La peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial

La peor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial

Habitantes sirios huyen de la guerra de su país y buscan un mejor futuro en Europa.

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17 de diciembre 2015 , 06:44 p.m.

El 4 de septiembre de 2015 el mundo se estremeció con la imagen de un niño sirio de tres años ahogado sobre la arena de una playa turca. Aylan Kurdis era su nombre. La fotografía salió en la primera plana de varios periódicos del mundo y fue recreada por caricaturistas y artistas plásticos. Aylan –con su camiseta roja y su short de jean– se convirtió en el símbolo de la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial: la de los sirios huyendo de los horrores de la guerra. (Vea: Ciudades de distintas partes del mundo rinden homenaje al niño inmigrante muerto)

Más de siete millones de sirios se han desplazado dentro de su país para escapar del conflicto que enfrentan el régimen de Bashar Al Assad –cuyo padre estuvo 30 años en el poder–, los rebeldes sirios que pretenden derrocar al actual presidente y al Estado Islámico, un grupo terrorista autodenominado califato que quiere recuperar el control sobre los territorios del antiguo imperio árabe.

A esa situación se le suma la presencia de los kurdos, un pueblo milenario que lucha por la independencia de Kurdistán (región que abarca parte de Siria, Irán, Irak y Turquía), y la intervención de países como Rusia y Estados Unidos. Van más de 250.000 muertos en cuatro años. Vivir tranquilo en Siria es prácticamente imposible. (Lea: Radiografía de la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra)

Por eso, como la familia de Aylan, otros cuatro millones de sirios (aproximadamente el 18 % de la población) han abandonado su país desde que la guerra estalló en marzo de 2011. El 95 % están en Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto, mientras que el 5 % restante se ha aventurado en una peligrosa travesía que empieza en el mar Mediterráneo y termina, si tienen suerte, en Europa Occidental.

En 2015, más de medio millón de migrantes llegaron a Europa en busca de asilo: tres veces más personas que el año anterior. La mayoría de refugiados arribaron primero a Grecia, desde donde pasaron a Macedonia, Serbia y finalmente Hungría, el primer país del espacio Schengen. En un año, más de 140.000 personas entraron a Europa por Hungría, mientras que 300.000 lo hicieron tras cruzar el Mediterráneo apiñados en barcos y botes endebles -2.300 perecieron en el intento-. (Lea: Las cifras de la crisis de los refugiados e inmigrantes en Europa)

Sin embargo, los refugiados sirios no fueron bien recibidos por todos los países europeos. En mayo, la Comisión Europea ordenó que 40.000 migrantes presentes en Italia y Grecia debían ser repartidos en los demás países de Europa, con excepción de Reino Unido, Dinamarca e Irlanda (que tienen autonomía en materia de Interior), y de los tres que son puerta de entrada a refugiados (Italia, Grecia y Hungría). La repartición de los refugiados se quedó en veremos, mientras que más personas seguían cruzando las fronteras del viejo continente.

A finales de agosto, Hungría levantó una valla alambrada de 175 kilómetros a lo largo de su frontera con Serbia para detener el flujo migratorio, decisión que fue duramente criticada por la comunidad internacional. (Lea: La Unión Europea y su insuficiente apertura para inmigrantes).

Entonces, la Comisión Europea pidió a los Estados miembros acoger a otros

120.000 refugiados en un plazo de dos años, una cifra que se quedó corta en comparación con el medio millón de migrantes a la espera de asilo.

Aunque algunos países de Europa del Este no estuvieron muy contentos con la medida, otros mostraron de inmediato su voluntad política para apaciguar la crisis migratoria. Reino Unido, por ejemplo, se comprometió a recibir 20.000 refugiados sirios en un lapso de cinco años, y Francia y España aceptaron las cuotas de 24.000 y 15.000 refugiados, respectivamente.

Pero el ejemplo de mayor voluntad política –y moral– partió de Alemania. La canciller Ángela Merkel anunció que su país aportaría 6.000 millones de euros para mejorar la atención de los refugiados en 2016 y se comprometió a recibir en territorio alemán a 500.000 migrantes cada año. Alemania se convirtió en sinónimo de esperanza para los refugiados, y eso “es algo muy valioso si miramos nuestra historia”, dijo Merkel. (Lea: Merkel: ‘La llegada masiva de refugiados ‘cambiará’ a Alemania’)

El anuncio de la Canciller tuvo respuesta inmediata. El 7 de septiembre, los alemanes recibieron con carteles y aplausos a centenares de familias que estaban esperando en los alrededores de una estación de tren en Budapest la oportunidad para abandonar Hungría. Por unos días, la imagen de Aylan en la playa turca cedió paso a una más esperanzadora: los alemanes celebrando la llegada de los sirios en la estaciones de tren de Múnich y Fráncfort.

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