Donald Trump, el 'payaso' que quiere ser presidente

Donald Trump, el 'payaso' que quiere ser presidente

No a pesar de sus exabruptos, sino gracias a ellos, el 2015 fue un año de éxito para el magnate.

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17 de diciembre 2015 , 06:29 p.m.

Desde el día en que Donald Trump lanzó su precandidatura a la presidencia de Estados Unidos ha sido difícil diferenciar su campaña política de un ‘reality show’.

Ese 16 de junio, se pensó que había sepultado sus aspiraciones presidenciales cuando aseguró que los inmigrantes mexicanos eran “unos violadores”, que “traen droga y crimen”, y prometió que construiría un muro en la frontera y haría que los mismos mexicanos pagaran por él.

El rechazo de la comunidad latina y otros miles de ciudadanos no se hizo esperar. Varios artistas, políticos, empresarios y cadenas de televisión –Univisión, Telemundo, NBC, Televisa y ESPN- anularon sus vínculos con la organización de Trump.

Y sin embargo, su candidatura no fue sepultada. Casi dos meses después, el 6 de agosto, en el primer debate televisado de los republicanos, Trump insistió en que era imperativo construir un muro en la frontera mexicana y, además, expulsar a los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en el país. En el evento, la moderadora de Fox Megyn Kelly se encargó de poner contra las cuerdas al magnate, al objetar los débiles cimientos de sus planes políticos, y recordarle que alguien que había llamado “cerdas y perras” a las mujeres tal vez no tenía talante de presidente. Luego del debate, en una entrevista, tomó represalias contra Kelly e insinuó que su severidad se debía a que tenía la menstruación: "le brotaba sangre de los ojos, le brotaba sangre de… donde sea". El insulto lo dejó por fuera de un encuentro conservador y congeló sus relaciones con la cadena Fox.

Este fue solo el primer encontronazo, entre muchos, con periodistas que lo incomodaban. Semanas después, en una rueda de prensa, cuando Jorge Ramos -uno de los reporteros hispanos más respetados en Estados Unidos- trató de cuestionar a Trump sobre sus planes antiinmigratorios, este lo mandó callar y lo expulsó de la sala donde se realizaba la conferencia.

Los incidentes no pasaron desapercibidos y fueron registrados en titulares y portadas de prensa de todo el mundo.

Así, parecería que el negocio que más complace a este célebre empresario es el de ganar enemigos a diestra y siniestra. Porque no fue a pesar de estas controversias, sino gracias a ellas que los electores –o las audiencias de su ‘show’– le dieron el liderazgo a su campaña frente a otros 13 contrincantes republicanos, con un 35% de la intención de voto, según la más reciente encuesta. De ser considerado un “payaso”, se convirtió en el candidato del Partido Republicano con más posibilidades de disputar las elecciones presidenciales del 2016. Ya, incluso, estuvo entre los nominados para ser el Personaje del año de la revista TIME.

Bajo el lema de “¡Hagamos a América grande de nuevo!”, el precandidato ha impulsado más planes de política externa igualmente insensatos a los de la muralla fronteriza, pero que terminan por hacer gran eco entre los conservadores nacionalistas estadounidenses.

Justo después de los atentados terroristas del Estado Islámico en París, el 13 de noviembre, en un evento en Texas, criticó a Francia por sus restricciones en el porte de armas, vinculó a los inmigrantes refugiados con los terroristas que efectuaron la masacre y pidió reversar el asilo que varios países darán a las víctimas sirias al calificarlos de “caballos de Troya”. Además, propuso crear una base de datos obligatoria para “vigilar” a todos los musulmanes que están en Estados Unidos.

Y siguió en su empeño. Su más reciente manifestación xenofóbica se dio tras el tiroteo en San Bernardino (California), a principios de diciembre. Cuando las autoridades revelaron que los autores de la masacre eran de ascendencia árabe, Trump fue más allá y emitió un comunicado en el que pedía prohibir el ingreso al país de todas las personas de religión musulmana: “Nuestro país no puede seguir siendo víctima de ataques horribles de personas que creen en la ‘yihad’”.

Esta declaración generó el repudio de millones de ciudadanos y causó el revuelo más escandaloso desde que inició su carrera presidencial. Hillary Clinton, candidata favorita del Partido Demócrata y principal contrincante de Trump, lo resumió al calificar sus palabras de “reprobables, prejuiciosas y divisivas”. El sentimiento de que los exabruptos de este zar de las bienes raíces han dejado de ser graciosos y merecen el fin de su candidatura es general. Ni los mismos republicanos –pese al desenfrenado ascenso de su popularidad– creen probable que su candidato líder llegue a ocupar el puesto de Barack Obama en la Casa Blanca.

Hasta el momento, el futuro político de este “payaso” en los 11 meses que faltan para las elecciones presidenciales es una gran incógnita; pero una cosa es certera: su éxito como conductor de espectáculos es innegable.

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