Libertad bajo ataque

Libertad bajo ataque

La renuncia del general Palomino es imperativa, si se desea recuperar la buena imagen de la Policía.

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10 de diciembre 2015 , 06:12 p.m.

Lo peor de los multiescándalos, descubiertos por investigaciones periodísticas, que han sacudido a la Policía es el atornillamiento de su director en el cargo. No pienso que el general Palomino sea culpable ni inocente, creo que todo sospechoso es inocente mientras no se le demuestre lo contrario. No obstante, en el caso de quien ocupa un cargo tan elevado y de tanta responsabilidad, como el Director de la Policía, el hecho de que algunas valientes periodistas, conscientes de su deber de actuar como defensoras de los ciudadanos contra la corrupción que está minando al país, hayan conducido al general Palomino a la condición de sospechoso lo obliga, ipso facto, a separarse del cargo.

Ya el presidente Santos ha anunciado una comisión que investigará los hechos surgidos de las denuncias periodísticas. Ello está bien, corresponde a nuestra vieja tradición de crear comisiones inútiles. Y mientras la comisión investiga, mientras rinde sus exhaustivos informes finales, ¿no sería lo prudente, lo correcto, que el general Palomino se apartara de la dirección policial, principalmente para evitar que la gente, siempre mal pensada, que los periodistas, siempre alerta, llegaran a pensar que desde la Dirección de la Policía el general Palomino tendría la oportunidad de ejercer sobre los comisionados algún tipo de presión? Sobre todo porque si el fallo de la comisión es absolutorio, nadie va a creer que fue ecuánime si el actual director permanece a la cabeza de la institución.

Tenga o no tenga que ver en el asunto el general Palomino, es un hecho que las periodistas investigadoras –Vicky Dávila, Claudia Morales, Andrea Arias, entre otras y otros— han sufrido acoso, seguimientos, chuzadas a sus números celulares, llamadas amenazantes, todo ello a raíz de las denuncias que han publicado sobre corrupción de distintos matices en la Policía. Se ignora, hasta el momento, quiénes sean los protagonistas de las maniobras de intimidación contra la prensa, y supongo que de averiguarlo se encargará la comisión anunciada por el presidente de la República.

Como lo anota el editorial de EL TIEMPO del pasado miércoles, la más averiada con estos escándalos ha sido la Policía Nacional, una venerada institución centenaria, en la que los colombianos confiaron casi a ciegas, y en la que hoy nadie cree, lo que es injusto, pues esta cuenta con un personal valioso y abnegado, que no tiene por qué ser la víctima de unos pocos elementos de alto rango, inescrupulosos y corruptos. La renuncia del general Palomino es imperativa, si se quiere dar credibilidad a la comisión y si se desea recuperar con rapidez la buena imagen de nuestra institución policial. Hoy por hoy, en la calle, la gente no se refiere a la Policía Nacional como la Policía Nacional, sino como “la comunidad del anillo”. Hay que actuar pronto para corregir esa penosa impresión. Cuando el estómago se llena de parásitos, lo más indicado es un buen purgante en altas dosis.

No se crea que el ataque contra la libertad de expresión es exclusivo de Colombia. En la mayor parte de América Latina el periodismo se ha convertido en un oficio de elevado riesgo. Son cientos de periodistas en el continente los que por denunciar abusos, provengan de las autoridades legítimas o de los narcotraficantes, caen bajo las balas de los sicarios, son obligados a exiliarse, son vejados y maltratados. Ahora la ultraderecha victoriosa ha lanzado sus ‘hackers’ de presa contra periódicos que defienden la causa progresista y que no son adeptos al neoliberalismo. Tal es el caso del diario argentino ‘Página 12’, cuya página web llevaba más de una semana bloqueada, como me consta porque traté de entrar durante la semana pasada y la respuesta era “Safari no encuentra el servidor”. Al fin parece que los técnicos de ese medio pudieron dar con la contra, y su web está de nuevo en servicio. En el siguiente enlace encontrará el lector una explicación más precisa del ‘hackeo’ agresivo para silenciar un diario cuyo pecado mayor es decir verdades incómodas: http://www.pagina12.com.ar/diario/ultimas/20-287799-2015-12-08.html.


Enrique Santos Molano

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