Edith Piaf, cien años sin arrepentirse de nada

Edith Piaf, cien años sin arrepentirse de nada

Hace un siglo la cantante francesa llegó al mundo. Sus letras contagiaron amor al mundo.

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18 de diciembre 2015 , 10:17 a.m.

El 19 de diciembre de 1915 marcó el inicio de la biografía de una gran cantante atrapada en un cuerpo minúsculo, de solo 1,47 metros. Edith Giovanna Gassion, quien más tarde llegaría al sobrenombre artístico de ‘Piaf’, que en argot francés significa ‘gorrioncillo’.

Sus 47 años de vida estuvieron rodeados por la sordidez y la necesidad, incluso en sus días de gloria, cuando toda Francia se emocionada con sus canciones.

Su primer éxito le llegó cuando tenía 20 años, gracias al empresario Louis Leplée, quien la bautizó como ‘La Môme Piaf’ (‘La Muchacha Gorrioncillo’) y le ayudó a grabar su primer disco. Entonces conoció a dos de las personas que más marcarían la vida artística y personal de la diva de la "chanson française": el compositor Raymond Asso, su nuevo mentor y amante, y la pianista Marguerite Monnot, que le acompañaría durante toda su carrera.

Por fin Piaf saboreaba el éxito que tanto se le había resistido, amplificado tras la Segunda Guerra Mundial como símbolo de la Resistencia, para una Francia que necesitaba recuperar el orgullo perdido al claudicar ante la Alemania nazi.

En 1946 grabó ‘La Vie en Rose’, probablemente la gran canción de su vida y la melodía que recientemente ha servido de banda sonora para muchos de los homenajes a las víctimas de los atentados yihadistas del 13 de noviembre en París, que dejaron 130 muertos.

Pero la tragedia nunca se despegó de Edith Piaf, que un par de años después conoció en Nueva York al boxeador Marcel Cerdán, de quien se enamoró locamente y que falleció un año después en un accidente de avión, a quién le escribió ‘Hymne à l'amour’.

Ante los ojos amigos de Alain Delon, Louis Armstrong, Paul Newman, George Brassens, Duke Ellington o Jean-Paul Belmondo, Piaf estrenó ‘Je ne regrette rien’ (No me arrepiento de nada), emocionando a un auditorio con un canto hedonista empapado de alcohol, pasiones y opiáceos.

Poco después se casó con el cantante Théo Sarapo, veinte años más joven, y el 10 de octubre de 1963 falleció en una casa de campo en la localidad mediterránea de Grasse.

No muy lejos de su tumba, en el mismo barrio de París que la vio nacer, hay ahora una pequeña plazuela con su nombre donde una estatua de bronce la recuerda con los brazos extendidos hacia un cielo que tanto le costó conquistar.

Un siglo después de su nacimiento en la peana de la efigie suelen sentarse cada día varios mendigos a compartir algo de vino y bastante de la escasez que marcó la vida de Edith Piaf

EFE

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