la Universidad Autónoma de Occidente, que desde Cali irradia el conocimiento sobre las nuevas tecnologías de la información a esa región de nuestro país.

Esta situación era común: colegios rurales del departamento del Cauca dotados con equipos de computación que los profesores no usaban porque no sabían encender un computador ni mucho menos ingresar a la internet y navegar por los mares digitales del conocimiento. Los alumnos estaban en la misma circunstancia, y no es que se esté hablando aquí de tiempos remotos. Los profesores y estudiantes del caso citado ignoraban para qué servían esos equipos instalados en salas especiales de los establecimientos educativos. Esas salas no eran otra cosa que telecentros, parte de una red de espacios físicos dotados de una infraestructura que permite el acceso a internet. Pero no solo eso.

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación no son, como suele creerse, un montón de desarrollos que dependen de la internet o que solo sirven para navegar en ella. En realidad, el término TIC comprende un amplio conjunto de medios que permiten la relación e intercambio de información, como la radio, la televisión, las redes de telecomunicaciones, los periódicos digitales, los teléfonos celulares, los computadores… Y también la internet, claro. O, mejor dicho, a través de la internet. Incluso en países catalogados como emergentes, los cambios de carácter tecnológico se han desarrollado con tanta rapidez, que muchos de ellos ─Colombia es uno─, han venido cambiando desde hace algunos años sus antiguos ministerios de Comunicaciones por modernos ministerios TIC.

Dependiendo del modo en que se utilicen, los medios de categoría TIC no son otra cosa que instrumentos del conocimiento puestos al servicio de una mejor calidad de vida. Y esto es lo que se les ha enseñado a las comunidades de diversas zonas del suroccidente colombiano mediante la alianza de una serie de organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Dicha alianza ha permitido que se dote de telecentros a numerosas comunidades.

Los telecentros, es cierto, son espacios físicos dotados de una infraestructura que permite el acceso a internet. Pero, como enfatiza el grupo de Investigación en Comunicación para el Desarrollo de la UAO, también son espacios propicios para el diálogo y el acuerdo de ideas, que tienen en cuenta las necesidades de la comunidad, en busca de soluciones que incluyan el uso de las TIC. El especialista boliviano Alfonso Gumucio Dagron explica que los telecentros se diferencian de los cafés internet o cibercafés en que “han sido instalados con fines sociales, para usos y prácticas sociales que promueven el desarrollo comunitario, especialmente en zonas con poblaciones vulnerables o marginadas”. Los cafés internet y los cibercafés, en cambio, tienen fines económicos y sus usuarios un nivel destacado de escolaridad.

De ahí las palabras entusiastas como las de Flor Liliana Cortés cuando hablaba de su experiencia en los telecentros. En ellos, líderes tecnológicos enseñan a manejar computador e internet, al punto que en el año 2012 iban más de 10.500 personas alfabetizadas en este campo. Ahora los profesores y estudiantes de aquellas zonas rurales no se varan para utilizar un computador.

Pero hay más.

El proyecto del grupo de investigación capacita en el uso de TIC a personas que viven en situación de riesgo, como indígenas, afrodescendientes, desplazados, discapacitados, adultos mayores, jóvenes, mujeres, agricultores, pescadores, ganaderos, mineros, comunidad LGTB, desmovilizados, reinsertados, población Rom (gitanos), raizales y afectados por la ola invernal. En el caso de aquellas personas que tienen conocimientos previos sobre el uso del computador, estos se les refuerzan y amplían.

Sin embargo, el proyecto es mucho más que computadores e internet. Esto se puede ejemplificar con el caso del telecentro ubicado en Timba, Cauca. Su administradora y líder tecnológica, Martha Isabel Zúñiga, es técnica en ingeniería de sistemas y tiene problemas de audición, al punto que debe leer los labios para entender lo que le están diciendo. Cuando los coordinadores del proyecto conocieron a Martha, la comunidad no frecuentaba el telecentro y se quejaba de mala atención. Por eso el proyecto, a través de la coordinación local, hizo un proceso de sensibilización con la comunidad en el que se explicó la situación de discapacidad de Martha, que muchos desconocían, y se lograron acuerdos para que ella pudiera continuar como líder del telecentro. Así narra Martha lo que sucedió: “Cuando recibí la visita de los miembros de la Universidad Autónoma de Occidente de Cali, que me enseñaron el proyecto Apropiación TIC, se me abrió una puerta para seguir adelante y una gran oportunidad para capacitar a la comunidad en cursos como talleres de género, periodismo comunitario, manualidades y elaboración de proyectos.

Estos proyectos se han seguido adelantando y se han fortalecido. Hoy, con la ayuda de Dios, he podido superar estos grandes obstáculos”.

En la variedad de temas y enfoques se puede condensar la importancia de este proyecto y el potencial que tienen los telecentros para beneficiar de múltiples maneras a las muy variadas comunidades que los rodean. Antes, la gente creía que los telecentros solo servían para que los niños fueran a jugar. Ahora sabe que en ellos se imparten conocimiento y reflexión. Por ejemplo, talleres a los que han asistido mujeres y hombres y en los que se aplica la Evaluación con Perspectiva de Género (GEM, por sus siglas en inglés) han logrado un cambio en la relación de las mujeres incluso consigo mismas. Este es el caso de doña Josefa Aponza, del corregimiento de Robles (Jamundí, Valle), quien tras acudir a talleres TIC para adultos mayores y participar en actividades GEM relata que un día encontró a su hijo cocinando y ella atribuyó esto a que su nuera era una perezosa. Ahora, en cambio, piensa que el hijo y la nuera deben compartir todas las responsabilidades del hogar.

Claro que en los telecentros se imparte conocimiento sobre el uso de las TIC. Pero, lo más importante, en ellos la comunidad se vuelve responsable y protagonista de su propio cambio. La tecnología es solo una herramienta que las personas deben aprovechar para ser escuchadas y generar cambios en sus vidas. Esto es lo que allí se enseña.

www.propiedadpublica.com.co

CÉSAR ALZATE VARGAS
*Versión periodística del texto “Apropiación social de las TIC para el desarrollo” de Hernando Vaca Gutiérrez, María Lucrecia Romero Valencia, Mónica Palacios Echeverry y Diana Marcela Escobar Aguirre.

 

 

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