Las vidas perdidas

Las vidas perdidas

El 'Bronx' es un sitio donde hay muchas vidas perdidas, por las que no preguntan ni sus familias.

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11 de diciembre 2015 , 08:40 p. m.

Estaba tentado hoy a escribir sobre Venezuela, después de que la oposición tomó el domingo jugo de maduro endulzado con terrones de democracia. En principio daba para ser optimistas en que hubiera algo de madurez, pues el Presidente bolivariano aceptó que el racimo de la revolución se lo habían picado los pajaritos. Todo pintaba para que Maduro y la oposición dijeran “tomémonos un ‘Tintori’, seamos amigos”.

Pero no, pues la política es discordante, con genes de rencor, de ambiciones personales y hambre de poder. Hoy no hay acercamientos. Maduro no acepta que hay cansancio entre la gente, que perdieron por su culpa, por su grandísima culpa y la de su círculo, y porque allá la economía está en crisis, con tal escasez de comida que quien consigue arepa pone cara de ponqué. Ojalá el Niño Dios les regale este año acercamientos y soluciones, oro, incienso y mercados, porque no hay ni mirra. Presidente y oposición, tengan grandeza, por el pueblo y su país.

Pero aquí también vivimos divididos, sembrando odios políticos, y no vemos que ante nuestros ojos hay horrores. No nos damos cuenta de que incubamos enfermos, asesinos en potencia. Escribo con el alma en la garganta por las víctimas de Fredy Valencia, miserable al que ahora llaman ‘monstruo de los cerros’, y que, según confesó, asfixió a unas 18 mujeres en un cambuche junto a los cerros tutelares de Bogotá. Ya han sido hallados 11 cuerpos en los sitios de los que él ha ido contando.

El lugar donde Valencia estableció su cementerio privado se llama el cerro de la Paz... la paz de los sepulcros, como diría el hispano José de Espronceda. Allí realizó sus entierros de noche, frío como las lápidas, que no las hubo. Y metiendo sus víctimas en bolsas plásticas, para recubrirlas con basura en vez de flores. Qué horror.

No llamemos a Fredy ‘monstruo’, que es como darle una categoría de disculpa, de surrealismo trágico. Es un asesino, enfermo tal vez, un hijo de una familia humilde, cuyo padre taxista no logró que su hijo terminara la carrera. Un muchacho que fue bachiller y dizque estudiante de ingeniería, pero se volvió rebelde porque le fue mal con las mujeres. Dice que a los 8 años, en el colegio, unas niñas le bajaron los pantalones. Y ya mayor, una mujer le puso los cuernos. Que ese dolor de cabeza y la muerte de su madre lo llevaron al vicio. Y fue a dar al ‘Bronx’, de donde se llevaba, engañadas, a sus víctimas a la ‘cabaña’ de latas y muerte.

El ‘Bronx’, que les echa humo a los poderes estatales a cuatro cuadras de ellos, es un sitio donde hay muchas vidas perdidas –‘desechables’ las llaman, con desprecio–, por las que tristemente no preguntan ni sus familias. Tanto que las mujeres, jóvenes todas, que mató este criminal probablemente se queden sin identificar, porque dice Medicina Legal que se necesita el cotejo genético.

Condenen y estudien a Fredy. Aunque en esto tienen mucha culpa los traficantes de vicio, que venden droga en las puertas de los colegios y merecen tanto castigo como este asesino. Y la sociedad y el Estado, que miran para los cerros, mientras en el ‘Bronx’ las personas se consumen como un cigarrillo entre los dedos de la muerte.

Valencia puede ser un hijo de la falta de prevención en salud mental, de políticas serias sobre drogadicción. ¿Qué hizo, al fin, Petro, el de la Bogotá Humana, que ya se va el 31, quemado como un añoviejo, por tantos seres humanos que deambulan por las calles y parece que han aumentado? Por ahí puede haber más asesinos de los cerros, pero mientras tanto el Alcalde se dedicó a perseguir a los taurinos. Se le olvidó que los cachos del ‘Bronx’ matan más que los de los toros. Ahí tiene otra tarea, alcalde Peñalosa.

Luis Noé Ochoa
luioch@eltiempo.com

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