La pluma guerrera de Rafa Baena

La pluma guerrera de Rafa Baena

Amigos del mundo periodístico y literario recuerdan al fallecido escritor.

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15 de diciembre 2015 , 07:55 p. m.

Aunque también mantenía comunicación permanente con sus amigos y familiares por vía telefónica, el correo electrónico se volvió, en los últimos meses, el principal aliado del periodista y escritor Rafael Baena, fallecido el lunes pasado, a causa de quebrantos respiratorios.

Rafa –como le decían todos con cariño– era consciente del final irreversible que se vislumbraba y supo que el mayor regalo que podía dejarles a sus amigos era ese correo cargado de amor que salía de su bandeja. Por eso, hasta para la frase más corta se tomó el cuidado de escoger las palabras adecuadas.

Así se lo expresó a la periodista Patricia Lara Salive el pasado 31 de octubre, al excusarse de un encuentro que ella realizó ese día con los viejos compañeros de la revista Cambio, que fundó. Desde el lunes, Lara, como muchos de sus amigos, relee sin cesar los correos de Rafa, en recuerdo de la palabra oportuna.

“Cambio 16 y su gente son para mí recuerdos que guardo en la cajita donde solo entran los episodios entrañables”, le escribió ese día Baena a Lara, quien había movido el encuentro para las 4 de la tarde con la ilusión de que él pudiera ir.

“Él fue del equipo fundador de Cambio 16. Lo recuerdo siempre con el cigarrillo Pielroja en la boca, en su Jeep Willys. Entró como editor fotográfico de la revista y luego pasó a editor de Cultura. Un texto que Rafa cogía era un texto perfecto. Era un gran miembro de equipo, que aportaba cosas muy positivas, una persona querida, sensible, equilibrada, pero sobre todo cariñosa”, recuerda Lara.

La periodista destaca también ese sentido del humor tan especial de Baena, cargado de una ironía muy fina. “Era muy escéptico y tenía una forma siempre de torcer la visión de las cosas y ver el otro aspecto”, dice.

Fueron muchas horas las que compartieron en los cierres interminables de la revista hasta las 4 de la madrugada, en compañía de todo un equipo de amigos, entre los que estaban Nelson Fredy Padilla y Darío Restrepo Vélez, el primer director.

“Lo que más admiré y aprecié siempre de Rafael Baena fue su versatilidad. Era un extraordinario fotógrafo, pero además fue un reportero sin miedo. En el plano personal, era lleno de humor siempre”, agrega Restrepo.

Además de Cambio, Baena trabajó en diversos medios de comunicación, como las revistas Antena, Cromos, Credencial, el diario El Espectador y el noticiero Noticias Uno, entre otros.

“Siempre recordaré a Rafa en dos planos: el amigo del alma en la revista Cambio, que me guiaba en las buenas lecturas a partir de su mirada cultivada por el rigor periodístico y el amor por la fotografía; y luego el escritor que hizo la transición ideal entre periodismo y literatura, en la que muchos fracasan, pero en su caso se hizo un lugar en la novela histórica colombiana con una voz narrativa limpia y única”, comenta su amigo Nelson Fredy Padilla.

Precisamente, ese giro hace más de diez años hacia la literatura sorprendió al país con una de las plumas más cuidadosas en el manejo del español, como lo ratifican sus novelas.

“Como si fuera poco, cerró su ciclo intelectual siendo un gran novelista, metido en la ficción, en la literatura y en la historia”, anota Restrepo, al destacar su serie sobre las guerras civiles de finales del siglo XIX.

En el 2007, publicó su primera novela, Tanta sangre vista, en la que hizo su primera aproximación a la violencia desde la literatura. En sus títulos siguieron ¡Vuelvan caras, carajo! (2009), Samaria films XXX (2010), La bala vendida (2011), Siempre fue ahora o nunca (2014), y su más reciente, La guerra perdida del indio Lorenzo (2015).

La última vez que recibió a EL TIEMPO fue hace poco más de un mes, cuando publicó esta novela. Con la disposición de siempre, a pesar de los quebrantos de salud, nos compartió su pensar sobre la posibilidad de seguir escribiendo sobre la ficción histórica.

“La tentación es grande y hay por ahí varios personajes y hechos bastante seductores literariamente, pero de momento trato de no obedecer al impulso porque sería tomarme demasiado en serio la tarea. Además, siento que, igual a lo que ocurre con la historia de este país, me repetiría más de lo que ya me he repetido. Quizá me convendría cambiar de tema, pero no sé si pueda porque, después de todo, soy colombiano”, comentó Baena ese día.

Ana Roda, la editora con quien trabajó esta última novela, resalta la actitud “afable y dulce” del escritor.

Son varios aspectos los que Roda destaca de esta segunda etapa literaria en la vida de Baena. “Era quizás de los escritores colombianos de la actualidad con más calidad literaria. Tenía una escritura pulida, con libros trabajados con calma y con gusto. Por un lado, yo destacaría la calidad de su lenguaje, de la descripción de los personajes, de la creación de los espacios”, explica la editora.

Pero agrega que uno de los grandes aportes fue también en el terreno histórico. “Supo iluminar aspectos enteros de la historia colombiana desde el lado humano. Siempre preguntándose por cómo vivió el hombre: el guerrero, el militar y las mujeres en las guerras. Como esta última novela (La guerra perdida del indio Lorenzo), que es un libro precioso sobre un personaje que nadie conocía. Eso hacía él: acercarse al personaje y mirar lo que está en juego desde el lado muy humano”, agrega.

Baena, nacido en Sincelejo, en 1956, respiraba desde hace varios años con ayuda de tanques de oxígeno. Había convertido su apartamento capitalino en todo un cuartel literario. Desde allí alcanzó a dejar dos libros póstumos: la versión en novela gráfica de Tanta sangre vista y otro más de corte autobiográfico.

Tuvo dos matrimonios, el último, con Amalia Carrillo, quien lo acompañó durante los últimos años. Su primera esposa fue Beatriz Helena Robledo, también escritora.  Sus dos hijos, Valeria y Samuel, fueron su adoración.

Ahora, serán sus amigos los que tendrán que guardar en una cajita todos esos correos electrónicos cargados de amor que Rafa les dejó en los últimos años. Como cuando le confirmó a este diario hace pocos días que lo recibía en su casa, al día siguiente de las pasadas elecciones.

“Claro que sí, Carlos. Pide tu cámara para el lunes en la tarde y te espero en medio del guayabo electoral de rigor. No importa qué candidato escoja, siempre pierdo. Confírmame la visita para tener un buen café y galletas”, se despidió nuestro querido Rafa.

CARLOS RESTREPO
Cultura y Entretenimiento

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