En La Boquilla la pesca es con red y tabletas

En La Boquilla la pesca es con red y tabletas

El proyecto 'Pescando con redes móviles' acercó a los cartageneros a la tecnología.

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14 de diciembre 2015 , 05:48 p.m.

Sobre la mar en calma, una lancha asoma por el horizonte.

Acá, en la arena, el sol calcina una mañana en el pueblo pesquero de La Boquilla.

‘Niña María’, la embarcación, toca la arena gris y 15 hombres descalzos y descamisados se bajan, todavía sobresaltados por la recia faena marina que comenzó a las 4 de la madrugada, cuando el horizonte aún era alba.

Decenas de mujeres y niños los esperan con ansias. ¡Claro! Traen el pescado. Traen el almuerzo y el sustento para sus numerosas familias.

Así, por encima, en el centro de la lancha, y dentro de algunas palanganas, se ve cojinúa, jurel, ronco y media docena de sierras plateadas.

Normalmente la comunidad rodeaba la embarcación, y en medio de la algarabía, negociaba al coja y pague.

Ya no. Ahora, y gracias a la tecnología, prima el orden.

Con parsimonia, los pescadores sacan sus herramientas de trabajo: las del mar son el boli (o red de pesca), canecas, lazos, el bote y sus propias manos trabajadoras. Las herramientas de tierra son una báscula manual y una tableta digital.

¡Sí, tabletas digitales!

Desde hace dos años en el corregimiento de La Boquilla, a 30 minutos del centro histórico de Cartagena, las tabletas digitales se convirtieron en elemento fundamental para las faenas de pesca gracias al programa ‘Pescando con redes móviles’, que lidera el Ministerio de las Tecnologías, a través del Centro de Investigación de las Telecomunicaciones –Cintel– y la Fundación ProBoquilla.

Sudor y agua salada corren por la epidermis de mi gente boquillera.

En una báscula manual los hombres van pesando la pesca, especie por especie, y van digitando en la tableta el resultado de la faena.

“La pesca de hoy fue así: 4 kilos de cojinúa, 3 kilos de jurel, 5 kilos de ronco, 8 kilos de Juancho Juancho y 3 kilos de boquita sábalo”, grita Winston Emilio Haddkins, jefe de una de las organizaciones de pescadores de La Boquilla.

Aplausos del gentío, pero hay que poner a la venta el pescado ya porque hace es hambre, y el sol no da tregua.
Ciberpescador a los 69

El orgullo y símbolo del programa ‘Pescando con redes móviles’ es justamente Winston Emilio Haddkins, curtido hombre de mar de 69 años que hoy maneja las herramientas digitales como si fuera un adolescente de 15 y con la misma habilidad con la que desparrama los 98 metros de la malla de pesca en las briosas aguas del mar Atlántico.

Sus manos gigantes, marcadas por años de recio pero agradecido trabajo marino, ahora digitan una clave secreta sobre la tableta y se dispone a enseñarnos cómo opera la aplicación que le ayuda a dar orden a su labor y una visión global del negocio.

Ahora, para Haddkins y sus compañeros las tabletas digitales son tan importantes para la pesca como la báscula o el mismo boliche.

“Uno entra a la sección de Faenas y digita la cantidad de pescado capturado, según la especie. El sistema inmediatamente le entrega a uno el costo total de la pesca. Luego hay que restar la inversión que se hizo en la jornada: gasolina, aceite, comida, alquiler de utensilios, y el sistema como respuesta muestra la ganancia”, dice el hombre, longevo como todos los hermanos de la raza negra, pues pese a los tenaces años de trabajo en el mar no revela más de 50 años.

Las ganancias de hoy son 480.000 pesos y el dinero lo reparten entre los 15 pescadores que esta madrugada salieron a pescar con la técnica del boliche.

“Nos levantamos a las 3 de la mañana y salimos a la faena por Lomita Arena, Punta Canoa y Arroyo de Piedra. Regresamos por ahí a las 10. Cuando el tiempo está bueno hacemos dos faenas, una por la mañana y otra por la tarde. En la pesca de la tarde salimos a la una y regresamos por ahí a las 5 de la tarde”, agrega.

Haddkins es el más veterano y aventajado de la clase, han quedado muchos pescadores en el camino, pero él sigue, como siempre guerrero, ahora navegando en las aguas de la tecnología.

“Hago lo que me da la gana en la tableta, pero menos chatear, porque uno no sabe con quién se encuentra y lo pueden estar vacunando”, suma con su vozarrón afro y sentido del humor proverbial.

Todos los martes y jueves, entre las 6 y 7 de la noche los 98 pescadores del sector se reúnen en el restaurante de Toño, que se ha convertido en el centro de operaciones, y allí se capacitan.

“Ellos han sido entrenados en el manejo de computadores y tabletas. Usan una aplicación que se llama pesca móvil, en la cual reportan los gastos que van a tener en sus faenas de pesca y cuáles son las especies que capturan”, dice el profesor Rafael Sánchez Puerta, líder de productividad del proyecto, y también boquillero.

El líder además señala que “a través de la aplicación, ellos ven las ganancias que obtuvieron y si no ganaron evalúan qué pasó y mejoran la práctica”, Esta aplicación les permite además analizar las condiciones climáticas antes de salir a pescar y luego mostrar sus productos a través de la web.

Pesca bajo la luna

Otro alumno aventajado del programa es Juan Manuel Acosta, un boquillero de 53 años, que pesca con la técnica del ‘palangre’, en la cual dos hombres estiran en pleno mar una cuerda de 1.400 metros de longitud con anzuelos que cuelgan hasta los cuatro metros de profundidad.

“Para que usted entienda cómo trabajamos, hice este video”, dice Acosta mientras saca su tableta de una vieja mochila de fique y luego la prende.

Efectivamente, las imágenes muestran a un hombre que en la madrugada, sentado en un extremo de la lancha, recoge una cuerda de la cual van saliendo los pescados pegados a los anzuelos, mientras él, con precisión, los desprende y arroja dentro de un balde.

“A favor, esta técnica tiene que solo capturamos pescados de tres kilos para arriba: barbudo, pargo, róbalo, ronco… no cogemos nada pequeño, y si caen los regresamos al mar. Para esta técnica se necesitan dos pescadores y queda más ganancia; pero lo duro es que se tiene que hacer toda la noche y a tres kilómetros mar adentro. Hay que estar ahí porque, por ejemplo, cada dos horas hay que cambiar la carnada”, narra el viejo Juan Manuel, que se adentra en el mar a las 9 de la noche y regresa cuando el sol asoma.

Ahora ingresa a la aplicación el resultado de su faena. “Cincuenta kilos de barbudo, 15 kilos de raya, y 10 de pargo.

Menos los gastos del hielo, gasolina y alimentación, nos quedaron 180 mil pesos”, relata con orgullo, y pica el ojo, el curtido navegante.

La tecnología también estimuló el aprendizaje de la lectura en pescadores analfabetas que hoy manejan sus tabletas.

Además, crearon la comunidad virtual ‘Cardumen’. Allí tienen sesiones de chat y videoconferencias con pescadores de las islas de San Andrés y el Pacífico, con quienes intercambian experiencias.

Ellas también se ‘la pescaron’

Gracias a esta aplicación, en La Boquilla hicieron el estudio de cuánta es la demanda de pescado para el consumo de la gente del pueblo y el resultado fue de dos toneladas mensuales.

Pero, desafortunadamente, por los cambios en la naturaleza, los pescadores no están produciendo esa cantidad. Para equilibrar la balanza, un grupo de mujeres de la vereda Puerto Rey, también en La Boquilla, se le midió al cultivo de peses, y ya están sacando sábalo y tilapia. El primero tarda 18 meses en crecer y estar listo para la comercialización, mientras que la tilapia está lista en cuatro meses.

Gracias a la aplicación Pescando con Redes Móviles, el grupo, conformado por 15 mujeres, controla el peso y medida de los animales, así como el tipo de alimentación que les deben dar.

Pero esta historia es apenas ‘el anzuelo’ para el gran proyecto que hay para la Boquilla. La idea es conectar las agremiaciones pesqueras de la región y crear una cooperativa que pueda vender por internet.

JOHN MONTAÑO
Corresponsal de EL TIEMPO
En Twitter: @PilotodeCometas
Cartagena.

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