Róbinson Zapata, uno de los héroes en el título de Santa Fe en la Copa

Róbinson Zapata, uno de los héroes en el título de Santa Fe en la Copa

El arquero fue el cerrojo del equipo 'cardenal' en la Suramericana. Su nombre quedó en la historia.

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12 de diciembre 2015 , 04:02 p. m.

Róbinson Zapata miró fijamente al cobrador, a su primer verdugo. En medio de su soledad, debajo del arco, dio unos pasos adelante y se arrojó como quien se lanza a agarrar la gloria. Acertó. Con el brazo derecho estirado, firme, desvió ese remate. Con ese mismo guante blanco –que lleva sus iniciales, R. Z.– se persignó mientras la pelota aún volaba y la afición deliraba. Fue el primer penalti contra Huracán, el que definió en gran parte el título de la Copa Suramericana para Santa Fe. Zapata fue el héroe.

“Rufayyy, Rufayyy”, le gritó la afición de Santa Fe antes de los penaltis, para darle ánimo, para demostrarle que no estaba solo. Y Rufay –ese apodo que lo ha acompañado en su carrera por el portero nigeriano Peter Rufay–, no los defraudó. Tenía claro que esa Copa se quedaba en casa. “Desde que empezó el torneo –contó después– manifestamos que queríamos dejar huella y no solo pasar. Esto va a quedar para la historia”.

 Zapata estaba en su noche gloriosa. Ni siquiera un error empezando el partido, cuando casi le hacen un gol insólito, afectó sus nervios. Debajo del arco, en los penaltis, se le vio sereno. Sacó a relucir la experiencia acumulada por actuar en Argentina, Rumania y Turquía, de jugar Champions, de estar en la Selección Colombia.

 Llegó a Santa Fe en el 2014, venía del eterno rival cardenal, de Millonarios. Pero ese antecedente no le generó dificultades, y si algún hincha le guardaba algún rencor, debió sentirse compensado con ese penalti atajado, con el título, con la entereza con la que el portero de 37 años ha defendido ese escudo, esa camiseta, casi siempre gris, que en su espalda, a lado y lado del número ‘1’, lleva los nombres de Bianca y M. Ángel, sus hijos, su inspiración, sus guardianes.

 Solo dos goles permitió en siete partidos de la Suramericana, desde que asumió la titularidad. Se convirtió en un estandarte del arco, indispensable para que el club lograra las hazañas. Fue su consagración.

En el cuarto cobro de Huracán, Zapata miró de nuevo a su oponente; se quedó en el centro, justo donde fue el balón, que se elevó, quizá para esquivar a ese arquero inspirado. Pegó por segunda vez en el travesaño. Entonces Zapata corrió enardecido, se arrodilló, luego –cuentan–, vociferó: “Así es todo lo de Santa Fe, ¡sufrido!”.

 Esa noche Rufay no estuvo solo. Tuvo de cómplices al travesaño, a la fortuna, a sus reflejos, a sus compañeros, a la hinchada. En el primer cobro agarró la gloria y no la soltó.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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