Huella de carbono: ¿Cuál es su responsabilidad como ciudadano?

Huella de carbono: ¿Cuál es su responsabilidad como ciudadano?

Colombia está entre los 40 países del planeta que más gases contaminantes genera.

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11 de diciembre 2015 , 07:25 a.m.

El dato es contundente: Colombia emitió más de 178 millones de toneladas de dióxido de carbono, según el más reciente inventario de Gases Efecto Invernadero (GEI) que entregó el Ideam el mes pasado, con corte al año 2012. A pesar de que la cifra es relativamente baja si se le compara con otros países las emisiones han aumentado en más de 36 por ciento en los últimos 20 años. Es decir, nos ubicamos como una de las 40 naciones con mayor responsabilidad en la producción de gases efecto invernadero. Y el panorama podría empeorar. Según proyecciones realizadas por el Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible, de no tomarse medidas de mitigación, para el 2030 el país podría aumentar sus niveles de contaminación en un 50%, es decir, llegar a 335 millones de toneladas de CO2.

Por eso, el compromiso con el que el país llegó a la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP21 que acaba de finalizar en París, fue el de reducir en un 20% sus concentraciones de CO2 con respecto a la proyección hecha a 2030 a través de una serie de medidas de mitigación y adaptación que pretende abarcar todos los sectores de la economía nacional.

Como se supo, en París se buscó llegar a un acuerdo internacional para mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC (al cierre de esta edición no se conocían los resultados de la cumbre).

Hoy, el sector productivo que más emisiones aporta en Colombia es el de la energía con un 44% de participación. Aquí entra la producción y el consumo de combustibles fósiles, el uso de centrales térmicas, la refinación del petróleo, la industria manufacturera y de la construcción y las actividades mineras, entre otras.

En segundo lugar están las actividades agropecuarias y los cambios en los usos del suelo, con un 43%, seguido por la eliminación de desechos sólidos y el tratamiento de aguas residuales con un 8%; mientras que en último lugar aparecen las emisiones producto de procesos industriales que aportan el 5%.

Si bien este inventario de GEI es un cálculo que los países realizan para “orientar muchas decisiones trascendentales en materia de desarrollo y crecimiento bajo en carbono”, como lo explica Ómar Franco, director del Ideam, el tema no debe ser visto como responsabilidad exclusiva de los sectores productivos y las grandes industrias, aunque estas jueguen un papel importante en ese sentido. Es un asunto que también le compete al ciudadano de a pie que día a día, en todas y cada una de las actividades cotidianas que realiza, deja su propia huella de carbono cuya mitigación depende de pequeños cambios en su comportamiento y en sus hábitos de consumo.

Todas las actividades cotidianas que realiza un ciudadano dejan un impacto en el medio ambiente.

De hecho, el mismo Ideam incluye entre las actividades humanas generadoras de GEI, ejemplos como el uso del transporte terrestre y aéreo, el consumo de energía en los hogares, la cría de ganado para satisfacer las demandas de carne bovina de la población, la tala y quema de bosques para convertirlos en pastizales y cultivos (como sucede en algunas comunidades en zonas rurales), el abandono y la incineración de basura a cielo abierto y el no reciclaje de residuos.

En ese mismo sentido, Rodrigo Suárez, director de cambio climático del Ministerio de Medio Ambiente sostiene que el aporte de los ciudadanos a la producción de GEI varía dependiendo de la región en la que viva una persona y sus hábitos cotidianos, “Las emisiones de un ciudadano en una capital como Bogotá no son las mismas que las de un pequeño productor rural. En el primer caso, hay que tener en cuenta, por ejemplo, los medios de transporte y las distancias que recorre para llegar a su lugar de trabajo o si consume alimentos importados que requieren toda una logística para llegar a su mesa, mientras que en el segundo, se debe estimar, cómo es que ese pequeño productor maneja sus cultivos, si realiza deforestación, si aplica agroquímicos, etc”.

Tan solo en el tema de uso de medios de transporte, la octava versión del Observatorio Anual de Movilidad publicado hace unas semanas por la Cámara de Comercio de Bogotá y la Universidad de los Andes, reveló que “en relación al uso del sistema de transporte público existe una migración (de los ciudadanos) hacia la motocicleta y el vehículo particular”.

Solo en Bogotá el documento señala que, mientras en el 2009 había 911.793 carros particulares en la ciudad, hoy la cifra es cercana al millón y medio de vehículos y, que en los últimos cuatro años se incrementó en un 104% el número de motos matriculadas en la ciudad al pasar de 206.844 en el 2010 a 421.978 en el 2014. También sostiene que la concentración promedio del material particulado aumentó en 2014 en un 8%.

Capítulo aparte tiene el desperdicio de energía donde los habitantes tienen mucho que ver. Un estudio elaborado por la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme), indica que en promedio, por la ineficiencia en el consumo de energía, en especial en aparatos eléctricos, se pierden 498 gigavatios hora al mes (GWh/mes), cantidad suficiente para abastecer a una ciudad como Cali. Aquí, señala el informe, los hogares son los principales responsables de ese desperdicio, incluso por encima de la industria y calcula que, en promedio, cada mes se podrían ahorrar 197 GWh en las casas si los colombianos realizaran un uso responsable de sus dispositivos eléctricos con prácticas tan simples como desconectar los equipos cuando no se están usando o apagando bombillos. Eso, no solo les representaría un ahorro de hasta el 20% en su factura de luz, sino ‘poner su grano de arena’ en la reducción de las emisiones de dióxido de carbono por consumo de energía que, según la Agencia Internacional de Energía es responsable del uno por ciento de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) en el mundo.

Las actividades agrícolas y los cambios en el uso del suelo aportan el 43% del total de emisiones del país. Por eso, la reforestación se ha planteado como una solución.

De otro lado, está el asunto de los residuos que genera un ciudadano y que van a parar a los rellenos sanitarios. En Colombia la media por habitante es de casi un kilo de residuos al día de acuerdo con el Informe Nacional de Calidad Ambiental Urbana 2015 para áreas con población superior a los 500.000 habitantes el cual alerta que el porcentaje de residuos reciclados es muy bajo respecto a la totalidad de lo que se genera a diario.

Si bien en cierto, como lo señalan los expertos, que los ciudadanos podrían contribuir en mayor medida a reducir el impacto ambiental que deja su diario vivir si los gobiernos locales garantizaran mecanismos efectivos para ello como por ejemplo, la implementación de sistemas integrados de transporte público seguros y eficientes que desestimulen el uso del carro, o rutas de recolección selectiva de los desechos reciclables que realmente funcionen, también se requiere que cada persona empiece a pensar en la manera de reducir y compensar sus propia huella de carbono, esa que puede bajar con comportamientos ambientalmente responsables.

Para eso ya existen iniciativas como aplicaciones gratuitas para el celular o portales web con calculadoras de carbono que ayudan a conocer cuánto emite una persona en su diario vivir; programas que les permiten realizar la siembra de árboles para compensar ese impacto, programas que impulsan el reciclaje de residuos y el uso de alternativas de transporte sostenible como la bicicleta, e incluso, comunidades en diversas regiones del país que están apostando por proyectos productivos más amigables con el medio ambiente, como buenas prácticas agrícolas con las que han dejado de deforestar bosques y se han convertido en guardianes de estos.

Por eso, además de los acuerdos logrados en la Cumbre del Cambio Climático en París con los que los Estados y las empresas privadas encaran grandes desafíos, los compromisos también se deben ‘ratificar’ en cada hogar ya que al final es toda la sociedad en conjunto la que termina padeciendo los efectos del calentamiento global como lo demostró el fenómeno de la Niña 2010-2011, periodo en el que se registraron lluvias e inundaciones por encima de los promedios históricos que dejó vías, puentes, acueductos, viviendas y edificios completamente destruidos, pérdidas millonarias en cultivos y más de tres millones de personas damnificadas, es decir, el 7% de la población nacional.

En esta edición especial, conozca qué puede hacer, cómo y dónde, los colombianos podemos aportar el grano de arena para que, con unos cambios sencillos pero significativos, podamos bajar la incidencia de nuestro paso por el planeta, en especial, por este territorio llamado Colombia.

Lizeth Salamanca Galvis
Redactora HUELLA SOCIAL

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