Comedia agridulce / Opinión

Comedia agridulce / Opinión

Diferentes películas han abordado el tema de la comida. Aquí algunos ejemplos.

12 de diciembre 2015 , 06:30 p.m.

La gastronomía en la pantalla grande tiene cintas imprescindibles como la taiwanesa ‘Comer, beber, amar’ (Ang Lee), la superproducción francesa de época ‘Vatel’ (Roland Joffé), la mexicana ‘Como agua para chocolate’ (Arau-Esquivel) o la británica, un poco más sofisticada, ‘El cocinero, el ladrón, su amante y su mujer’ (Peter Greenaway).

En ellas siempre están presentes el arte de la buena mesa, las tradiciones locales y el afán de innovar o fusionar entre bambalinas, más allá del simple placer de sentarse a manteles para degustar delicias culinarias.

Ahora, se agrega a esta lista la del productor de televisión John Wells, quien incursiona en el subgénero internacional con la crisis laboral del gremio de cocineros, el protagonismo de un chef revolucionario y las tendencias actuales a revalorizar el trabajo de grupo en restaurantes de categoría.

El perfeccionista aunque neurótico Adam Jones, tras la tercera estrella Michelin –máxima distinción europea otorgada a un establecimiento exclusivo–, pretende demostrar su escuela parisina y abrir en Londres un local con los mejores, pero huidizos profesionales del ramo. No obstante sus antecedentes conflictivos, se dispone a probar suerte e implementar un adecuado método empresarial, pero se efectúan agitados y nerviosos giros comerciales mediante la contratación efectuada, como si se tratara del jefe de una organización criminal.

El personaje del carismático y versátil Bradley Cooper, nacido en Filadelfia (Pensilvania), debió enfrentarse a la competencia y luchar contra las debilidades personales al repartir oficios fundamentales en la cocina y propiciar nuevas fórmulas, o ágiles confecciones de platillos, para satisfacer a exigentes comensales.

Rítmica edición en la hechura de salsas reductoras, mezclas apropiadas, cortes ágiles de cuchillo y cacerolas con buena llama. Se aprenden recetas y se descubren curiosos rituales; un ejemplo: detectar la presencia de visitadores anónimos y evaluadores estrictos, que degustan el menú y dejan capciosamente una servilleta en el suelo o… un tenedor de plata.

Tan apetitosa película, porque retrata la gastronomía sin pretensiones gourmet ni falsas expectativas, va más allá de la preparación de fórmulas novedosas y termina siendo un guiño promocional a la meteórica carrera actoral de Cooper en Hollywood. Más cuando está acompañado de la bella Sienna Miller –su pupila–, el hispano-germano Daniel Brühl –su fan enamorado– y la veterana Emma Thompson –su terapeuta.

MAURICIO LAURENS
Para EL TIEMPO
maulaurens@yahoo.es

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