Venezuela

Haya o no fraude electoral, vuelco o no, el Gobierno bloqueará toda acción del Legislativo.

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04 de diciembre 2015 , 06:50 p. m.

Este país se empeña en caminar hacia un abismo de fractura y tensión social. La absoluta incapacidad de gobierno de Maduro ha elevado el enfrentamiento y la amenaza verbal. Con una democracia tan seriamente deteriorada, los venezolanos votan este domingo en unas elecciones legislativas de cambio de parlamento en las que se antoja y anticipa un vuelco electoral hacia la oposición, esta vez menos fracturada que en otras ocasiones.

Maduro, no obstante, seguirá gobernando, y con ello lo que queda del chavismo: sea este ya más originario y ortodoxo, sea edulcorado y flexibilizado en la mente de muchos que viven y son subsidiados por el Estado.

La carestía, el desabastecimiento de alimentos, medicinas y bienes de primera necesidad, el precio actual del petróleo, la devaluación depauperada de la moneda, la inflación, y un largo etcétera, amputan la viabilidad y la realidad de un país que convulsiona y se encamina hacia una quiebra irreversible. La mordaza a medios no afines, la persecución más o menos velada de políticos de la oposición, la violencia en las calles, el miedo y la amenaza si el resultado es adverso a los intereses personales de quienes hoy ostentan –o quizás– detentan el poder se añaden a una cada vez mayor preocupación internacional.

La deriva populista y bolivariana está rozando ya el esperpento. Su pérdida de esa suerte de liderazgo entre unos pocos, como Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Argentina; en su día, el Uruguay del expresidente Mujica y, en otro orden de cosas, la sintonía con Brasil y Cuba declinan a pasos agigantados. Pero, sin duda, lo más peligroso es esa fractura entre los venezolanos.

La falta absoluta de respeto a los derechos humanos y a las reglas democráticas del régimen deja poco margen para la esperanza. La realidad es la que es. Los presos políticos, encarcelados en auténticas farsas procesales y judiciales, no aventuran nada bueno ni positivo.

La búsqueda de culpables y conspiradores externos es la vieja argucia de cualquier régimen, sea autoritario o con fintas democráticas.

Venezuela convulsiona. Un país inmensamente rico vive una historia y unos momentos de crisis económica, política y social severa. La creación de uniformadas milicias más o menos chavistas, pero dependientes del Estado, es un ejercicio cínico del poder y de mancillamiento del interés público.

La desgracia, en suma, para un país que necesita más que nunca unas elecciones verdaderamente libres y transparentes, extremos sobre los que todas las dudas están puestas, precisamente. Todo, en nombre del pueblo y sus conquistas populares, pero sin el pueblo y sin que esas conquistas no sean más que subsidios y creación clientelar de redes. Viejas artimañas, mientras la fractura rompe a un pueblo en dos bloques antitéticos. Pero Maduro ya lo ha avisado, nada cambiará.

Haya o no fraude electoral, vuelco o no, el poder del Gobierno bloqueará toda acción del Legislativo, máxime cuando la división de poderes, tanto en este como en muchos países, simplemente es una utopía.


Abel Veiga

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