El 'taxímetro' del daño ambiental marca en billones

El 'taxímetro' del daño ambiental marca en billones

El país aún desconoce los gastos que se avecinan con los pasivos ambientales que deja la minería.

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16 de diciembre 2015 , 09:02 p. m.

Miles de excavaciones, piscinas de mercurio y bosques arrasados son el saldo en rojo que le está dejando la minería ilícita a la biodiversidad del país. El costo de restaurar estos pasivos ambientales, como la misma magnitud del daño, no está cuantificado.

Pero no hay una sola institución del sector que no tenga claro que esa cuenta en rojo se contará en billones de pesos. Mineros de Colombia, que es una de las cinco grandes empresas del sector formal del oro en el país y cuya producción anual ronda las 5,7 toneladas, invierte cada año unos 10.000 millones de pesos en recuperación de su ‘pasivo ambiental’. Este equivale a unas 200 hectáreas: la suma de terrenos intervenidos, más una porción similar por responsabilidad social.

Ahora bien, si los cálculos del área con total afectación o grave daño están entre las 100.000 y las 200.000 hectáreas, el país podría estar hablando de no menos de 10 billones de pesos, sin tener en cuenta el daño de los ríos.

Por el momento, una investigación que le encomendó el Ministerio de Minas y Energía a la Universidad Nacional muestra la necesidad de inversiones millonarias que solo son un abrebocas de los costos que traerá en las próximas décadas reparar los ecosistemas en crisis.

Los costos varían de punto a punto de la geografía nacional, y también dependiendo el tipo de minería que se practique. Por ejemplo, mitigar el riesgo que deja una pequeña mina de socavón (estudios para evitar derrumbes, revegetalización y control de la erosión superficial) costaría cerca de 1.200 millones de pesos. Eso, solo para estabilizar un talud, según las condiciones de una mina que evaluó la Universidad Nacional en Santander.

“La minería ilegal es un brazo que superó todas las expectativas de degradación ambiental”, dice Germán Vargas, Ph. D. e investigador principal de la pesquisa de la Nacional.

El caso sin duda más preocupante es el de los recursos hídricos. La universidad evaluó el río Dagua, en el Valle del Cauca. Cerca de 22.000 millones de pesos se necesitan solo para intentar recuperar 64 kilómetros de su cauce, perdido entre las piscinas de mercurio y la remoción del suelo que dejaron las dragas en búsqueda del oro.

En las imágenes de satélite se lograron identificar huecos hasta de 6.000 metros cuadrados, que alcanzan profundidades de 12 metros. Estos hoyos se convierten en foco de insectos y de riesgo para la comunidad cercana, una población estimada de 2.580 personas.

Ahora, recuperar los drenajes ácidos, que se forman por el contacto de las rocas con elevados niveles de sulfuros, implica otros retos. En la investigación se hizo el análisis para uno pequeño, de 50 metros, y los gastos ascendieron a 80 millones de pesos.

Los pozos que se van desprendiendo de la actividad minera también generan pasivos ambientales. Para restaurar uno que haya retenido contaminantes por cinco días, y que tenía un tamaño de 430 metros cuadrados, el costo estimado es de 37 millones. Según explica Vargas, estos referentes son ínfimos respecto de lo que costaría intervenir impactos más grandes, como los que se ven en la mayoría de ríos en el país.

Sin embargo, estas reparaciones físicas no logran remediar el otro estrago: la contaminación de las aguas por mercurio, el elemento que permite separar el oro de los sedimentos.

Ríos envenenados

De acuerdo con el último Estudio Nacional de Aguas, se estima que cerca de 205 toneladas de mercurio son vertidas al suelo y al agua. Las tres vertientes con mayor afectación son el río Atrato, el río Cauca (en su tramo por Antioquia) y algunas zonas del Magdalena medio y bajo. Recuperar estas cuencas implicaría planes de intervención integral que ascenderían a varios miles de millones, incluidas grandes plantas de tratamiento.

Según el Ministerio de Ambiente, especies acuáticas como la mojarra amarilla, el moncholo y la doncella superan el límite máximo internacional de mercurio (0,5 microgramos de mercurio por gramo) aceptado para variedades de consumo humano.

En relación con este aspecto, la investigación del profesor José Luis Marrugo, de la Universidad de Córdoba, también ha señalado que en lugares como la ciénaga de Ayapel las mayores concentraciones se registraron en el pez doncella. Pero, más allá del agua, también se ha comprobado que el mercurio ya llegó a gallinas y patos de los lugares cercanos.

Caso similar es el de los bosques. Si bien aún no se ha podido determinar cuántas hectáreas de bosque natural se pierden por esta actividad, Édersson Cabrera, coordinador del Sistema de Monitoreo de Bosques, asegura que la minería hoy le resta más verde al país que los mismos cultivos ilícitos. De hecho, cinco municipios con fuerte actividad minera concentran el 8 por ciento de toda la deforestación de Colombia.

Nada más en municipios como Remedios, en Antioquia, o Unguía, en Chocó, se perdieron 2.110 y 1.589 hectáreas de bosques, respectivamente, en el último año. Sumadas, equivalen a desaparecer 32 veces el Simón Bolívar, el parque urbano más grande del país.

REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE

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