La finca que se convirtió en ecohotel en las montañas de Curití

La finca que se convirtió en ecohotel en las montañas de Curití

En esta zona rural de Santander el turismo se disfruta en armonía con el medio ambiente.

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11 de diciembre 2015 , 07:09 a.m.

La idea le surgió por accidente una mañana cualquiera cuando su hija de 7 años insistió en bañarse al aire libre en una pequeña pileta que había en el patio de su finca, un predio enclavado en las montañas de la vereda Palmira, en zona rural de Curití, Santander. Eran las 10 a.m. y el calor reverberaba. Hernando Quintero tomó entonces una manguera negra que habían dejado conectada y extendida sobre el pasto durante toda la mañana, la acercó a la pileta y abrió la llave de paso para llenarla. Lo que descubrió fue el punto de partida de una serie de innovaciones ecológicas con las que su finca familiar terminaría, años después, convertida en un referente de turismo ecológico: el agua brotó pura, cristalina y….caliente. Sí, caliente a punta de sol.

Hoy ese descubrimiento casual es el principio bajo el que se rige el sistema de calentadores solares con el que cuenta el Hotel Ecoturístico Villa Lucy. Se trata de un conjunto de tanques térmicos alimentados a través de 600 metros de manguera extendida sobre el techo de la construcción, en los que el agua, contenida en el caucho y expuesta a los rayos solares, alcanza temperaturas que oscilan entre los 55 y los 60°C y abastece las duchas de las 10 habitaciones con las que cuenta este hospedero ubicado un kilómetro antes del peaje de San Gil, a más o menos una hora y 45 minutos de Bucaramanga.

La historia de este lugar, empezó hace cuatro años cuando Hernando, junto a sus padres y hermanos, decidieron comprar una casona con un terreno de dos hectáreas. “Queríamos una finca de descanso para los fines de semana”, recuerda este ingeniero electricista.

No obstante, con el paso del tiempo descubrieron el potencial turístico que tiene Curití: cavernas populares como la ‘Cueva de la Vaca’, pozos naturales como los del Balneario Pescaderito, montañas imponentes y senderos ecológicos, y el Cañón del Chicamocha que emerge a tan solo media hora del lugar. “Decidimos convertir nuestra propiedad en una atracción turística pero teníamos que ser respetuosos del medio ambiente y preservar la riqueza natural que nos rodeaba”, cuenta.

Hoy por hoy, el ecohotel de la familia Quintero Corredor es una enorme casa blanca de tres pisos, rodeada de jardines y árboles frutales con capacidad para albergar a 40 huéspedes. Allí, los turistas tienen la posibilidad de hacer de su estadía una verdadera experiencia ecológica, un plan de descanso que inicia desde el mismo momento en que se hace ‘check-in’. “Los visitantes reciben una breve capacitación ambiental en la que aprenden a usar todos las adaptaciones ecológicas que hemos hecho en cada uno de los espacios. La gente se emociona y quiere vivir la experiencia, quiere ser parte de la solución”, explica el bumangués.

En este ‘fogón solar’ los platos típicos de la región están preparados en dos horas.

Así los viajeros se enteran, entre otros curiosos detalles, que para iluminar el hotel en las noches es necesario hacer ejercicio durante el día.

La explicación es simple: Hernando creó un mecanismo en el que mantiene una bicicleta conectada a la batería de un carro que a su vez se conecta a una red de más de 20 bombillos creados a partir de botellas plásticas y bombillos LED, todos distribuidos en los corredores y terrazas del hotel. “Con 45 minutos que una persona pedaleé en la bici genera la energía suficiente para encender 10 bombillos durante toda la noche”, dicen los cálculos de Quintero.

Pero la bicicleta no solo sirve para generar electricidad. Si el turista desea refrescarse con un buen vaso de jugo durante el día, solo tiene que escoger uno de los árboles frutales que hay en los jardines y bajar la fruta que más apetitosa le parezca. Luego podrá poner un vaso de licuadora en un sistema instalado en la bici que, a través de un sistema de engranajes, transmite el movimiento del pedaleo y hace girar las cuchillas del vaso de modo que a mayor velocidad pedaleé la persona, más rápido estará preparada su bebida. Y si de cocinar se trata el Sol es el mejor aliado.

La 'bicilicuadora' fue otro de los inventos de Hernando.

El ecohotel cuenta con una cocina solar creada por el ingeniero que utiliza cajas de cartón, icopor, poliuretano y espejos, que se encargan de reflejar los rayos y devolverlos hacia las ollas. Así, estos hornos solares alcanzan temperaturas que llegan hasta 100 °C donde se cocinan platos típicos de la región como el mute santandereano, la pepitoria o el cabro sudado.

¿Qué pasa entonces cuando no hay suficiente sol? Para los días fríos y nublados el hotel cuenta, además, con un biodigestor que convierte toda la basura orgánica que produce junto al estiércol de las vacas que la familia conserva en la finca, en gas metano para producir energía.

Con estas innovaciones están ahorrando el 70% del consumo en energía eléctrica. “Con el hotel lleno estamos pagando tan solo unos 40 mil o 50 mil pesos mensuales en el recibo de la luz por el uso de neveras, televisores y equipos de sonido”, agrega.

Pero el ahorro no solo se evidencia en el consumo eléctrico sino también hídrico. La familia Quintero implementó un mecanismo con el que recuperan el agua que se gasta en los lavamanos y duchas del hotel y la limpian a través de filtros naturales. Un reciclaje que, sumado a la recolección de aguas lluvia, les permite regar los jardines, los pastizales que ocupan sus vacas y las zonas degradadas que están recuperando en los alrededores.

“Cuando compramos esta finca los suelos estaban erosionados por lo que nos dimos a la tarea de recuperar la cobertura vegetal. En estos cuatro años hemos sembrado árboles nativos, jardines y frutales en los alrededores del hotel.”, cuenta Pedro Julio Quintero, uno de los socios de esta empresa familiar.

También implementaron un sanitario ecológico seco que no requiere agua para su funcionamiento porque tiene un sistema que permite transformar los desechos humanos en urea, que es un fertilizante para suelos, y en abono orgánico.

Desde su inauguración el lugar ha recibido alrededor de mil turistas interesados en el turismo responsable y ecológico. A estos, se suman unos 3.000 estudiantes de colegios y universidades que desarrollan visitas de educación ambiental. “Con esto buscamos que la gente aprenda a implementar estas sencillas soluciones ambientales y las repliquen en cualquier región del país, que aprendan que sí es posible vivir sin consumir combustibles fósiles, simplemente trabajando de la mano de la naturaleza”, señala Hernando.

La iniciativa de esta familia santandereana que transformó su finca de descanso en un destino turístico para promover el cuidado del medio ambiente y el consumo sostenible, fue uno de los proyectos finalistas del Premio Latinoamérica Verde, que se entregó en agosto pasado en Ecuador y en el que compitieron 1.000 experiencias de 24 países.

LIZETH SALAMANCA GALVIS
Redactora HUELLA SOCIAL

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