Una mujer y un portátil llevan el aula al campo

Una mujer y un portátil llevan el aula al campo

Gracias a su conocimiento en tecnología, Venus Durango fue reconocida con el premio Educa Digital.

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14 de diciembre 2015 , 05:44 p. m.

Como la prueba viva de una de sus pasiones más grandes, los computadores, la profe Venus es el epítome de la multitarea.

Es mamá, abuela, psicóloga, modista y hasta vigilante de la institución Jesús María Murgueitio, en la vereda Jordancito, del municipio de Dagua, ubicado en el occidente del Valle del Cauca.

Por supuesto, Venus también es profesora en ese municipio. Es la responsable de educar a los 28 estudiantes que asisten a este plantel educativo, que junto a otras cuatro escuelas y un colegio conforman la institución educativa Cristóbal Colón, a unas dos horas en carro de Cali, capital del departamento.

A sus 41 años, Venus Durango, originaria del estado venezolano de La Guaira y quien reside en Dagua desde hace cuatro años, trata de hacerlo todo bien: de ser mamá de dos hijas de 22 y 19 años y abuela de dos niños, y de orientar en temas psicológicos a sus alumnos y a sus familias.

También se esmera por arreglarles los uniformes a sus estudiantes cuando quedan mal confeccionados y, como si fuera poco, también vive en la escuela y la cuida de los ladrones y de los niños que, en su tiempo libre, a veces tratan de entrar a hacer travesuras.

Pero de todas estas actividades, la que más disfruta Venus es la de enseñarles a sus estudiantes, y a los papás de ellos, a utilizar los computadores que recibió la escuela del programa Computadores para Educar, del Ministerio de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Mintic).

Gracias a esta labor, Venus fue reconocida a comienzos de este año con el premio ‘Educa Digital’, que destaca las experiencias significativas e innovadoras que pertenecen a ese programa.

Ella asegura que el mayor regalo que le ha dejado su interés por enseñar en los computadores es haberse convertido, tras pasar por otras escuelas del departamento, en una líder comunitaria reconocida por todos en esta vereda en la que reina el silencio y el día amanece fresco, casi frío, pero se va calentando conforme pasan las horas hasta obligar a su gente a buscar resguardo en la sombra en las horas en las que el sol llega al cénit.

Aunque por teléfono su voz suena calmada –y quizá parsimoniosa, casi desinteresada–, en persona Venus demuestra toda la energía con la que se ganó el cariño y respeto de la comunidad de Jordancito.

Sacrificios que valen la pena

Su frondoso pelo crespo, teñido de rubio, y sus ojos azules y cafés hacen resaltar la sonrisa amplia que se le dibuja en la cara cuando habla de sus alumnos, más que como una pedagoga, como una segunda mamá.

“Para mí es muy emocionante poder enseñarles a estos niños y a sus papás cosas que sé que les van a ser útiles toda la vida. Aunque tengo que hacer muchos sacrificios por las limitaciones del lugar, eso es algo en lo que no pienso mucho”, cuenta la profe desde la escuela, mientras los niños juegan a su alrededor a ver quién es capaz de alcanzar, saltando, el punto más alto de una pared.

Esos sacrificios a los que Venus se refiere son, sobre todo, de tiempo y dinero. De tiempo porque buena parte de su labor social la lleva a cabo en horas extralaborales, cuando los estudiantes han finalizado sus clases.

Así, todos los martes y jueves por la tarde, Venus recibe en alguno de los dos salones de la escuela, o en la biblioteca, a varios adultos (algunos de los cuales ni siquiera saben leer), y les enseña a utilizar los computadores, desde lo básico: a mover el mouse, a presionar las letras y números del teclado, a manejar programas básicos como Word y Paint.

Además de niños, Venus acoge adultos en las aulas, durante sus horas libres. Fotos: Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO

También les enseña tareas aparentemente sencillas como navegar en internet con la conexión a banda ancha y wifi que tiene la escuela, y a entretenerse con juegos digitales básicos, pero entretenidos, para desarrollar su destreza informática.

Francia Agudelo es una de las beneficiarias de estas clases de computación de Venus. A sus más de 60 años no duda en señalar lo provechosas que le han resultado las lecciones.

“Antes solamente utilizaba el computador de la casa para jugar cartas, pero ahora he aprendido a sacar cuentas, a buscar información importante en internet y a organizar las cosas que tengo que hacer en el computador”, apunta la sexagenaria.

En cuanto al dinero, Venus tampoco escatima. Hace poco, por ejemplo, compró con dinero de su bolsillo un dispositivo que sirve para que cualquier superficie pueda ser utilizada como una tablet y, de esta manera, mejorar la experiencia de sus aprendices.

Un modelo distinto

Venus imparte sus clases bajo el modelo de Escuela Nueva, una metodología creada en la década de los setenta por la bogotana Vicky Colbert, que busca aprovechar al máximo los espacios de las aulas en zonas rurales y el recurso humano de los profesores para dar clases a estudiantes de diferentes grados al mismo tiempo.

Por esa razón, los 28 estudiantes de Venus pertenecen a diferentes grados, desde jardín hasta quinto de primaria. Esta, dice ella, ha sido una ventaja que ha sabido aprovechar en medio de las adversidades para impulsar sus estrategias pedagógicas, dentro de las que juega un papel muy importante estimular la habilidad de los niños para contar historias en las pantallas de los computadores portátiles.

En esto ha sido valioso contar con computadores portátiles que les permiten salir del aula y tener un mayor contacto con la tecnología y la naturaleza, al mismo tiempo.

“Mi objetivo es que ellos aprendan todo lo que se pueda a partir de historias que ellos mismos construyen. Yo no tengo un currículo de materias específico; en cambio, puedo decirles que se inventen un animal fantástico y con esto vamos viendo biología, geografía, sociales, español y hasta matemáticas. Al final, el proceso es consignado en los computadores”, asegura la educadora, quien agrega que todos los pequeños intervienen en las dinámicas, con los más grandes dándoles la mano a los más chicos.

Venus ha logrado complementar el sistema de Escuela Nueva con su propia creatividad y la emoción de los pequeños al utilizar los portátiles bajo su instrucción es evidente.

“Me gusta utilizar el computador porque quiero ser abogada, y sé que los abogados tienen que utilizarlos todo el tiempo”, dice emocionada una de sus estudiantes, de 9 años.

NICOLÁS BUSTAMANTE
Enviado especial EL TIEMPO
Dagua (Valle del Cauca).

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