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Las diferencias que estancan el pacto por el clima en París

Las diferencias que estancan el pacto por el clima en París

Países en desarrollo reclaman financiación. Potencias tienen opciones para reducir emisiones.

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Por: REDACCIÓN EL TIEMPO
06 de diciembre 2015 , 11:02 a. m.

A cinco días de que termine la histórica Cumbre de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP21), en París (Francia), aún se está lejos de consolidar un acuerdo global que frene las dramáticas consecuencias del aumento de la temperatura de la Tierra por culpa de las acciones del hombre.

Ayer, tras una agitada discusión de los negociadores, se entregó el borrador del acuerdo, que cuenta con 48 páginas y muchas opciones abiertas, para que sean los ministros quienes lo finalicen antes del próximo viernes (11 de diciembre).

Laurent Tubiana, embajadora francesa, reconoció que el documento aprobado “indica el deseo de todos de alcanzar un gran pacto la semana que viene” pero “todavía no estamos al final del camino”, y “la mayor parte de los temas más problemáticos continúan sin resolver”. El texto que recibieron los ministros ayer debe decidir si los países desarrollados son los únicos responsables de la actual situación de urgencia climática, o si eso cambió con la aparición de nuevas potencias como China o Brasil. Eso implica decidir quién paga y cómo.

Las desigualdades entre un norte que se desarrolló durante más de un siglo sin cuidar el medioambiente y un sur que reclama apoyo financiero y tecnológico para hacerlo de manera sostenible son la piedra en el zapato para que el texto avance.

Luego del positivo y para algunos analistas “predecible” mensaje de 150 jefes de Estado de todo el mundo del lunes pasado, quienes calificaron de pertinente y necesario llegar a un pacto global por el clima, las divergencias entre los países desarrollados y aquellos en vía de desarrollo volvieron a acentuarse, y eso demuestra que sustancialmente nada ha cambiado desde 1992, cuando iniciaron las conferencias sobre el clima.

Tres son los puntos en los que difieren: la financiación que deben dar las naciones ricas para que los países en desarrollo se adapten a las nuevas condiciones del clima, el sistema de monitoreo y verificación de las metas que cada país fijó para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero y el carácter del mismo acuerdo: si es o no vinculante para todos los países.

Tanto para China como para India, así como para Venezuela, Bolivia y Nicaragua, es claro que la diferenciación debe quedar en el acuerdo y que los países desarrollados se deben comprometer a girar los 100.000 millones de dólares anuales desde el 2020 para que las naciones en vías de desarrollo tengan cómo hacerles frente a los desastres que traerá un clima cada vez más extremo.

“Las finanzas harán triunfar o naufragar este acuerdo”, advirtió la representante del grupo de 134 países en vías de desarrollo (G77), la embajadora sudafricana, Nozipho Mxakato-Diseko.

Por su parte, los desarrollados insisten en que países como China e India pueden aportar recursos propios. De hecho, este último país bloqueó las negociaciones el miércoles pasado al considerar que las contribuciones de reducción de emisiones deben ser voluntarias para los países en desarrollo.

En la orilla opuesta, China, la Unión Europea y Estados Unidos piden que el acuerdo tenga un carácter vinculante legalmente, pero la gran potencia americana lo que busca es que haya unas metas periódicas de reducción de emisiones (cada 5 años), no que la propuesta que cada país hizo antes de la COP se vuelva obligatoria.

Algunos países en desarrollo consideran que el plazo de un lustro para la revisión de este tipo de objetivos se ajusta a las necesidades de los países ricos, que desde el 2005 están sometidos a las exigencias del Protocolo de Kioto, pero no a las de las naciones que carecen de las tecnologías necesarias y que piden más tiempo o más ayuda.

Según la prensa internacional, la transparencia respecto a las emisiones y los dineros que cada nación transfiera son la “línea roja” de las negociaciones para países como Estados Unidos y Australia, que no cederán ante un mecanismo más flexible, como el que propone India. No obstante, nada de lo que se está negociando hoy, de incumplirse, generaría algún tipo de sanción, hecho que le resta fuerza al acuerdo resultante de la Ciudad de la Luz.

Ante este contrastado panorama, el reto es evitar un fracaso como el que vivió el mundo en 2009, cuando de la cumbre de Copenhague no resultó ningún acuerdo vinculante. La expectativa es que en París la tragedia no se repita. Faltan 5 días para que esto no ocurra.

REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE*
*Con información de AFP y EFE.

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