El trago destruye las facultades cognitivas de niños y adolescentes

El trago destruye las facultades cognitivas de niños y adolescentes

Consumo temprano de alcohol tiene efectos negativos en la memoria y la capacidad para razonar.

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12 de diciembre 2015 , 06:20 p.m.

Que un niño o un adolescente tome trago es reprobable, por razones que van más allá de lo estético o lo moralmente aceptado.

Múltiples estudios coinciden en que la ingesta de alcohol a temprana edad no solo actúa como un disparador de conductas temerarias, oposicionistas e irresponsables, sino que afecta a todo el organismo, a veces, de manera irreversible.

El problema es que de acuerdo con el segundo estudio ‘Consumo de alcohol en menores de 18 años en Colombia (2015)’, los niños están empezando a consumir licor a los 12 años, en promedio, y se calcula que alrededor del 20 por ciento de los menores de edad beben licor semanalmente. Es decir que caen en el rango de consumo problemático.

Juliana Mejía, una de las investigadoras principales del estudio de la Corporación Nuevos Rumbos, advierte que es urgente prestarle atención a este fenómeno, pues la ingesta de trago durante la infancia y la adolescencia “altera el desarrollo del sistema nervioso central, que en esas edades está en pleno proceso de construcción y consolidación”, explica.

De acuerdo con Mejía, esto trae consecuencias sobre el desempeño intelectual, el aprendizaje, el control motor del cuerpo y la formación de la corteza cerebral, encargada del procesamiento de todas las funciones cerebrales superiores.

Augusto Pérez, Ph. D, director de Nuevos Rumbos y quien encabezó este trabajo, señala que hay mucha evidencia científica que apunta a que el consumo de licor en edades tempranas disminuye la efectividad en las conexiones entre diferentes partes del cerebro y la comunicación entre ambos hemisferios de este órgano, “debido a la peligrosa disminución del volumen y densidad de estructuras como el tálamo, el putamen, la corteza prefrontal, el hipocampo y el cuerpo calloso”, explicó.

No le falta razón al investigador. Un equipo de científicos estadounidenses publicó en marzo del 2014, en la revista Alcohol and Alcoholism, un estudio que demostró que la ingesta de alcohol en edades tempranas causa fenómenos inflamatorios en el hipocampo y en la corteza prefrontal, por déficit en los procesos de neurogénesis activa, que pueden desencadenar déficits cognitivos importantes.

Otros trabajos de las universidades de Duke y San Diego, del 2006 y el 2008, respectivamente, demostraron que beber trago antes de los 21 años, que es la edad en la que el cerebro alcanza su máximo desarrollo, bloquea de manera significativa el proceso de madurez de este órgano.

“Esto es grave: quiere decir que se alteran, entre otras funciones, el raciocinio, la capacidad para resolver problemas, el control de los impulsos, la memoria a largo plazo, la atención y la capacidad para abstraer”, advierte Pérez.

En febrero del 2014, los investigadores Ward, Lallemand y De Witte divulgaron, también en Alcohol and Alcoholism, un estudio que confirmó que tales déficits derivados de la ingesta de trago en esta etapa de la vida desembocan en un bajo rendimiento académico, secundario a procesos de aprendizaje mucho más lentos y a una disminución de la atención, la memoria y el curso lógico del pensamiento.

Otro estudio del National Center on Addiction and Substance Abuse, de la Universidad de Columbia (Nueva York), ya había demostrado que esta clase de consumo tiene una relación causal directa con la deserción y el ausentismo escolar. Sus investigadores cuantificaron en cinco veces más la probabilidad, en estos estudiantes, de abandonar la escuela, en comparación con quienes no beben.

Una investigación de Pridemore y Grubesic, publicada en el 2012 en la revista Drogas y Alcohol, que asoció el consumo de licor con violencia en zonas urbanas, confirmó un aumento en riñas, acoso, daño violento y lesiones personales entre adolescentes y jóvenes.

Quienes beben tienen una mayor probabilidad de participar en riñas o ser víctimas de actos violentos, incluido el abuso sexual, el asalto agravado y los robos.

Mejía pide, además, no perder de vista el hecho demostrado de que la ingesta temprana de licor es una de las puertas de entrada al consumo de (y posterior adicción a) otras drogas.

No solo el cerebro sufre

El consumo crónico de trago en jóvenes ha sido relacionado directamente con al menos 25 enfermedades. Según Augusto Pérez, hay evidencia científica que demuestra, de manera contundente, que el alcohol atenta contra el sistema de defensas del cuerpo, lo cual lo predispone a infecciones; también se ha comprobado que aumenta la probabilidad de desarrollar diabetes, elevar la presión arterial, generar arritmias y sufrir disminución de la fuerza en la contracción cardíaca.

Un estudio de Juan Caballería y Albert Parés, divulgado en la revista ‘Adicciones’, en el 2006, encontró que el consumo temprano de licor altera la absorción de nutrientes en el intestino, promueve daños hepáticos y atenta contra la estructura de los huesos y el funcionamiento del sistema endocrino.

“Es claro –señala Juliana Mejía– que existe suficiente evidencia científica que justifica todas las acciones conducentes a llevar el consumo de trago entre niños y adolescentes a cero. Ese tiene que ser un compromiso de toda la sociedad”.

CARLOS FRANCISCO FERNÁNDEZ
Asesor médico de EL TIEMPO

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