La hora de los clubes

La hora de los clubes

Hastiados del ninguneo, los clubes se están organizando, agremiando, para dar nacimiento a la Acsa.

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07 de diciembre 2015 , 11:29 a.m.

−Te programan un partido entre semana a las 4 de la tarde sin consultarte y te hacen perder 20.000 entradas −dice con fastidio el ingeniero Guido Loayza, presidente del Bolívar de La Paz.

−Cobramos 300.000 dólares por partido de local de Libertadores, pero debemos pagarle a la Conmebol el 10 por ciento de nuestra taquilla, y además nos descuentan los viáticos, pasajes y gastos de árbitros, veedores y médicos del control antidoping. Al final quedarán 250.000. Y cuando debes ir a Brasil a jugar de visitante gastas 150.000 −agrega Eduardo Silva, titular del Independiente Medellín colombiano.

−Y que no te pase lo que a nosotros, que en una misma Copa nos tocó ir dos veces seguidas a León, en México. Tuvimos que tomar tres aviones. Es un esfuerzo y un gasto descomunal, aunque a quienes deben ir a México se les dan 50.000 dólares adicionales, pero no compensa en absoluto −remarca Loayza.

−Se juega por casi nada −aporta Germán Leguía, aquel gran volante derecho de Universitario y la selección peruana de los 80, hoy gerente general de la ‘U’−. Y cuando vas a Asunción es como que no existen los clubes, los directivos de Conmebol ni te miran, ni saben quién eres. No vamos más a los sorteos, no tiene sentido, todo está decidido, te
ponen en una mesa a 50 metros del escenario mientras ellos se entregan premios y se alaban entre ellos.

−Y además debes dar 500 entradas VIP a la Conmebol para sus invitados, las mejores ubicaciones que tienen los clubes para vender −suma Carlos Benavides, exarquero, hoy gerente de Sporting Cristal−. Representas a un club, pero cuando vas a un torneo como la Copa América no tienes ni dónde sentarte en el estadio, pero ves el palco VIP y están las esposas de los presidentes de asociaciones ocupando dos asientos, en uno ellas, en el de al lado, su cartera Louis Vuitton de cinco mil dólares −cierra el ahora dirigente.

−A nosotros nos correspondían 150.000 dólares por nuestra participación en la Copa Suramericana y nos pagaron 47.000, nadie nos explica qué pasó con el resto −protesta Angelo Porcel, gerente de Real Potosí.

Los testimonios, como escamas, se enciman unos a otros, todos con un denominador común: las quejas hacia la Conmebol, a la que definen como insensible. Entidad que vende los torneos en decenas de millones de dólares por año, pero les da migajas a los clubes y los ignora olímpicamente.

Los clubes, lo hemos escrito en una columna anterior, son la base de la gigantesca pirámide del fútbol. Tienen la responsabilidad de protagonizar los torneos, generar toda la infraestructura de este deporte, edificar o alquilar estadios, construir centros de entrenamiento, formar a los futbolistas juveniles, armar equipos −para lo cual es menester contratar técnicos, preparadores físicos, médicos, auxiliares−, asumir los traslados, la hotelería, la boletería, la organización de los partidos, prestar sus jugadores a la selección. Y poner los hinchas, que luego también alientan al equipo nacional. Las únicas que parecen ignorar esta realidad son las asociaciones nacionales y la Conmebol.

Hastiados del destrato y del ninguneo, del sistema perverso que los obliga a jugar por monedas torneos que otros venden por sumas millonarias, los clubes se están organizando, agremiando, para dar nacimiento a la Acsa (Asociación de Clubes de Suramérica). La idea nació de un artículo periodístico. Un grupo de dirigentes clubistas recogió el guante y comenzó una gira por el continente reuniendo clubes, pulsando la opinión de los dirigentes clubistas, que son quienes deben lidiar con el día a día de las instituciones, conseguir el dinero para pagar a los jugadores, el cuerpo técnico, velar por los hinchas, decenas de etcéteras. No solo halló consenso, hay un clamor general que pide un cambio profundo. La palabra que resume el sentir general es indignación.

Debido a las reuniones que se están desarrollando en varios países, la iniciativa ya llegó a oídos de la Conmebol y causó alarma. “¿Para qué agruparse? No es necesario, ahora la Conmebol se va a quedar solo con el 10 por ciento de lo que vendan los torneos y el resto irá para los clubes”, decía Juan Ángel Napout antes de ser arrestado. Intentaba disuadir. La pregunta es por qué no lo hicieron hasta ahora. “A partir del 2016 van a aumentar los premios”, insistía el ya expresidente. Pero el malestar excede las remuneraciones, pasa por el respeto.

Según un estudio de la Acsa, en la edición 2015 la Conmebol tuvo ingresos de 97 millones de dólares por la Copa Liberadores, de los cuales repartió a los clubes solamente 53, además de hacerles pagar a los árbitros y demás. Quedaron 44 en el medio. ¿Por qué no retuvo el 10 por ciento (9,7 millones) y el resto fue para los equipos participantes? ¿Dónde están esos 44 millones? Incluso el 10 por ciento es una cifra desmesurada para una entidad que no gasta un dólar en el desarrollo del fútbol, jamás ha puesto un ladrillo para levantar un estadio ni ha costeado un centro de formación juvenil ni da cursos de capacitación propios. Tampoco ayuda con dinero a sus asociaciones miembros. La Conmebol tiene apenas una veintena de empleados e ingresa sumas fabulosas por numerosos rubros. Sin embargo, no podía reunir 10 millones de dólares para pagar los misérrimos premios de la última Copa América.

(No tenían para abonar la participación de las selecciones, pero sus directivos, una mayoría de ellos presos o procesados por corrupción, pagaron sumas estratosféricas para lograr un arresto domiciliario. Los mismos dirigentes que se encierran en una pecera de vidrio a negociar contratos e ignoran a los equipos que deben protagonizarlos)

“Ahora va a ser todo transparente”, prometen en Conmebol los pocos jerarcas que aún están libres. Nadie les cree. Los clubes no confían en la Conmebol, que ha tenido hacia ellos una actitud abusiva. Y ahora se están nucleando. El espejo es la Asociación Europea de Clubes (ECA, en inglés), con la cual ya se han contactado y están recibiendo asesoramiento. La ECA, presidida por Karl-Heinz Rummennige, titular del Bayern Múnich, comenzó con 8 clubes; hoy son 220 afiliados de 53 países, pero cuyas conquistas benefician a 596 instituciones. Desde el último congreso de la Uefa, tiene dos miembros en el máximo organismo europeo, una comisión de clubes y una veintena de dirigentes más en otras áreas. Se sentó a la mesa donde se deciden los destinos del fútbol. Los clubes europeos negociarán ahora, a través de la ECA, el monto de los derechos de televisión, la publicidad, el marketing, lo que deben cobrar por protagonizar las copas, entre otros tópicos. No viene Platini y les dice “ustedes juegan tal día y cobran tanto”. Ya no puede.

En un plazo de seis a ocho meses, la Acsa espera desembarcar en la Conmebol con 60 u 80 de los clubes más fuertes del continente reclamando el lugar que les corresponde en las decisiones. “Si no que arme un equipo la Conmebol y jueguen ellos”, dijo un directivo uruguayo.


Jorge Barraza

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