El pasado así

La mejor manera de juzgar el pasado es comprenderlo de verdad. Con su propia voz y su contexto.

notitle
02 de diciembre 2015 , 07:33 p. m.

El otro día, de puro desocupado, me puse a ver unas entrevistas hechas hace muchos años, más de 30, con un personaje de la vida pública colombiana. Un político que nunca se caracterizó por ser el más brillante ni el mejor, pero tampoco por ser una mala persona ni un radical ni un atizador del odio y la injusticia como los hubo y los hay tantos aquí. Al revés: era un buen tipo, al menos lo parecía.

Pero todo o casi todo lo que decía, puesto a plata de hoy, traído a nuestra época, resultaba de una incorrección política inaceptable, algo inmoral y cínico y terrible; algo que al otro día le habría valido un linchamiento en Twitter. Y sin embargo su entrevistador oía y tomaba esas palabras como lo que debían de ser en ese momento, cosas normales dichas por todo el mundo. Cosas que la gente pensaba y ya, no más.

Me acordé entonces de un ejercicio que una vez les puse a unos estudiantes que estaban discutiendo justo eso, la manera en que solemos juzgar el pasado siempre a la luz de nuestro tiempo, de nuestro presente absoluto y arbitrario y eterno. Así que se me ocurrió pedirles que trataran de recordar y transcribir, con la mayor fidelidad posible, una conversación de la que hubieran sido testigos cuando niños.

No un gran diálogo ni un momento solemne, no. Una conversación doméstica cualquiera, ojalá de sus abuelos. La cosa no fue fácil, por supuesto, porque casi nadie se acordaba de nada. Pero entonces más que conversaciones enteras lo que fuimos rescatando entre todos eran frases que oíamos siempre en esa época, expresiones que decían nuestros mayores en nuestras casas. Cosas que eran así y ya.

Y claro: la mayoría de esas cosas nos empezaron a sonar impresentables e insoportables, absurdas y llenas de clasismo y de indolencia y de maldad. Pero en cada uno de los que iban evocándolas, y cada vez con mayor precisión, había también un gran desconcierto porque ninguno tenía la idea, o al menos eso era lo que iban diciendo todos, de que esas personas a las que se las escucharon fueran terribles ni nada. Al revés.

Incluso alguien contó una anécdota que en nuestra época de niños fue muy frecuente y varios la vivimos en carne propia: la del papá diciéndole a su hijo que le fuera a prender un cigarrillo en la estufa, “vaya, mijo, y me prende el pucho...”. Es más: el cigarrillo era en esos tiempos algo tan ‘normal’ (ahí está el detalle) que la gente fumaba en los cines, en los buses, en los aviones, hasta en los velorios y sobre la cara del muerto.

Claro (me dirán): lo que ha habido es una indudable evolución moral de la sociedad que ha hecho que cosas terribles que antes eran normales ya no lo sean, por fortuna. Y los prejuicios de antes, las prácticas infames o estúpidas que la gente aceptaba y ejercía porque sí, ya no tienen cabida en un mundo cada vez más abierto y más justo, más comprometido con el respeto a los demás y a todo. Eso sí.

El problema empieza –y se ahonda y causa otros más graves, creo– cuando somos incapaces de aceptar siquiera la existencia del pasado en cuanto tal, con su propia voz y su contexto, y lo juzgamos solo con nuestro sistema de valores de hoy, un rasero absoluto y eterno, arbitrario, único. Como si la evolución que tanto orgullo nos da no lo fuera en absoluto porque con ella ignoramos todo lo que la hizo posible.

Y la mejor manera de juzgar el pasado, quizás la única que hay, es comprenderlo de verdad: oír su voz como fruto inevitable de su propio tiempo, no del nuestro. Indignarnos, sí, pero también entender.

Para que en el futuro, cuando nuestro presente ya sea pasado, como esta columna escrita ayer, se entienda que no era solo maldad sino que también éramos así.

Como somos.


Juan Esteban Constaín
catuloelperro@hotmail.com

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.