El síndrome del vallenato: apuntes para una reflexión

El síndrome del vallenato: apuntes para una reflexión

Ser vallenato es más que un gentilicio o una música; es una actitud ante la vida.

05 de diciembre 2015 , 06:12 p. m.

Escribí la frase anterior en un artículo que me publicó la revista Arco, por allá a mediados de los ochentas, resumiendo años de lecturas sociológicas y folclóricas. Muchos años después, cuando la frase ha circulado de labio en labio hasta casi olvidarse el autor, llego Julio Oñate Martínez y la rescato para epígrafe de su obra ‘EL ABC del vallenato’.

Después de años de lectura y observación empírica del llamado país vallenato escribí un ensayo corto que nos publicó EL TIEMPO CARIBE y que hoy actualizamos. Ensayo que nos sirve de antecedente, para proponer una investigación sociológica que permita inferir si la tradición oral más la fuerte influencia de los medios de comunicación hablados han degenerado en lo que nos atrevemos a llamar el Síndrome del Vallenato. En el país vallenato persisten algunas características de las relaciones sociales de la época colonial lo cual contribuye a mantenerla como una sociedad parroquial en una clara herencia de su etapa pastoril. Como si fuera poco el primer colegio de educación secundaria en Valledupar solo se estableció hacia los años 40's, convirtiendo en un martirio, antes de eso, la posibilidad de terminar los estudios secundarios porque tocaba viajar hasta Santa Marta.

En el Cesar y la Guajira persisten, hoy en día, índices de analfabetismo superiores a la media nacional (12%) y suponemos (no hay datos estadísticos) que existen grandes porcentajes de analfabetas funcionales.

Si a lo anterior le sumamos a aparición tardía de la radiodifusión en la región que prácticamente, se juntó con la aparición de la señal de televisión venezolana (que apareció primero que la señal colombiana), y la mucha más tardía de la prensa escrita, podríamos afirmar que se dio un caso de insularidad geográfica. En el país vallenato las historias se transmitían oralmente y a través de quienes luego serían llamados los jugares vallenatos; los acordeonistas de la música de provincia que iban de pueblo en pueblo cantando algunas historias e inventándose otras.

La aparición de la radio y luego de la televisión permitieron que la sociedad siguiera siendo tradicionalmente oral; si hacemos un parangón de la vida de esta región en los años cincuentas con las otras regiones del país podríamos encontrar que el mundo aquí estaba estancado; por eso era y es tan mágico el país vallenato.

No es difícil inferir que si, hoy en día, el promedio de analfabetismo supera la media nacional, hace sesenta años atrás las personas letradas eran una minoría. Es quizás esa baja masa crítica de personas con estudios terciarios la que, de una u otra manera, en mayor o menor grado, marca una enorme influencia en las últimas tres generaciones del país vallenato que ha crecido, precisamente, con el auge de la música de provincia, convertida hoy en el aire más popular del país.

Y es aquí donde encontramos el espacio para proponer esta teoría: lo vallenato ha creado una cultura que ha privilegiado la oralidad. Allí todo anda a otro ritmo. No es inusual encontrar jóvenes menores de treinta años con estudios de pregrado y postgrado, de buen nivel socioeconómico, que se encuentran para hablar física carreta. Es ese dejar estar, es esa parsimonia tan inherente a toda a idiosincrasia caribeña, que aquí se nota más, la que nos muestra que éste es otro mundo.

Entonces, surge la pregunta: ¿La oralidad es la culpable de nuestro atraso? ¿Es la tradición oral una maldición? ¿Ha sido la oralidad un freno para el desarrollo de una sociedad?

La oralidad, exacerbada por los medios de comunicación audiovisuales, ha ocasionado un atraso en nuestra región, en todos los estratos sociales y en todos los niveles de preparación académica. Cuando decimos exacerbada por los medios de comunicación estamos diciendo que la radio y la televisión contribuyeron y contribuyen a los bajos niveles de lecturabilidad de nuestra región. Hay que aclarar que la radio y la televisión han contribuido con lo que denominamos el Síndrome del Vallenato. Las emisoras de Valledupar y de la región manejan una programación que excluye, en la mayoría de los casos, otras manifestaciones culturales dándole importancia a lo vallenato y a lo comercial (reggaetón, salsa, merengue, etc.). Aun, hoy en día se ven programas con estilos y contenidos que alientan un léxico lleno de modismo y arcaísmos siendo perniciosos para uno de los objetivos de los medios de comunicación: formar.

De allí nuestra afirmación: la oralidad alimentada por la cultura de lo vallenato ha sido factor de obstáculo en la formación de una sociedad letrada. No sabemos el porcentaje exacto del nivel de lecturabilidad de nuestra región pero el muy bajo nivel nacional más el alto porcentaje de analfabetismo nos permite pensar que aquí el problema es mucho mayor.

Si a lo anterior le sumamos la preocupación que surge de nuestro ensayo, debemos agregar que parte importante de nuestros objetivos es precisar si existe el que llamamos el Síndrome del Vallenato: una cultura que ha privilegiado la oralidad y que ha creado un ser social diferente en Colombia: autentico pero anquilosado en el pasado.

Podríamos decir que nuestros objetivos hacen que esta probable investigación pueda ser extrapolada a otras regiones del país, y sin caer en la satanización de la oralidad, contribuir a entender mejor muchos de los problemas de nuestra sociedad.

Pero, ¿Qué es el país y el hombre vallenato? Se ha dado por llamar así a toda una comarca que comprende el valle del rio Cesar y gran parte del valle del Rancherías que estuvo aislada del desarrollo que vivieron las ciudades portuarias como Santa Marta y Riohacha. Separada del mar y del contacto con la capital de la provincia por la Sierra Nevada y por los espesos y muchas veces hostiles bosques tropicales y sus ríos; los españoles se demoraron 25 años, después de fundada Santa Marta, en llegar al sitio en que establecieron a la hoy Valledupar. Esa referencia temporal nos muestra lo difícil que fue desplazarse por la espesa manigua que circundaba la Sierra. Luego de establecidos allí los españoles supieron, por los indígenas, que era más expedito el cambio por el norte, saliendo a Dibulla, para llegar a Santa Marta.

Durante muchos años y ante las dificultades de acceso a la región, el país vallenato creció a espaldas de lo que acontecía en la lejana capital de la Provincia del Magdalena y en el Mundo.

La mayoría de los hechos y comercio se daban más, desde y con Riohacha, que con Santa Marta. Tuvieron que pasar más de 300 años para que la navegación comercial por el rio Magdalena, en el s. XIX, nos permitiera tener un contacto más fluido con la capital de la provincia a través de los puertos de Chimichagua, El Banco y Plato.
Podríamos afirmar que se dio un caso de insularidad geográfica, durante mucho tiempo, que determinó el carácter del hombre vallenato: campechano, bucólico, tímido, parroquial y dueño de una oralidad que alimentó el realismo mágico de García Márquez y enriqueció las historia de la música de provincia, como era llamado el vallenato.

Cuando Gabito descubrió este mundo, en los cincuentas, entendió que las historias que había oído en su infancia estaban alimentadas con los condimentos y las especies de las mismas narraciones orales que se cocinaban en Valledupar y sus alrededores. Fue por eso que dijo que ‘Cien años de soledad’ era el vallenato más largo jamás escrito.

El país vallenato estuvo aislado del mundo hasta que apareció el tren en los años treinta del siglo pasado y luego la carretera en los sesentas. Tuvieron que pasar casi 400 años para que esta región se insertara de manera simétrica al desarrollo que vivían otras regiones del país. Por eso los oriundos del país vallenato son diferentes, orgullosos de su autenticidad. Es uno de los pocos grupos étnicos y socioculturales del país que no ha transmutado sus valores ante el acoso de la modernización.

Pero, he aquí la hipótesis central de este escrito: Lo vallenato ha creado una cultura que ha privilegiado la oralidad y nos dio unos seres que no pertenecen al s. XXI y que todavía están anquilosados en el siglo antepasado.

No han entendido que el mundo cambió; si bien es cierto que en aras de la modernidad no podemos permitir que influencias foráneas le cuelguen un quinto aire al vallenato, no es menos cierto que necesitamos que nuestros jóvenes sepan más quien es Rafael Carrillo Luquez que Silvestre Dangond.

Todo lo dicho nos permite inferir que hay una especie de autismo cultural que se acrecienta con los altos índices de analfabetismo y la baja escolaridad de nuestros pueblos. Nos creemos el ombligo del mundo porque Gabo dijo lo que dijo de Cien años de soledad y porque Vives le debe su éxito a las composiciones de Escalona. Es tan aberrante nuestra desinformación y nuestra baja educación que muy pocas personas en Valledupar saben por qué la biblioteca lleva el nombre de Rafael Carrillo Luquez, el más grande intelectual de nuestra región, creador de la Escuela de Filosofía de la U. Nacional, hoy facultad. Pero si usted le pregunta a un joven universitario quienes son los autores de las composiciones de la nueva grabación del "Mono" Zabaleta, muy seguramente las sabrá.

Roberto Ahumada Moreno (hijo de Miguel, sempiterno participante del Festival Vallenato) escribió el primer manual de autoaprendizaje para interpretar acordeón en el mundo y hasta ahora nadie ha reconocido su logro.

El único festival literario de la zona, con algún reconocimiento nacional, era el del Café Vargas Vila de San Diego, y fue cambiado por un concurso de acordeones.

En el país vallenato hay que comenzar una discusión cuyo primer punto debe ser desvallenatizar nuestra educación, no nuestra cultura. No es olvidar nuestras raíces, no es olvidar nuestra música, es entender que el mundo es algo más que acordeón.

El vallenato y todo lo que lo enriquece, pertenece a nuestra historia y a nuestra cultura como lo acaba de reconocer la UNESCO, pero nuestros niños y jóvenes tienen que aprender que el mundo es más que una parranda.

Necesitamos más niños soñando con ser astronautas y no en ser niños del vallenato. Y que conste que soy amigo y admirador del "Turco" Gil.

NICOLA STORNELLI GARCÍA (*) (**)
@puertodigital
(*) Con la ayuda del PhD Ernel Villa
(**) Analista de educación y tecnología en Portafolio. Colaborador de Semana Educación. Gestor del Puerto Digital de Valledupar. Fue Gerente de Cesar Digital y Concejal de Valledupar. Fue Asesor del Consejo Rectoral del SUE Caribe

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.