Palinuro, otra librería que se va del centro de Medellín

Palinuro, otra librería que se va del centro de Medellín

En los últimos meses, son tres librerías las que cerraron puertas en el Centro.

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14 de diciembre 2015 , 08:51 a.m.

Este año ha sido negro para las librerías del centro de la ciudad.

Esta vez es Palinuro la que cerró sus puertas en el Centro y buscar nuevos espacios que le permitan sostenerse.

Esta semana empiezan a preparar la mudanza. Se espera que esta sea en los últimos días del año.

La historia de la librería es casi una historia de amor. El sueño de unos amigos bohemios que en medio de tragos hablaban de tener una librería de libros leídos, se convirtió en realidad cuando hace 12 años nació Palinuro de la mano de Elkin Obregón, Luis Alberto Arango, Sergio Valencia y Héctor Abad Faciolince.

Y, por tratarse de hombres entregados a la literatura, el nombre tenía que provenir de ese mundo que toda la vida han idolatrado.

Su nombre es el del piloto del barco de Eneas, el protagonista de La Eneida, y a la novela Palinuro de México, de Fernando del Paso.

Y fueron 12 años llenos de tertulias en medio de libros leídos y en compañía de unos vinos y aguardientes.

Pero la librería dejó de sostenerse. Este no era un negocio del cual se esperaban ganancias, lo único que se le pedía es que pagara los gastos.

Son varios aspectos los que hacen que la librería abandone el Centro. Son los mismos motivos por los cuales la Científica salió de La Candelaria y la Nueva cerró sus puertas. Todo esto en menos de seis meses.

La inseguridad, la prostitución, la venta de droga, los habitantes de calle, y otras problemáticas hacen del Centro un sitio que muchas personas evitan visitar.

“No es la primera librería que se muda al otro lado del río siendo afectada por estos fenómenos que se dan en el Centro y que son difíciles de controlar”, cuenta Elkin Obregón, uno de los socios y fundadores de Palinuro.

Además de las diversas dinámicas del Centro que alejan al público lector del lugar, se suma la falta de lectores en la ciudad.

“En Medellín no abren librerías sino que cierran. En los 13 años que llevo de librero me he dado cuenta de que la ciudad no es una plaza para el libro”, asegura Luis Alberto Arango, administrador de la librería.

Además, dice que la oferta y la demanda en la ciudad no es la mejor y esto hace que se dificulte conseguir libros.

Aunque la librería se traslada para el barrio Estadio, donde compartirá un espacio con la librería Grammata, su salida deja un vacío en la ciudad.

“Cuando pegué ese par de avisos anunciando que nos trasladábamos me entró algo”, recuerda Arango, mientras una señora se para en la puerta y le pregunta si es verdad que se van.

Él dice que sí, que están de duelo. “Seguramente pondrán cualquier negocio de medio pelo”, dice la señora.

Pero hay grandes esperanzas para la librería, aquí no muere y se espera que continúe siendo un nicho romántico, y que no se cierren más librería, pues, como dice un amigo de Arango, al cerrar una librería se le hace más daño a la ciudad que a los dueños.

MATEO GARCÍA
Para EL TIEMPO

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