Es para reír

Sobre los comparendos electrónicos, destaco esta historia del libro 'La importancia de comprender'.

05 de diciembre 2015 , 08:03 p. m.

A propósito de la imposición de comparendos electrónicos a los propietarios de vehículos parados que aparezcan sin revisión por parte de la Secretaría de Movilidad, encontré la siguiente historia del libro ‘La importancia de comprender’, de Lin Yutang: “En tiempos de Shienchu, soberano de Shu (siglo III), hubo una prohibición referente al vino a causa de la sequía, con objeto de hacer economías y de aplacar a los dioses. Hubo hombres que fueron detenidos por tener tinas y aparatos de destilación en sus casas, se los castigaba como a los que eran sorprendidos haciendo realmente bebidas alcohólicas. Chien Yung iba en coche con el rey por el campo cuando vieron a un joven.

–¡Haz detener a ese hombre! –gritó Chien Yung.

–¿Qué ha hecho? –preguntó el rey, muy perplejo.

–Va a cometer un adulterio.

–¿Cómo lo sabes?

–Tiene los órganos del adulterio exactamente como los cosecheros tienen sus tinas.

El soberano soltó la carcajada y ordenó que los detenidos fueran puestos en libertad -Siching Tsachi”.

Alberto Rico Avendaño

La justicia sin ‘software’

Señor Director:

En referencia al editorial del 3 de diciembre, ‘Revolcón de la justicia’, que se lograría con la nueva ley creada hace ya tres años que sancionó el Código General del Proceso, no podrá entrar en vigencia por ahora, según lo proyectado. A estas alturas no hay ni siquiera ‘software’ para poder crear los expedientes electrónicos de la llamada oralidad de las denuncias. Es más increíble que la mitad de los juzgados del país no estén conectados a la red; solo 225 juzgados de los 4.661 despachos existentes están en línea. De los juzgados de los 1.096 municipios, el 75 % (821) no tiene cobertura. ¿Qué tal? Así las cosas... en reformas de nuestra justicia, este gobierno ensilló antes de traer la bestia.

Rafael Antonio Córdoba A.

Estaba untado

Señor Director:

Luis Bedoya, ‘zar’ del fútbol colombiano, le mintió al país. Hace menos de seis meses dijo que el fútbol colombiano se encontraba al margen de los escándalos de la Fifa. Sin embargo, el pasado 9 de noviembre renunció a su alto cargo, y seguramente bien asesorado sobre el actuar implacable de la justicia norteamericana –muy diferente al sainete de la colombiana– viajó a EE. UU. a enfrentar a los jueces de ese país. Esta semana confesó dos delitos que le pueden dar más de cinco años de cárcel. Los colombianos teníamos la ilusión de que al menos en el fútbol saliéramos indemnes del fantasma de la corrupción mundial que ensombrece a la Fifa. Pero no, una vez más los dirigentes resultaron “untados”. Para bien nuestro, el pueblo colombiano, como en este caso los jugadores, están por encima de quienes los gobiernan o dirigen.

Mario Patiño Morris

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