El policía que a punta de zumba lucha por los niños

El policía que a punta de zumba lucha por los niños

Lleva baile a colegios públicos de Bogotá y el país para enviar mensaje de no al consumo de drogas

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11 de diciembre 2015 , 03:32 p. m.

Cuando llegó al colegio Manuel Cepeda Vargas, de la localidad de Kennedy, sintió la desconfianza de los niños: ha sido un plantel afectado por los problemas de su entorno y no creen en la Policía ni en sus miembros.

No había tarima ni sonido, el micrófono no funcionaba, pero el subintendente Jhonny Pico Hernández, de 33 años, superó todos esos inconvenientes y, con su uniforme verde oliva, comenzó a bailar. “Logré que todos me siguieran”.

Ese hombre tan lejano se convirtió en el centro de atracción, y todos se volcaron a abrazarlo. “Llevo 20 años como docente, y es la primera vez que veo que abracen a un policía en menos de dos horas”, le dijo una profesora. Por aquella época, los generales y los coroneles tenían que apadrinar colegios de Bogotá para responder a la crisis que se estaba presentando en los entornos escolares. “Ese es uno de los recuerdos más bonitos que tengo”, recordó el oficial.

Este barranquillero participaba desde muy niño en los programas preventivos de la Policía, por eso le tomó aprecio a la institución. En esa época, para hacer parte de la cívica había que participar en la cumbiamba. “Lo chistoso era que yo no quería bailar, lo hacía para poder estar en la Policía. Así comencé a participar en el carnaval”.

Pero a los 18 años sabía que tenía que comenzar a hacer carrera. Lo primero fue ser auxiliar de policía. Eso pasó en Soledad (Atlántico), en donde, paradójicamente, terminó por organizar otra cumbiamba. Le gustaba atraer a los niños y ayudar a la comunidad. “Yo quería que los pelaos se educaran en valores”, contó. Poco tiempo después partió a Santa Rosa de Viterbo (Boyacá), en la escuela Rafael Reyes. “Yo era el único costeño de entre 400 boyacenses. Allá seguí con los viernes culturales y con los grupos de baile”.

Pero, cuando se graduó, tuvo que enfrentarse a la realidad de ser policía. “Como patrullero, me fui a Dosquebradas (Risaralda). Yo tenía como 19 años, y me tocó en contraguerrilla”.

Pico ha puesto a bailar a comunidades indígenas. Archivo particular

Allá tuvo que, con fusil, morral y casco, acampar en el monte y participar en enfrentamientos en la vía La Línea, cuando gobernaba el presidente Álvaro Uribe Vélez. Aprendió, pero no era lo suyo; por eso, cuando lo trasladaron a San Andrés se reencontró con su labor comunitaria durante ocho años. Allá pintó su vieja bicicleta, y no tardó mucho en comenzar a trabajar con los niños de la zona, que al comienzo lo ignoraban hablando en creole. “Luego aprendí a bailar calipso y reggae, y después ya no parábamos de bailar”. Su labor en una campaña de prevención de drogas fue destacada por la embajada de los Estados Unidos. “Representé a San Andrés en el Plan Decenal de Educación, mostrando esa propuesta, que se llamaba ‘Educando en legalidad’. “No era solo enseñarles a los niños valores, sino darles motivos para creer en ellos”. En la isla, una vez, un turista le dijo que lo que él hacía era zumba y, fue entonces cuando comenzó a preguntar en los hoteles y aprenderse algunas coreografías.

Cuando lo trasladaron a Bogotá tenía claro que debía certificarse en zumba, y así lo hizo. El primer evento que hizo para la Policía en Bogotá fue un ‘zumbatón’ para recaudar fondos y ayudar a una fundación de mujeres quemadas con ácido. “Reunimos más de 8 millones de pesos para la causa. Me sentí muy feliz, asistieron casi 3.000 personas”.
Así, superando las críticas de algunos compañeros, le tocó demostrar de qué le servía a la Policía que él supiera hacer zumba. “Yo creo que ocupar a los niños en actividades sanas puede sacarlos de problemas y recuperar la confianza en la Policía”.

En un evento de la empresa Zumba Fitness, hasta el presidente Juan Manual Santos lo felicitó por haber recibido el reconocimiento a la inspiración. “Lo logré por trabajar durante 14 años para que el entorno de muchos niños cambie”.

Todo eso hizo que su trabajo saliera del anonimato y que lo empezaran a invitar a varias regiones del país. Ha visitado desde La Guajira hasta el Amazonas y ha puesto a bailar, incluso, a tribus indígenas. “Se divirtieron mucho”.

Lo conmovieron los niños del Chocó y de muchas otras regiones en pobreza extrema; verlos descalzos, delgados.

Su lucha dentro de la institución continúa. Quiere institucionalizar su programa, y que no solo califiquen a los policías por capturas o incautaciones, sino por el sinfín de acciones que se pueden hacer por el bien de la comunidad.

“A veces me dicen que yo no soy policía, que me contrataron y me disfrazaron. Yo les digo que sí y que me siento orgulloso de eso”.

Antes de la entrevista, Pico tenía a una auditorio repleto de niños en la Cámara de Comercio, bailando toda clase de ritmos. Se reían con sus chistes y querían ganarse todos los premios. “Cuando saltan no están pendientes de qué barrio es el otro, que sea negro o flaco; ellos están en otra cosa. El principio fundamental es la tolerancia. Estamos tan concentrados en darles a nuestros hijos lo que no tuvimos que olvidamos darles lo que sí tuvimos”.

Carol Malaver
Redactora de EL TIEMPO
* Escríbanos a carmal@eltiempo.com

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