Lo que esperan de la paz en las zonas de guerra

Lo que esperan de la paz en las zonas de guerra

Las voces de cinco poblaciones: Caquetá, Guaviare, Putumayo, Cauca y el Meta sobre los cambios.

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12 de diciembre 2015 , 09:40 p. m.

“El verdadero comienzo del proceso de paz será cuando el Gobierno y las Farc firmen el acuerdo final”, ha dicho el comisionado para la Paz, Sergio Jaramillo.

Esta sugestiva afirmación no solo marca la importancia del momento en el que empiece la implementación de los acuerdos de La Habana. También establece una diferencia fundamental entre la actual negociación con las Farc y las que se dieron en Colombia en el pasado con otras cuatro guerrillas –Epl, Quintín Lame, PRT y M-19–, así como con los paramilitares. (Lea también: las Farc aflojan el control social en el Caguán)

Y es que, esta vez, el proceso de paz no se reduce al desarme de los guerrilleros y a su reincorporación social, sino que en la esencia de los acuerdos está la reconstrucción y transformación de los territorios donde ha ocurrido la guerra.

Tan es así que los seis puntos de la agenda de negociación pasan necesariamente por las regiones.

En ese sentido, hay consenso en que una prioridad del posconflicto deberá ser el cambio de las condiciones de vida de las comunidades donde las Farc han actuado y donde la gente ha cohabitado con ellas o las ha sufrido.

De lo contrario, habrá nuevas violencias y otros grupos que reemplacen el control de esa guerrilla, por ejemplo, en las economías ilícitas.

Cambiar la vida de las comunidades no solo incluye la construcción de vías o puentes, sino la reconstrucción de las relaciones, pues los guerrilleros desarmados regresarán a las regiones y la idea es que la gente pueda trabajar con ellos en el nuevo escenario de paz. Una posibilidad es la sustitución conjunta de las matas de coca.

Así se traduce en la práctica una frase recurrente desde que comenzó la negociación con las Farc: ‘La paz se construye en los territorios’. (Ver: El reto es asegurar que la paz acordada sea realidad en las regiones)

Este concepto, que la mayoría del país no logra todavía entender, es la verdadera diferencia del proceso de paz de La Habana con otros procesos de paz, por lo que, como dice el comisionado Jaramillo, la firma del pacto final de paz entre el Gobierno y las Farc es apenas el comienzo.

Poblaciones de presencia histórica de la guerrilla que hoy dirige ‘Timochenko’, como San Vicente del Caguán (en Caquetá), Argelia (en el Cauca), Uribe (en el Meta), Calamar (en el Guaviare) y Puerto Asís (en el Putumayo), son parte del conjunto de zonas que serán protagonistas en la implementación de los acuerdos, y están viendo y viviendo de manera distinta la inminencia de un acuerdo final con las Farc.

Entre la fe y el temor

En San Vicente del Caguán, por ejemplo, el grupo armado está dejando en libertad a los guerrilleros menores de edad para que regresen a sus casas. Pero, además, está dejando de intervenir como árbitro en los pleitos de los campesinos y los está remitiendo a las autoridades.

En Calamar, sus habitantes parecen estarse preparando para recuperar el bosque que perdieron por los cultivos ilícitos. En esa zona, incluso, hay mensajes de las Farc que invitan a apoyar el proceso de paz.

En contraste, municipios como Argelia y Puerto Asís, donde la producción de hoja de coca sigue sustentando la economía campesina, nadie sabe todavía cómo es que le puede cambiar la vida con el proceso de paz.

No se han dado por enterados del acuerdo del Gobierno y las Farc para sustituir los cultivos ilícitos. Además, se quejan de que en La Habana se ha negociado al margen de lo que ellos piensan. (Lea también: Con el desarme de la guerrilla acabará el miedo a Ejército y Policía)

En general, en las zonas donde se ha sufrido de manera directa la guerra existen temores y desconocimiento sobre lo que viene, pero también hay esperanza y expectativas.

Esto fue lo que encontraron cinco reporteros de EL TIEMPO que viajaron a regiones históricas de las Farc para percatarse, en terreno, de los desafíos que tiene en el futuro inmediato la paz territorial.

MARISOL GÓMEZ GIRALDO
Editora de EL TIEMPO
En Twitter: @MarisolGmezG

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