Editorial: Venezuela y la esperanza

Editorial: Venezuela y la esperanza

Corresponde al chavismo y a la oposición realizar el cambio que exigieron millones de ciudadanos.

07 de diciembre 2015 , 07:26 p.m.

Las urnas hablaron en Venezuela, y de qué manera. En una pacífica fiesta de civismo y democracia, y con una participación récord para unas elecciones legislativas (75 por ciento), los venezolanos eligieron el domingo los 167 diputados que se encargarán en los próximos cinco años de las leyes de su país. Es un escenario inédito, pues es la primera vez desde que el chavismo llegó al poder, en 1999, que se enfrenta a un parlamento opositor y en medio de una desestabilizadora crisis económica, de la que aún no se ve el fondo.

Por eso, en millones de venezolanos el sentimiento que predominaba era el de la esperanza. Esperanza en que los esfuerzos conjuntos, tanto de chavistas como de opositores, saquen adelante la economía de la nación, y esperanza en que la polarización que por años ha golpeado desde los núcleos familiares básicos abra paso a una visión menos ideologizada y más racional de una nación que necesita reformas urgentes y atinadas. Es claro que como van, van mal.

La amplia victoria de la oposición, que cuando escribimos estas líneas reclamaba la mayoría calificada (más de 111 escaños, es decir, los 2/3 de la cámara única), es un mensaje directo de cambio para el gobierno del presidente Nicolás Maduro, quien reconoció la derrota y prometió revisiones en la ‘revolución’, pero sigue tercamente anclado a la versión de que los males que azotan a su país tienen que ver con lo que retóricamente llama la “guerra económica”.

Esa actitud irreflexiva de culpar a los demás (a Estados Unidos, a los empresarios, al contrabando desde Colombia, al paramilitarismo...) no ayuda al propósito nacional de superar el mal momento. El reconocer que en la paliza que le propinaron al oficialismo en las urnas tiene mucha relación con el ‘voto castigo’ puede ser un buen principio de redirigir el rumbo ante un panorama incierto y caótico. Habrá que ver.

De otra parte, el desafío para la oposición no puede ser menor. Si avasallaron en las urnas, no pueden hacer lo mismo con el chavismo, pues eso sería cometer los mismos errores que tanto criticaron de Maduro y su corte. La misión inicial debe ser enrumbar la economía para sacar la cabeza del fondo de la crisis y, por otro lado, crear las condiciones mínimas para cohabitar con los otros poderes públicos, dominados por la revolución bolivariana, para no caer en choques de trenes desgastadores o que se termine propiciando la polarización. En Venezuela se impone una línea de diálogo y concertación.

Por eso cayeron tan bien las sensatas palabras del líder de la Mesa de Unidad Democrática (MUD) Jesús ‘Chuo’ Torrealba en el discurso de celebración, en las que aseguró que la victoria no dará pie al revanchismo. Y si la idea de la oposición es encaminar el país hacia una transición, pues deben propender a que sea lo menos traumática posible, ya que desconocer la fuerza del chavismo basados en el traspié del domingo sería cometer un error memorable. En eso no se pueden equivocar. Del triunfalismo nada queda.

El hecho es que estamos ante un cambio de era en la Venezuela de Bolívar, de Chávez, de Maduro, de Lilian Tintori o de Henrique Capriles. De la inteligencia y buen tacto político de chavistas y opositores dependerá el futuro de los más de 30 millones de venezolanos. Es un momento histórico. Esta nación no aguanta más desastres.


editorial@eltiempo.com

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