Años frescos, vinos buenos / Hablemos de vinos

Años frescos, vinos buenos / Hablemos de vinos

Las temperaturas son un factor influyente para determinar la calidad de los vinos.

12 de diciembre 2015 , 06:28 p.m.

Por estos lados del mundo, en Santiago de Chile, el calor ya llegó para quedarse. Los treinta y tantos con los que hemos estado por estos días nos han llevado derecho al verano, a uno caluroso. Si el término de la primavera es así, qué será lo que se nos viene.

Desde que trabajo en el mundo del vino, el clima ya no solo es un tema de si me pongo shorts o me pongo calzones largos bajo los jeans, también tiene mucho que ver con el tipo de vinos que voy a probar el año que viene. En verano, y en otoño, la naturaleza decide más o menos cómo será el estilo de los vinos de la cosecha. ¿Será un año fresco que nos dé vinos de rica acidez y frutas primaverales? ¿O será una temporada cálida, de vinos pesados y alcohólicos?

Por lo general, lo que me gusta es que las temperaturas no sean muy altas y que, de tanto en tanto, haya algún día nublado por ahí. Y eso es porque, con el paso de los años, me han comenzado a gustar vinos de sabores más refrescantes, con menos alcohol, con más sabores a frutas rojas ácidas en vez de a mermelada, por ponerlo de una manera más gráfica.

A menor temperatura y menor insolación, los vinos maduran más lentamente y conservan mayor acidez, es decir, se sienten más frescos, aunque con menos cuerpo y menos alcohol. Eso pasa en los viñedos más al norte en el hemisferio Norte o más al sur en el hemisferio Sur, donde a veces la falta de sol y calor es tal que ni siquiera maduran las uvas.

Pero también pasa en zonas intermedias algunos años, cuando las condiciones climáticas permiten que haya frescor. Eso sucedió, por ejemplo, en 2013, uno año fresco tanto en Argentina (Mendoza) como también en una buena parte de las regiones vitivinícolas de Chile. Y por eso hay tan buenos sauvignon blanc de las costas chilenas o tan crujientes y vivaces malbec de las alturas del valle de Uco, hacia los pies de Los Andes. Salvo contadas excepciones, y siempre y cuando les gusten vinos como esos, todas las cepas se benefician de temporadas más frías.

Pero no siempre el clima fresco ayuda. A veces, cuando se acompaña de lluvias cerca de la cosecha, puede traer muchos problemas. La piel de las uvas es sensible. Los hongos por la humedad las pueden atacar o también las lluvias intensas pueden generar vinos aguados, con falta de sabores. En esos casos, puede que haya buena acidez, pero no mucho más.

La ecuación para una gran cosecha requiere de muchos factores. El 2013 los tuvo, así es que vayan por ella la próxima vez que busquen un vino suramericano.

PATRICIO TAPIA
Especial para EL TIEMPO

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